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La descomunal cascada que ruge bajo la cueva de la Santina de Covadonga cada vez que hay deshielo: "Parece IA"

Las imágenes del conocido como "chorrón" del santuario asturiano impacta en las redes sociales

El "chorrón" de Covadonga

El "chorrón" de Covadonga / LNE

Lo llaman el "chorrón", está en Covadonga y es un espectáculo tanto para la vista como para los oídos. Tras periodos de fuertes lluvias y cada vez que la nieve de las cumbres se derrite, una "gran cascada" aparece bajo la cueva de la Santina. La imagen deja boquiabiertos a todos los que tienen la suerte de ver este increíble fenómeno de la naturaleza, que acapara los objetivos de cámaras y teléfonos móviles.

"Parece IA"

Estos días, en los que la lluvia no da tregua en Asturias, están circulando por las redes sociales vídeos de un descomunal "chorrón" en el Real Sitio asturiano. Sin embargo, esa imagen no se corresponde con la realidad actual, sino que se trata del "chorrón" de un invierno pasado. El fenómeno causa fascinación tanto entre los lo conocen como los que no: "Impresionante", "Espectacular", "Parece IA"... Y es que es tan mágico que puede parecer hecho por la Inteligencia Artificial.

Fuente de los Siete Caños

El "chorrón" se encuentra justo debajo de la Virgen de la Santina, donde mucha gente lanza monedas para pedir deseos. Al lado está la famosa Fuente de los Siete Caños, uno de los rincones más mágicos del Santuario de Covadonga. La leyenda dice: “La Virgen de Covadonga tiene una fuente muy clara, la niña que de ella bebe dentro del año se casa”. Una copla popular que, con el paso de los años, convirtió a esta fuente en un auténtico amuleto para quienes buscan el amor… o sueñan con escuchar campanas de boda en menos de doce meses.

El "chorrón" de Covadonga en todo su esplendor: cae agua hasta por las escaleras

J. M. Carbajal

El ritual tiene un truco: hay que beber de los siete caños sin respirar entre trago y trago. Solo así, según la tradición, se cumple el presagio. La fuente, reformada en los años 40 por el arquitecto Luis Menéndez Pidal, se alza bajo la icónica Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias. De ella brota un agua fresca que no solo promete matrimonios, sino también salud: durante siglos se creyó que era milagrosa y capaz de curar enfermedades. No es raro que los visitantes no solo beban, sino que también mojen las partes del cuerpo que quieren sanar.

Y como en todo lugar con magia, no falta el toque de deseo: el agua desemboca en un estanque repleto de monedas que los curiosos arrojan mientras piden fortuna en el amor.

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