La Escuela de Teatro de Llanes llena el Casino con "Manzanas rojas": así fue el último acto de esta formación intergeneracional
"No quiero que se lleven nada en la cabeza, quiero que se lleven algo en el corazón", señala la profesora Alicia Pilarte, que dirige el grupo desde 2008

Un momento de la actuación. / M. T. N.
María Terente Nicieza
El Casino de Llanes se convirtió el pasado sábado en un espacio poco habitual: un escenario desde el que hablar de muros, miedo, amistad y pérdida con voces que integraban diferentes generaciones sobre el escenario. Sin escenografía ni artificios, en formato de lectura dramatizada, el teatro sirvió para compartir una experiencia emocional colectiva en torno a “Manzanas rojas”, un texto pensado para jóvenes que aborda el conflicto palestino desde la mirada de la infancia.
Al frente del proyecto estuvo la directora y profesora de teatro Alicia Pilarte, responsable de la Escuela de Teatro de Llanes desde 2008, para quien la función no buscaba explicar un conflicto, sino provocar una vivencia compartida: "Yo no quiero que se lleven nada en la cabeza, quiero que se lleven algo en el corazón".
Una escuela que crece desde 2008
Pilarte dirige la Escuela de Teatro de Llanes desde hace más de quince años. "Empecé en el 2008 con la escuela", recordaba, manteniendo desde entonces un pie en el instituto y otro en el Casino. Este curso trabaja con un grupo de jóvenes que acuden a clase los martes en el instituto de Llanes, formado tanto por alumnado del centro como por jóvenes que acuden de otros lugares, y con dos grupos de adultos que ensayan por las tardes en el Casino.
Su forma de entender el teatro parte de una premisa clara: "Yo siempre procuro trabajar sobre cosas que sean esenciales para el ser humano y que sean cosas importantes". Esa mirada se traduce en aulas donde se genera "un clima de mucha confianza, donde los grupos son un equipo" y donde cada persona encuentra su lugar: "Saben que todos se necesitan, que todos son importantes".

Un momento de la actuación. / M. T. N.
¿Por qué Manzanas rojas?
La propuesta de llevar a escena “Manzanas rojas” surgió en el propio instituto. "La idea de este texto me la dio Luis Luxán, ex profesor de literatura del Instituto de Llanes", explica Pilarte. Luxán le propuso un texto que él había leído y que le había gustado especialmente por estar dirigido a jóvenes: "Es muy difícil encontrar textos teatrales para jóvenes", afirma Pilarte.
Tras leer la obra, se la planteó al grupo de adolescentes y la respuesta fue inmediata: "A las chavalas les apeteció abordarlo". Para no esperar a final de curso, optó por una lectura dramatizada: "Les propuse hacer una lectura para poder hacerlo antes, ya que hacemos otras piezas para final de curso y no lo quería alargar".
Una amistad y un muro
La lectura fue interpretada por seis chicas de entre 12 y 17 años. Pilarte realizó una adaptación mínima del texto "para que hubiese más personajes, doblar algún personaje, para que hubiese más voces", e incorporó al grupo de adultos para dar voz a los padres de los protagonistas: "Me pareció bonito que esos personajes fueran interpretados por adultos de verdad".
La obra cuenta la historia de dos amigos, uno palestino el otro israelí, que de repente se encuentran con un muro físico que separa sus dos territorios. No es el único obstáculo, también aparece el muro invisible que levantan los adultos cuando las familias les prohíben seguir siendo amigos, “algo trágico para dos chavales de 12 años, que les conlleva un conflicto interno emocional incomprensible", explica la directora.
El final, advertía la directora, no esquiva la tragedia. Ese desenlace provocó un impacto profundo en las alumnas durante la preparación que les sirvió para entender un conflicto real, de plena actualidad: “Para ellas ha sido también interesante. Entender lo que está pasando, informarse sobre esta circunstancia, y por otro lado, empatizar con estos personajes que de repente son tan lejanos, pero a la vez pueden ser muy cercanos”.
Teatro para hablar de lo complejo
Para Pilarte, el teatro es una herramienta especialmente eficaz para abordar temas difíciles con gente joven. "El teatro te hace directamente empatizar con el conflicto de un personaje que no tiene nada que ver contigo, pero lo entiendes, lo sientes y lo puedes representar".
No se trata de un ejercicio intelectual, sino emocional: "El teatro nos ofrece la posibilidad de conectar con las cosas esenciales del ser humano, que tienen que ver con la muerte, con la guerra, con el dolor, con la injusticia, con el amor, con las cosas esenciales.” En ese proceso, las alumnas no solo comprendieron mejor un conflicto lejano, sino que encontraron un espacio para preguntar, sentir y reflexionar juntas.
Un espacio seguro para crecer
Tras años trabajando con adolescentes, Pilarte subraya el valor del aula de teatro como espacio de libertad y cuidado: "Pueden expresarse libremente, pueden preguntar lo que necesiten". En esos grupos se fomenta la integración y la autenticidad: "Se pone en valor la autenticidad de cada persona", también cuando hay dificultades o necesidades especiales. Gracias al teatro construyen comunidad y adquieren herramientas para la vida “aprenden desde lo más básico que es poder hablar delante de personas, hasta aceptar y valorar un poco la diferencia del otro”.
La directora reconoce, sin embargo, un cambio en los últimos años. "Estoy notando un efecto bastante negativo a la hora de querer exponerse", señalaba, en referencia al peso de las redes sociales y al miedo amplificado al juicio. Precisamente por eso defiende la importancia de experiencias como la vivida en el Casino, donde el grupo pudo comprobar "lo bien que se sienten después".
Un acto solidario
La velada fue más allá de la lectura de "Manzanas rojas". Tras la obra, el programa incluyó una selección de poemas de autores y autoras palestinas y un relato poético escrito por un médico palestino que narra su experiencia en las urgencias. El encuentro tuvo además un fin solidario.
Aunque la entrada fue gratuita, se ofreció la posibilidad de realizar un donativo voluntario. Ante la imposibilidad de hacer llegar la ayuda directamente debido al bloqueo, lo recaudado se destinará "a un grupo de mujeres con menores, refugiadas de Palestina, que viven en Asturias, para que lo puedan emplear en lo que necesiten", aseguró Pilarte. Las asociaciones que han colaborado son: Cultura Asturiana con Palestina, Comité de Solidaridad con la Causa Árabe y Plataforma Solidaria Asturias con Palestina.
Lo que queda al salir
Cuando piensa en qué le gustaría que el público se llevara al salir, Alicia Pilarte lo tiene claro: "Mi propuesta va más sobre la catarsis que produce el teatro, juntarnos a sentir desde el corazón durante un rato algo que nos duele y algo que nos inquieta, y ser capaces de respirar juntos".
Eso fue lo que dejó la lectura dramatizada del sábado en un patio de butacas lleno: un silencio compartido, una emoción contenida y la sensación de haber cruzado, aunque solo fuera por un rato, ese muro a través del teatro.
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