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Así es el arte marcial poco conocido que causa furor en Arriondas

El polideportivo Javier Hernanz organiza cursos de una disciplina vinculada al karate pero con distintas armas orientales

María Terente Nicieza

Cangas de Onís

El polideportivo Javier Hernanz de Arriondas se ha convertido en un punto de referencia para el kobudo en Asturias. Una vez al mes, el Club To-de, en colaboración con el Ayuntamiento de Parres, organiza un curso específico de esta disciplina marcial tradicional, vinculada históricamente al karate, con el objetivo de sumar practicantes, consolidar una línea formativa estable y sentar las bases de su crecimiento en la región.

La iniciativa forma parte de un proyecto de preparación orientado, especialmente, a quienes aspiran a obtener el cinturón negro que convoca la Federación Española. “Es un proyecto de formación que estamos llevando para un grupo de personas que se han interesado en obtener el cinturón negro de Kobudo, que organiza la Federación Española”, explica Andrés López, instructor de la disciplina y coordinador del proyecto junto a Pablo Fernández. El programa se desarrolla de manera continuada, con sesiones “cada mes o mes y medio”, en función de un calendario muy exigente, y con encuentros de “unas dos horas” de duración.

Qué es el kobudo

El kobudo es el trabajo con armas tradicionales asociado al karate. Aunque hoy ambas disciplinas se practican de manera diferenciada, comparten un origen común. “El karate ha crecido como un trabajo de mano vacía, y hay una parte que se corresponde a lo que tienen casi todas las artes marciales, que es un trabajo con armas”, señala López, quien recuerda que esa separación se produjo en un momento concreto de la historia.

En las sesiones de Arriondas se rota el trabajo con las armas básicas: el bo (palo largo), los sais (tridentes pequeños), el kama (una hoz), la tonfa (semejante a las antiguas porras policiales) y el nunchaku, la más reconocible en el imaginario colectivo. “Cada sesión vamos rotando las armas y hay distintos niveles, hay gente que ya sabe, pero puede venir gente que no sabe nada, hacemos subgrupos adaptados al nivel”, destaca.

Formación abierta y adaptación al alumnado

Uno de los rasgos que definen el proyecto es su carácter inclusivo. Está diseñado para un grupo en constante proceso de preparación, las puertas permanecen siempre abiertas a quien se quiera acercar a conocer esta disciplina. “En todos los cursos que hacemos, en todos los eventos, siempre puede venir gente de iniciación”, subraya el instructor.

La respuesta, por ahora, es positiva. A los cursos organizados en Arriondas acuden “entre 20 y 40 personas”, con un núcleo estable de “15 personas, que viene siempre”. La procedencia es variada y, gracias a las jornadas de puertas abiertas, se han sumado incluso participantes de comunidades cercanas.

Un objetivo claro: expandir el kobudo en Asturias

Más allá de la práctica puntual, la mirada del proyecto es a medio y largo plazo. “El objetivo de estos cursos es expandir el kobudo en Asturias”, afirma López, recordando que en la comunidad “hay tres clubes que lo practican”. La estrategia pasa por aumentar el número de cinturones negros para generar estructura: “que la gente se forme, que saque el cinturón negro, que luego pueda dar clases, etc.”.

En esa línea se inscriben también las competiciones. “También organizamos el campeonato, para que la selección asturiana mejore, que haya más gente y tirar un poco por la disciplina para crecer y seguir un poco en sintonía con lo que está haciendo la Federación Española”, apunta.

Valores que van más allá del deporte

Para López, el kobudo no se entiende sin su dimensión ética y educativa. “El kobudo transmite unos valores que van más allá del deporte”, asegura, antes de resumir su visión con una frase que define la filosofía marcial: “las artes marciales son artes de verdad, artes de sinceridad, porque son enseñanzas que se hacen de corazón a corazón”.

Esa sinceridad se manifiesta en el tatami a través de un trabajo intenso pero controlado. “Tú aquí no puedes mentir, cuando atacas lo haces con sinceridad, vas con control, pero tiras con toda tu intención y el otro defiende con toda su intención”, explica. Un proceso que permite aprender sobre uno mismo y desarrollarse.

Comunidad, educación y futuro

El componente social es clave, especialmente entre los más jóvenes. “Es imposible desvincular la práctica del proceso de adquisición de valores”, señala López, enumerando la disciplina, el respeto y los rituales que ordenan cada entrenamiento. Valores que, insiste, se trasladan fuera del tatami y ayudan a crear comunidad entre las distintas localidades.

Con la vista puesta en el futuro, el mensaje es claro: seguir sumando. “Para eso necesitamos masa social”, resume. Y cierra con una declaración de intenciones que define el espíritu del proyecto: “Esto es un proyecto que está creciendo y vamos a tirar hasta donde podamos… No nos ponemos límite. El objetivo es tirar hasta el infinito y más allá”.

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