Así es La Maléfica, el chigre que Rodrigo Cuevas ha adquirido en Infiesto: "La comida es muy casera; y no tenemos tele, pero guitarra y piano sí"
Los promotores de La Benéfica adquieren un bar como espacio alternativo, donde se da de comer, de beber y se canta: "Tenemos pote asturiano, lentejas, patatas a la riojana… Es un menú de cuchara”

Antía Seijas, Momo O'Sullivan, David Siguero, Sergio Galán y Cristina Moreno.jpg / M.T.N.
María Terente Nicieza
Infiesto cuenta desde el pasado 19 de diciembre de 2025 con un nuevo espacio donde la cultura se sirve en vaso corto, se canta a pie de barra y se construye en el día a día. La Maléfica, el chigre impulsado por la Asociación Cultural La Benéfica, auspiciada entre otros por el polifacético artista Rodrigo Cuevas; nace con vocación de cercanía y con un objetivo claro: estar presentes en la vida cotidiana del pueblo y seguir haciendo cultura desde lo colectivo.
La apertura coincidió con las fechas navideñas, “para aprovechar el tirón”, pero la idea llevaba años madurándose dentro de la asociación. “Siempre habíamos pensado en tener un chigre desde que se empezó a rehabilitar La Benéfica”, explica Cristina Moreno, responsable de financiación y gestión. El proyecto formaba parte del plan original del teatro, aunque tuvo que aparcarse por razones económicas. “Después de hacer la rehabilitación del teatro, que fue ya un esfuerzo económico bastante grande, nos dimos cuenta que lo del chigre tendría que esperar”.
La oportunidad
Ese momento llegó cuando quedó libre el antiguo bar “El Estanco”, en la Calle del Quesu. “Surgió la oportunidad y nosotros podíamos afrontar el alquiler”, cuenta Antía Seijas, programadora cultural de La Benéfica. Aunque no está pegado al teatro, el nuevo emplazamiento permite a la asociación abrirse a otra zona del pueblo. “De esta forma estamos más integrados en el ambiente hostelero y del propio pueblo”, señala.
La Maléfica funciona así como un espacio alternativo y complementario al teatro. “En la parte cultural funciona como un espacio alternativo de programación a La Benéfica, se complementan”, resume Antía.
Un espacio cotidiano, abierto y participativo
La diferencia principal entre ambos proyectos está en el ritmo. “La diferencia respecto a La Benéfica ha sido estar más presentes todo el rato”, apunta David Siguero, chigrero mayor y programador cultural de La Maléfica. “El teatro no permanece abierto siempre. Esto tiene un horario fijo, la gente viene a tomarse algo, se da una vuelta. Da más para charlar con la gente del pueblo, es más cotidiano”.
Ese carácter diario define también el ambiente del local. “Aquí la idea era ofrecer otro espacio donde siempre puedas venir a hacer las cosas que se hacen en los chigres de toda la vida. No tenemos tele, pero guitarra y piano sí”, explica Antía.
Aunque no han tomado como referencia otros bares creados por asociaciones culturales, sí reconocen haberse inspirado en un chigre con personalidad propia y programación cuidada, la Taberna Narciso, en San Martín de Teverga. “Ese concepto nos gusta un montón, por el enfoque y la programación”, reconoce Antía Seijas. Un lugar donde la cultura surge de manera natural, integrada en la vida social del bar, sin solemnidad ni escenarios marcados, una filosofía que La Maléfica adapta ahora al día a día de Infiesto.
Programación con raíces
La Maléfica ha ido consolidando una programación estable, pensada para la participación y la espontaneidad. “Normalmente los viernes están dedicados a la asturianada, canción de tonada, canción de chigre”, detalla David. Los sábados al mediodía apuestan por vermús con música y baile, y también hay espacio para la improvisación teatral y las presentaciones de libros.
En los días de tonada, la frontera entre público y artistas se diluye. “Es bastante espontáneo. Nosotros traemos a alguien, pero luego la gente participa, se suelta”, explica Cristina. “Tratamos de dinamizarlo para que sea lo más participativo posible, no un espectáculo al uso”.
Algunas propuestas han superado todas las previsiones, como la presentación del libro de Aitana Castaño, que obligó a trasladar el acto al teatro tras dejar a doscientas personas fuera.
Coordinación y calendario compartido
La programación se diseña en diálogo constante con el teatro para evitar solapamientos. “Ahora estamos trabajando en tener calendarios comunes y conseguir que las actividades de un sitio se complementen con las del otro”, señala Antía. David intenta planificar con un mes de antelación, aunque reconoce que “muchas cosas van cambiando” y que la coordinación es clave.
El evento que más ilusión despierta en el corto plazo será el 27 de marzo, con la vuelta a los escenarios de Antía Seijas, también cantautora. Un concierto cargado de simbolismo en un espacio que es, en muchos sentidos, una prolongación de su trabajo cultural.
Cocina de cuchara y producto local
La Maléfica abre de jueves a lunes, adaptándose al pulso del pueblo y al mercado de los lunes en Infiesto. A partir de las 20:00, jueves, viernes y sábados; y de 12:00 a 17:00, sábado, domingo y lunes. Además de las actividades culturales, ofrece plato del día. “Es comida muy casera. Tenemos pote asturiano, lentejas, patatas a la riojana… es un menú de cuchara”, asegura David, que se encarga de planificarlo junto a Yolanda González, la cocinera.
El proyecto apuesta por el producto de proximidad. “Todas las compras se hacen aquí”, recalca Cristina, subrayando la importancia de que la actividad económica también revierta en el entorno.
Una asociación que crece
La Maléfica es una pieza más de un engranaje cultural cada vez más amplio. La asociación cuenta ya con nueve personas trabajando que se reparten entre todos los proyectos de la asociación: el Teatro de La Benéfica, La Maléfica, otras iniciativas de menor formato y la recién estrenada “Radio Barullu”, una radio comunitaria que añade un nuevo formato al objetivo de la asociación de crear espacios de participación.
Ese crecimiento se apoya en una forma de trabajar muy ligada a la implicación personal y al hacer colectivo. La asociación cuenta con tres socios fundadores —Rodrigo Cuevas, Sergi Martí y Nacho Somovilla— que siguen vinculados al día a día del proyecto. Su presencia no se traduce en un papel simbólico, sino en trabajo práctico cuando se necesita. “Hacen de camareros, de currantes en La Benéfica cuando hace falta, y ahora son unos chigreros más en La Maléfica”, asegura Antía Seijas. Una implicación que refuerza la idea de un proyecto horizontal, donde los nombres propios pesan menos que el equipo que sostiene la actividad cultural.
La financiación se apoya en tres pilares: subvenciones públicas, convenios y donaciones privadas, y los ingresos de barra. A ello se suma el programa de donaciones particulares “Amigues con Derechos”. “Ahora mismo hay unas 500 personas que nos apoyan”, destaca Cristina.
La idea es que, en el futuro, La Maléfica genere beneficios. “Que sea una fuente de ingresos también para la asociación y que todo se reinvierta en el proyecto cultural”, apunta.
Voluntariado y horizonte de futuro
Más de cincuenta personas participan activamente como voluntarias en los eventos de la asociación. “Van más allá de la fuerza física del montaje”, explica Cristina. Colaboran en la programación, el diseño de actividades y la participación.
Dentro de cinco años, el deseo es sencillo y ambicioso a la vez. “Yo me lo imagino como un sitio ya consolidado en el pueblo, como un sitio de referencia”, afirma Cristina. La Maléfica es desde el pasado diciembre, un lugar donde entrar a tomar algo y sin darse cuenta, acabar haciendo comunidad.
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