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"Ven, entra y quédate un rato": talleres de Carnaval contra la soledad no deseada en Piloña

El Prial y el Ayuntamiento organizan actividades intergeneracionales que convierten el encuentro en costumbre

Taller en Vegarrionda

Taller en Vegarrionda / Asociación El Prial

María Terente Nicieza

Cangas de Onís

En una mesa, entre cartulinas, plumas y un poco de “brilli-brilli”, el Carnaval deja de ser solo una fecha del calendario, se vuelve la excusa perfecta para sentarse cerca. En Piloña, la asociación El Prial y el Ayuntamiento han encontrado en estos días previos a las fiestas un modo sencillo de decir lo importante: "Ven, entra y quédate un rato".

Un programa que nace de escuchar

El programa “Nos Acompañamos” no arrancó de una ocurrencia, sino de un diagnóstico sobre la soledad no deseada en el concejo, a través de entrevistas a vecinos para preguntar, literalmente, qué necesitaban para no sentirse solos. La respuesta fue directa, recuerda Olga Priede, técnica del programa: “Nos dijeron cosas tan sencillas y tan claras como para no sentirnos solos necesitamos compañía, necesitamos cariño, necesitamos respeto”.

A partir de ese trabajo, añade, se detectó un 3% de soledad no deseada y un 48% en prevención, con “mucha diferencia en el rural y en el centro urbano”, en un municipio envejecido y con factores que facilitan que la red de apoyo se rompa.

Compañía, un hábito

El programa se presentó en 2024 de la mano del Ayuntamiento de Piloña y El Prial, y durante 2025 consolidó encuentros semanales estables, apoyados también en intervenciones e itinerarios individuales.

Uno de los talleres.

Uno de los talleres. / Asociación El Prial

Para detectar casos y llegar a quienes más lo necesitan, trabajan en red: “colaborando con el centro de salud, con asuntos sociales, con personas de atención a domicilio… con vecinos de los pueblos”, además de llamadas de gente que conoce el proyecto y se interesa. Priede resume la filosofía con una frase que sirve de brújula: “La compañía es un hábito, no es un evento”.

La lógica se adapta a cada localidad: cuando detectan una o dos personas en riesgo, se marcan un mínimo para arrancar. “Si conseguimos un grupo mínimo de cinco personas, empezamos una actividad”, explica Priede, y esa actividad se elige por gustos para que sea “significativa” y la gente quiera volver.

Encuentros abiertos

Ahí encajan los talleres de máscaras y antifaces, abiertos a quien quiera acercarse, que se celebran hasta este jueves en Miyares, Anayo, Villamayor, Sebares, Cardes, Vegarrionda y Melarde. No sustituyen los grupos estables: funcionan como una invitación a conocer el ambiente y, de paso, celebrar. “Lo que hacemos, que también nos gustan los eventos y celebrar la vida, es abrirlo para que sea intergeneracional: puedes traer a los nietos… y a las personas del pueblo que vayan por allí y se interesen”.

Recuerdos y antifaces

Antes de recortar y pegar, hay una primera parte que tiene algo de conversación con la memoria. Los más mayores recuerdan cómo vivían el carnaval en su época: “Cuéntanos eso de los revestidos… los revestidos iban por los pueblos, te asustaban”, relata Priede, que describe cómo esos relatos hacen de puente con los más jóvenes que se encargan de contar los cambios que ha sufrido esta fiesta con el paso del tiempo.

Participantes en uno de los talleres.

Participantes en uno de los talleres. / Asociación El Prial

Luego se ponen manos a la obra a realizar la parte manual: desde “antifaces clásicos con plumas, con brilli-brilli” hasta caretas inspiradas en la mitología asturiana, “el Trasgu, el Nuberu, la Xana” o modelos infantiles de animales y superhéroes.

El cierre busca que la experiencia no termine al recoger la mesa y cambian las tijeras y el pegamento por fayuelas y chocolate. “Hacemos un encuentro más festivo y para compartir, con fayuelas, con chocolate, un ratín de compartir espacios, de sentirnos bien y de fiesta.”.

Antiguos espacios reinventados

El programa está financiado por el Ayuntamiento y lo desarrolla la Asociación El Prial, que se apoya en una red de espacios muy concretos: las antiguas escuelas rurales restauradas que hoy funcionan como centro cultural de los pueblos. “Ahí nos reunimos semanalmente”, dice Priede, y ahí también caben estas fechas señaladas, del Carnaval a la Navidad, cumpleaños y lo que surja.

Abrir el foco

El programa “Nos acompañamos” continuará este año y ampliará su mirada, sin perder el foco en quienes más riesgo corren. Priede señala dos objetivos. Por un lado los jóvenes, “hay estudios del observatorio de la soledad de la ONCE, que ya demuestran que tienen una tasa de soledad no deseada más alta que los ancianos” explica Priede. Por otro lado, mujeres cuidadoras que presentan mucho riesgo.

Con la idea de que nadie tenga que pedir permiso para sentirse acompañado, el programa abre espacios donde lo importante no es la máscara, sino el gesto: entrar, saludar y descubrir que la comunidad también se aprende.

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