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Nacho Manzano, propietario del restaurante perdido en un paraíso rural de Asturias que logra su primer Sol Repsol: "Vinculamos mucho la cocina al huerto, aunque están las croquetas de Casa Marcial"

El reconocimiento a Narbasu, en Cereceda (Piloña), confirma el valor de un destino gastronómico concebido para el descanso y la conexión con el paisaje

A la izquierda, el palacio en el que se encuentra Narbasu, y a la derecha, los chefs Nacho y Esther Manzano

A la izquierda, el palacio en el que se encuentra Narbasu, y a la derecha, los chefs Nacho y Esther Manzano / Narbasu/ Guía Repsol

María Terente Nicieza

Cangas de Onís

El Sol Repsol que acaba de recibir Narbasu, proyecto de los hermanos Manzano, no es solo un reconocimiento gastronómico. Es, sobre todo, la confirmación de una idea. La de crear un lugar propio, íntimo y auténtico, en el que la cocina fuese solo una parte de algo más grande.

"Cualquier reconocimiento es motivo de orgullo. Además, la guía Repsol es muy nuestra, con mucha solvencia. Están haciendo un trabajo fantástico, de modernidad, atentos a aportar a la cocina española", asegura Nacho Manzano.

Valora también la repercusión que tiene la aparición del proyecto en guías de prestigio gastronómico como esta: "Nosotros no dejamos de ser un sitio de destino y es importantísimo el reconocimiento. Estamos muy deslocalizados, toda la exposición en guías prestigiosas ayuda a que la gente te conozca un poco más", afirma Nacho Manzano.

El galardón llega, además, en un momento que les permite reforzar la idea inicial del proyecto. "Premian la labor en la cocina y para nosotros es vital. No trabajamos pensando en los premios, pero este refuerza la propuesta, el restaurante y hace que hoy todo el mundo hable un poco de Narbasu".

El origen

Ese destino gastronómico comenzó a tomar forma cuando los hermanos Manzano adquirieron la propiedad del Palacio de Rubianes, en Cereceda (Piloña), en 2021. No era una apertura más. Era algo personal. "Es un sitio muy especial porque es una casa del siglo XIV, y tiene muy buena vibra. Es un sitio para respirar", explica el cocinero.

El hotel restaurante Narbasu, donde se desarrolló la presentación.

El hotel restaurante Narbasu, en Cereceda (Piloña). / Ramón Díaz

El conjunto, un palacete rodeado de naturaleza, resume la esencia de la Asturias interior. En la finca conviven el edificio principal –rehabilitado en 2008–, el huerto propio, dos molinos, una capilla y las vacas de los vecinos que pastan sin prisa. Un paisaje que invita a detenerse y que forma parte inseparable de la experiencia.

El destino

Narbasu no es solo un restaurante ni solo un hotel. Es un destino. Un concepto pensado para el viajero que busca desconectar y reencontrarse con el tiempo lento.

"El hotel reúne todas las condiciones que busca hoy el cliente, de naturaleza, relax, tranquilidad absoluta y poder hacer alguna actividad de senderismo por la zona, y el restaurante tiene una oferta un poco singular, con una sencillez que no está reñida con la excelencia, y más contenida que en Casa Marcial", señala el cocinero.

La estancia media es de dos o tres días. Ese tiempo compartido crea una relación distinta. "Al tener al cliente dos o tres días, convive contigo y permite cautivarlo y que tenga ganas de volver", explica Manzano.

La cocina

El Sol Repsol reconoce, en esencia, la propuesta culinaria. Una cocina que mira a Asturias, y con producto local. "Uno de los fuertes es el restaurante, en el que cuidamos mucho el detalle. Entonces, el restaurante es un atractivo en sí mismo", señala.

La identidad es clara. "Es un restaurante que tiene un ADN de cocina asturiana bien refinada. Tiene la parte tradicional de Casa Marcial, como las croquetas y los tortos. Todo eso está hecho con el mismo mimo y cuidado y el mismo nivel de calidad".

El huerto marca el ritmo de la carta y conecta la mesa con el territorio. "Vinculamos mucho la cocina al huerto. Ahora en invierno mucha verdura de hoja, repollo, acelgas y también fabes y guisante lágrima en temporada".

Y también el ritmo lo marca el cliente. "A la noche somos superflexibles. Hay mucha cena de picoteo, un plato de verduras, quesos... un poco más abierto", explica, con la idea de no imponer sino acompañar.

Las personas

El reconocimiento tiene detrás un equipo. Esther Manzano es la presencia constante, acompañada por cuatro personas en sala y refuerzos los fines de semana.

En cocina trabajan cinco profesionales, además de contar con alumnos en prácticas que reciben y adquieren experiencia profesional. Un grupo adaptado al trato cercano que forma parte de la experiencia.

El horizonte

El Sol Repsol no cambia el rumbo, pero sí confirma que el camino es el correcto. Los hermanos Manzano miran al futuro con la misma idea con la que empezaron el proyecto. "Lo veo como un referente, donde ir y disfrutar del entorno, del descanso, del buen comer, y de la naturaleza, que son valores que están más en boga que nunca, no son una moda".

Narbasu nació como un lugar para respirar, un lugar al que llegar y en el que se pare el mundo. Ahora, con un Sol propio, también es un lugar que brilla.

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