Acento cubano y alma polaca: presentado el libro que desvela los orígenes del "Asturias, patria querida", una historia de ida y vuelta
El himno del Principado es fruto de la emigración y el mestizaje cultural, según la inverstigación del etnógrafo y folclorista Fernando de la Puente

Ramón Díaz

La próxima vez que resuene en un acto oficial o en una romería popular el "Asturias, patria querida", quizás convenga recordar que lo que se escucha no es solo un canto a la tierra, sino el eco de una compleja historia de ida y vuelta, de emigración y de mestizaje cultural. Una canción que logró, con el tiempo, echar raíces tan profundas como para ser confundida con la propia tierra de la que habla.
El himno que une a los asturianos del interior y del exterior tiene sus fuentes en dos orillas tan distantes como la Cuba de finales del XIX y la Polonia de los primeros mineros que llegaron a las Cuencas, hace unos cien años. Así lo desvela el etnógrafo y folclorista Fernando de la Puente Hevia en su libro "Del Asturias patria querida y otras historias", una obra editada que reconstruye el periplo vital de la canción y que ayer se presentó en el Archivo de Indianos-Museo de la Emigración de Colombres, ante cerca de un centenar de personas.
El germen, en La Habana
Lejos de ser un tema anónimo y ancestral, De la Puente sitúa el germen de la letra en La Habana, en la figura del músico Ignacio Piñeiro. Hijo de un emigrante de Grado, uno de los introductores del son en la capital cubana, compuso una cuarteta que comenzaba con el ya inmortal "Asturias, patria querida".

Fernando de la Puente, este lunes, en el Archivo de Indianos. / Ramón Díaz
La hipótesis del investigador es que el músico cubano, movido por la nostalgia o por la oportunidad de conectar con la poderosa colonia asturiana, puso letra a un sentimiento compartido en los centros de emigrantes. La canción viajó después en los barcos que retornaban a Asturias, a menudo cargados de enfermos que llegaban al puerto de Avilés, y fue en ese trasiego donde la letra comenzó a desligarse de su autor para entrar en el dominio de la tradición oral.
Veinte años de trabajo
El libro, editado por la Fundación Archivo de Indianos, es fruto de un trabajo de campo de veinte años y de una investigación que ha llevado al autor a Argentina, Cuba y Polonia. En sus páginas detalla el complejo proceso de sedimentación de la canción.
De la Puente explica cómo la primera cuarteta, la que todos identifican y de la que surge el título, fue encontrando acomodo en una "melodía colchón", un término que el etnógrafo utiliza para definir aquellas músicas versátiles, capaces de acoger diferentes textos y facilitar así su memorización y transmisión.
Mineros polacos
Esa melodía, sin embargo, no era asturiana. Los estudios del folclorista la sitúan en la mochila de los emigrantes centroeuropeos que llegaron a Asturias atraídos por la minería, procedentes de regiones como la Silesia polaca.

Asistentes al acto de este lunes en el Archivo de Indianos de Colombres. / Ramón Díaz
"Los polacos trajeron una melodía que se utilizó para cantar muchas cosas; al río Nalón, por ejemplo", explicó De la Puente. Esa música, que, aunque era popular, funcionaba en Polonia como una pieza de autor –pues, a diferencia de las canciones populares tradicionales, no generaba variantes–, acabó fusionándose con la letra de origen cubano.
El viaje de regreso
Pero el proceso no fue ni mucho menos lineal. El autor desechó primero la vieja teoría que apuntaba a Buenos Aires como posible cuna del himno, y fue desgranando después cómo la letra original, una cuarteta suelta, se cantó en danzas de rueda en concejos como Candamo, uniéndose a otros estribillos y coplas hasta que la primera estrofa prevaleció sobre las demás.
La investigación también rastrea el viaje de regreso. Esa melodía, ya con la letra asturiana, sirvió incluso para cantar consignas revolucionarias tras la huelga de 1934 ("Asturias, tierra bravía, Asturias de luchadores") y llegó a ser recogida en un álbum de canciones de guerra por los voluntarios de la Brigada Lincoln en Estados Unidos.
Dionisio de la Huerta
Sin embargo, su consagración definitiva como símbolo identitario y sin connotaciones políticas se debe, según el autor, a la figura de Dionisio de la Huerta. Fue él quien, en 1951, decidió que sonara en la salida del Descenso Internacional del Sella. Desde aquella mañana de agosto, la canción se despojó de otros significados para convertirse en el himno de todos los asturianos.

Una de las actuaciones de este lunes en el Archivo de Indianos. / Ramón Díaz
Años después, y gracias a la popularización en Les Piragües, acabó sonando en lugares como en el reloj de la sede central de la Casa de Ahorros de Asturias en Oviedo o en el reloj de un monolito en la calle Reforma de México DF, siendo adoptada por la emigración y, finalmente, eligiéndola la Junta General del Principado como himno.
Del Asturias patria querida y otras historias" no solo despeja incógnitas sobre el origen de un símbolo, sino que lo hace apelando a la complejidad. La obra, que aúna el rigor con un relato accesible, convierte al himno en el perfecto reflejo de la Asturias contemporánea: forjada en la emigración, abierta a Europa y construida a golpe de mestizaje.
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