Arcinos contra la lluvia en Güerres
Oricios, sidra y fogones sostienen en Colunga una cita donde el mar se disfruta en la mesa

Walter Guzmán recogiendo el "Oriciu de honor" /
María Terente Nicieza
La localidad colunguesa de Güerres volvió a confirmar este sábado que hay celebraciones capaces de sobreponerse al cielo gris y a la lluvia cuando detrás existe una tradición de verdad. El XIII Festival de los Oricios, programado para este fin de semana en la parroquia, abrió sus puertas al mediodía dentro de una edición que vuelve a colocar a este producto que encapsula el mar, en el centro de una de las citas gastronómicas más singulares del oriente asturiano.
El mar bajo la carpa
A las 12.30 horas ya había gente sentada a las mesas, botellas de sidra abiertas y platos circulando entre conversaciones cruzadas. Poco a poco el recinto se fue llenando, mientras crecían las colas en la mesa de la entrada para hacerse con los tickets que daban acceso a los ansiados arcinos. No importó demasiado la lluvia. El goteo de asistentes fue en aumento y el ambiente terminó pareciéndose al de esas fiestas que no necesitan grandes artificios porque les basta con un producto querido, una organización bien engrasada y el boca a boca de quien repite cada año.
La calidad de este año de los oricios se escuchaba como un mantra entre los asistentes, con el valor añadido del origen asturiano: “Este año saldrán entre 1.500 kilos y 2.000 kilos de oricios, todos asturianos, de Puerto de Vega”, explicaba María Jesús Suárez, una de las vecinas implicadas en la cocina de las jornadas. El regreso del oricio asturiano y su recuperación ha sido recibido con entusiasmo tanto por mariscadores como por restauradores.
El "Oriciu de honor"
La jornada tuvo también un momento de reconocimiento público con la entrega, a las 13.30 horas, del “Oriciu de honor” a los piragüistas Walter Bouzán y Bertín Llera, tal y como recogía el programa oficial del certamen.
El galardón distinguió a los vencedores del Descenso Internacional del Sella 2025, una pareja muy vinculada además a la tradición deportiva y popular del oriente asturiano.
La inclusión de ese homenaje reforzó el carácter festivo y comunitario de una cita que no solo gira en torno a la gastronomía, sino que también abre espacio para reconocer nombres propios muy ligados a la vida asturiana.
Mes y medio de preparativos
Detrás del mostrador y de las elaboraciones caseras de los productos había manos conocidas. Vecinas del pueblo que llevan años sacando adelante una celebración que exige mucho trabajo previo y una implicación sostenida en el tiempo. Entre los platos que elaboran hay croquetas de oricios, tortilla de oricios, torotos con huevos y picadillo y boroña. “Empezamos a preparar las jornadas entre mes y medio o dos meses antes”, resumía la propia María Jesús Suárez, encargada de elaborar las croquetas caseras. Y añadía otro detalle revelador sobre los gustos del público: “Lo que más sale son los oricios cocidos”.
Ese trabajo de fondo es, seguramente, una de las claves del éxito de la cita. Marga Junco lo contaba con la naturalidad de quien forma parte de una costumbre ya incorporada a la vida del pueblo: “Llevamos participando desde que empezaron a celebrarse las jornadas, y nos encanta”. En esa frase cabe casi todo: la constancia, el orgullo y también el sentimiento de pertenencia de quienes no solo acuden al festival, sino que lo levantan.
Toñi Fernández, una de las organizadoras, ponía voz a esa mezcla de esfuerzo y recompensa que atraviesa toda la jornada. “Se trabaja mucho, pero lo mejor es ver que la gente viene cada año y disfruta”, señalaba en medio de una edición que, una vez más, volvió a demostrar la capacidad de convocatoria del pueblo. En realidad, el éxito de Güerres quizá se explique justo ahí: en haber conseguido que una exaltación gastronómica no sea solo una degustación, sino también una reunión vecinal a gran escala.
Sabor, memoria y visitantes
Entre quienes hacían cola o buscaban sitio en las mesas había muchos perfiles distintos, y ahí aparecía otra de las fortalezas de las jornadas: la capacidad para reunir a gente del entorno con visitantes llegados de más lejos. Rafael Alonso, Alejandro Cuevas y Jorge González, tres amigos llegados desde Caravia, lo resumían así: “El oricio nos encanta. Hay que disfrutar de las tradiciones y del producto de Asturias”. En una sola frase unían gastronomía y pertenencia, dos ingredientes que en Güerres se dan la mano sin esfuerzo.
También había turistas. Luis Corral, uno de los mallorquines que aprovecharon su estancia para acercarse a la localidad, aportaba una mirada de fuera que ayuda a medir el atractivo del festival. “En Mallorca no se comen, pero a nosotros nos encantan, aunque solo comemos las huevas, aquí lo comen todo”, comentaba entre sorpresa y admiración. La escena tenía algo revelador: lo que para unos es memoria de costa, para otros sigue siendo un descubrimiento.
Si la fiesta tiene un rostro especialmente reconocible, ese es el de las mujeres que la sostienen desde la cocina. Belén Suárez lleva once años cociendo los oricios y abasteciendo sin pausa a su compañero, que los reparte por docenas a quienes esperan en la barra. Su relación con el producto no suena aprendida, sino heredada del paisaje: “Yo nací aquí al lado del mar, así que lo llevo dentro”. Y cuando se le pregunta por la mejor forma de comerlos, no duda: “Los como crudos, porque si los cueces matas el sabor de la mar”.
En esa defensa del gusto más puro del Cantábrico hay casi una declaración de principios. Güerres no solo celebra un producto, celebra una manera de entenderlo. Quizá por eso, pese a la lluvia, la carpa siguió llenándose. Porque alrededor del oricio no se reúne solo el hambre, sino también la costumbre, el recuerdo y esa idea tan asturiana de que las mejores fiestas son, muchas veces, las que nacen del esfuerzo compartido. En Güerres, un año más, el mar volvió a sentarse a la mesa.
- Adiós al uso de la baliza V-16: la DGT explica su fecha límite de uso por conductor
- Adiós a la baliza v-16 y uso opcional tras su compra obligada antes del 1 de enero: 'No será exigible su conectividad con los sistemas de detección
- Un conductor circula a 115 kilómetros por hora por autovía y la cámara le multa por no llevar el elemento de seguridad obligatorio dentro del coche: la Guardia Civil extrema la vigilancia
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la bicicleta eléctrica más barata del mercado para esta primavera: con tres niveles de asistencia al pedaleo
- Multado con 200 euros por viajar solo en el coche en ciudad y no respetar la nueva señal de Tráfico: el Gobierno fomenta el uso del coche compartido
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el cojín ergonómico más cómodo del mercado: disponible por menos de 4 euros
- Mañana se esperan colas kilométricas en Action para conseguir la maleta-mochila para cabina más barata del mercado: por 9,99 euros y capacidad de hasta 20 litros
- Mañana se esperan colas kilométricas en Action para conseguir el juego de cacerolas de aspecto piedra más baratas del mercad: por solo 6,95 euros