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Un lobo muerto sin rastro de disparos reabre el debate sobre el uso de veneno en Asturias

La Coordinadora Ecologista exige al Principado los resultados de la necropsia del ejemplar hallado en la sierra del Sueve

Ejemplar macho de lobo Ibérico.

Ejemplar macho de lobo Ibérico. / EFE / Eliseo Trigo

Ramón Díaz

Ramón Díaz

Infiesto (Piloña)

El hallazgo del cadáver de un lobo en la Zona Especial de Conservación (ZEC) "Sierra del Sueve" ha llevado a la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies a solicitar al Gobierno del Principado que facilite los resultados de la necropsia realizada al animal, ante la sospecha de que su muerte pudiera deberse a un envenenamiento.

El ejemplar fue localizado el pasado lunes en el entorno del Picu Pienzu, un espacio protegido integrado en la Red Natura 2000. Según ha explicado la organización ecologista, en la inspección inicial no se apreciaron signos externos de disparos, lo que ha orientado las sospechas hacia el uso de sustancias tóxicas, una práctica ilegal que, pese a estar prohibida desde hace décadas, sigue apareciendo de forma recurrente en los espacios naturales asturianos.

Uso de estricnina

La organización ha recordado que el empleo de venenos, como la estricnina, constituye un delito tipificado en el artículo 336 del Código Penal desde 1995, con penas que oscilan entre los seis meses y los dos años de prisión. La estricnina, de hecho, fue prohibida en España en 1983 y en toda la Unión Europea desde septiembre de 2006, por lo que su presencia en el medio natural debería activar, a juicio de la Coordinadora Ecoloxista, la investigación por parte de los cuerpos de seguridad y de la Fiscalía.

Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, la muerte de este lobo se enmarca en una tendencia que, según advierte la organización, ha experimentado un alarmante repunte en los últimos años. Tras décadas de descenso gracias a los cambios normativos y a las campañas de divulgación sobre las consecuencias del veneno en los ecosistemas, los datos disponibles apuntan a una vuelta a niveles similares a los de los años sesenta y setenta, cuando el uso de cebos envenenados era una práctica habitual entre ganaderos y cazadores.

Críticas al Principado

El problema, sostiene la Coordinadora Ecoloxista, radica en la naturaleza indiscriminada de este método. Al no ser selectivo, afecta no solo a las especies consideradas tradicionalmente como “alimañas”, sino también a depredadores, carroñeros, omnívoros y animales domésticos. En muchos casos, las víctimas son especies con un estado de conservación comprometido. A ello se suma la crueldad del propio mecanismo de muerte: una asfixia progresiva acompañada de parálisis muscular que puede prolongarse durante horas.

La organización ecologista ha denunciado también lo que considera una falta de diligencia por parte de la administración asturiana para perseguir estos delitos. Pese a que en las últimas décadas se han registrado decenas de episodios de envenenamiento en el territorio, muy pocos han logrado llegar a los tribunales. Esta situación, unida a la inaccesibilidad de muchos lugares donde se colocan los cebos y a la ausencia de un interés real en la investigación, provoca que solo se detecte un pequeño porcentaje de los animales envenenados, lo que, en opinión de la organización, lleva a una minusvaloración sistemática de la gravedad del problema.

Amenaza para la salud humana

Más allá del impacto directo sobre la fauna, el uso de venenos introduce además una amenaza para la salud humana, ya que estas sustancias pueden incorporarse a la cadena trófica. La Coordinadora Ecoloxista ha insistido en que se trata de una práctica que no solo altera negativamente la organización de los ecosistemas, sino que puede tener efectos acumulativos difícilmente reversibles.

La petición formal de los resultados de la necropsia del lobo del Picu Pienzu se convierte así, en un contexto más amplio, en un nuevo capítulo de una vieja batalla. La respuesta del Principado, así como la posible apertura de una investigación judicial, marcarán si este caso concreto logra salir de la estadística de los episodios no esclarecidos que, según denuncian los ecologistas, sigue engordando la lista de la fauna silvestre muerta por veneno en Asturias.

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