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Turco pone el broche asturiano a la gran mañana de las carreras en Ribadesella

La playa de Santa Marina volvió a reunir este viernes a miles de personas en una cita única sobre la arena, entre sol, emoción y tradición

La playa se convierte de nuevo en hipódromo en la cita más singular de Semana Santa

M.T.Nicieza

María Terente Nicieza

Ribadesella

La playa de Santa Marina volvió a ser este viernes un hipódromo natural y un gran anfiteatro al aire libre, con miles de personas asomadas al paseo para seguir una de las estampas más reconocibles de la Semana Santa riosellana. La XXXIV edición de las carreras de caballos, declaradas de Interés Turístico del Principado de Asturias, confirmó el arraigo de una cita que volvió a transformar el arenal en escenario deportivo y reclamo turístico.

El sol acompañó de principio a fin y dio aún más brillo a una mañana de fiesta, velocidad y expectación frente al Cantábrico. Entre los espectadores, Jorge Sánchez resumió el sentir de muchos: “esto es un espectáculo, y con este día no se puede pedir más”.

Control y ambiente

Antes de que arrancaran las mangas, la organización volvió a dejar claro que detrás del atractivo visual de la prueba hay también un importante trabajo de control. Finalmente participaron 27 monturas, repartidas en siete en la tercera categoría, siete en la segunda y trece en la primera, mientras el veterinario Luis Barriada comprobó la identidad de cada animal, su raza y su estado físico antes de autorizar su presencia en la arena.

El propio Barriada dejó también una pincelada de continuidad sobre una cita que conoce bien: “llevo participando desde 2007”. Ese trabajo encajó en el dispositivo oficial previsto para la prueba, con controles veterinarios, pesaje, asignación de dorsales y supervisión de jueces y comisarios, en una carrera en la que además los jinetes no podían superar los ocho fustazos sin arriesgarse a una penalización.

Doblete antes del desenlace

La mañana comenzó a tomar forma competitiva con un claro dominio de la cuadra de Javier Serrano Viar, de Muskiz. En la tercera categoría, el Gran Premio Malga Muebles para caballos Pura Raza Árabe sobre una distancia aproximada de 1.200 metros, la victoria fue para la yegua Anouste al Cassagne, de 4 años, montada por Roberto Carlos de Jesús Silva, de Valença do Minho.

Poco después llegó la confirmación del doblete. En la segunda categoría, el Gran Premio Carrefour Express para caballos Cruzados de Pura Sangre Inglés, volvió a imponerse Kobaron, también propiedad de Javier Serrano Viar y con el mismo jinete en la monta.

El giro final

La prueba reina tuvo su pequeña dosis de sobresalto antes incluso de arrancar. La carrera de primera categoría sufrió un ligero retraso después de que uno de los caballos de la categoría anterior decidiera meterse en el mar y tuviera que ser recuperado, aunque ni el animal ni el jinete sufrieron daños.

Superado ese incidente, la jornada encontró su mejor cierre con un nombre propio de casa. El vencedor del Gran Premio Hotel Villa Rosario, reservado a caballos Pura Sangre Inglés sobre 1.200 metros, fue Turco, montado por su propietario, Jaime García García, único competidor asturiano en la categoría principal.

Mucho más que una carrera

Lo que se vio este viernes en Santa Marina fue también una expresión de tradición. Las carreras de Ribadesella tienen su origen oficial en la Semana Santa de 1989, aunque su relato fundacional enlaza con antiguas historias de contrabando en la playa, y con el paso de los años se consolidaron hasta convertirse en una de las citas con mayor seguimiento del Oriente asturiano.

Su singularidad sigue estando en el lugar y en la forma: pocas competiciones en España se disputan sobre la arena de una playa, y menos aún en un trazado de ida y vuelta con giros, visible casi al completo desde un paseo elevado que funciona como mirador natural. Por eso Ribadesella no solo acogió este viernes tres carreras, sino que volvió a celebrar uno de esos acontecimientos que mezclan paisaje, costumbre y emoción popular.

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