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La devoción volvió a unir a Ribadesella en el Via Crucis

En la procesión desfilaron las imágenes de El Nazareno, la Dolorosa, el Cristo Crucificado y el Yacente

Las imágenes al inicio de la procesión

Las imágenes al inicio de la procesión / Ayuntamiento de Ribadesella

María Terente Nicieza

Ribadesella

Ribadesella volvió a vivir este viernes su celebración con la solemnidad de siempre, en una cita que trasciende lo religioso para asentarse como una expresión colectiva de memoria, tradición e identidad local. La jornada estuvo marcada por el recogimiento y por la continuidad de una costumbre profundamente arraigada en la villa.

La celebración comenzó en el interior de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, donde tuvo lugar la misa del Viernes Santo antes de la salida de la procesión.

Recorrido procesional

Después, la comitiva inició el Vía Crucis por las calles de Ribadesella, en un ambiente de respeto y silencio. A lo largo del recorrido desfilaron las imágenes de El Nazareno, La Dolorosa, el Cristo Crucificado y el Cristo Yacente, portadas por los cofrades.

La procesión volvió a reunir a vecinos y visitantes en torno a una de las citas más sentidas del calendario local, con una participación que refuerza el carácter intergeneracional de esta tradición.

Acompañamiento musical

La Banda de Música de Noreña acompañó el cortejo con las marchas procesionales, aportando una dimensión sonora que acentuó la solemnidad del acto. Su presencia contribuyó a subrayar el tono de recogimiento que define esta celebración.

El avance de la procesión por la villa quedó así envuelto en una atmósfera de emoción contenida, donde cada paso del recorrido remite a una forma compartida de vivir la Semana Santa.

Identidad compartida

Más allá del rito litúrgico, el Viernes Santo en Ribadesella mantiene un fuerte valor simbólico como manifestación de pertenencia y memoria colectiva. La fidelidad al ceremonial, la implicación de los cofrades y la respuesta del público confirman el arraigo de una celebración que forma parte del paisaje humano y emocional de la villa.

Año tras año, esta cita vuelve a convertir las calles riosellanas en escenario de una tradición que sigue viva, no solo como expresión de fe, sino también como seña de identidad de todo un concejo.

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