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Javier Martínez toma el relevo en GANAGRI con el lobo y Mercosur en el centro del conflicto

El nuevo presidente de la asociación reclama control cinegético, denuncia castigos por las movilizaciones y alerta del golpe comercial que amenaza a las explotaciones familiares

Javier Martínez Sierra

Javier Martínez Sierra / Cedida a LNE

María Terente Nicieza

Llanes

Javier Martínez apenas lleva unos días al frente de GANAGRI, tras la salida de la anterior presidenta Rosa Rodríguez. Aceptó ponerse al frente de la organización para mantener encendida una batalla que viene de lejos. “No hay ninguna motivación especial, más bien ponerme al frente para darle un poco de continuidad a lo que estamos haciendo”, explica el nuevo presidente de la Asociación de Ganaderos y Agricultores, que asegura que ni siquiera acudió a la reunión pensando en ser candidato y que acabó dando el paso al ver que “para estas cosas la gente no es nada voluntaria”.

La imagen que deja su estreno no es la de un dirigente que llega con grandes gestos, sino la de un ganadero que asume el cargo en mitad del desgaste del sector y con una agenda marcada por viejos frentes que siguen abiertos. “La defensa es lo de siempre, pelear un poco, sobre todo ante el Gobierno asturiano en cuestiones como el lobo”, resume Martínez al definir el tono de un mandato que nace entre la continuidad y la urgencia.

Base social

GANAGRI agrupa en estos momentos a “unos 100” socios, con un perfil en el que predomina “principalmente” la ganadería de carne. Esa fotografía explica también el enfoque de la asociación: una organización pegada al territorio y a las explotaciones familiares del Oriente, donde el debate no es teórico, sino diario, y donde cada decisión política acaba midiendo su impacto sobre el terreno.

Martínez no dibuja un panorama catastrófico en todos los frentes, porque reconoce que “a nivel de precios y de mercados, los precios de la carne están muy bien”. Pero esa relativa estabilidad se rompe, a su juicio, cuando entra en escena el principal problema que hoy concentra el malestar de muchos ganaderos de la comarca: el lobo.

El lobo

“El lobo está desenfrenado en los montes”, afirma con rotundidad. El nuevo presidente sostiene que no recuerda, en sus 56 años, “tal número de lobos matando en sitios tan cercanos a los pueblos y en tanta cantidad como ahora”, una frase que resume la sensación de desborde que quiere trasladar desde el sector.

Martínez insiste en que el problema se agravó tras frenarse las batidas legales y defiende que esa es “la única forma que tenemos para combatirlo un poco”. Su reclamación es directa y sin matices: “Cacerías legales, no hay otra”, dice al exponer qué medidas considera imprescindibles para contener los ataques.

No habla de “exterminio”, sino de control y de equilibrio entre la conservación y unos “daños asumibles”. Pero advierte que, cuando los daños se vuelven permanentes, las consecuencias son visibles en el paisaje ganadero del Oriente: recuerda la caída del ovino y el caprino y asegura que hoy muchos profesionales ya no se acercan igual a los pastos comunales porque “saben que se la juegan con las vacas paridas”.

Sin relevo

Ese clima de inseguridad no aparece aislado del resto de problemas del campo. Martínez vincula el desgaste por el lobo, la dureza del oficio y el ruido institucional con una falta de relevo generacional que define como un problema “social, de falta de población” y también de rentabilidad, porque la ganadería sigue siendo “una profesión dura y difícil”.

Aun así, añade que cada nuevo obstáculo cuenta y pesa. “Todo esto es un palo más en la rueda”, afirma al hablar de un sector que, además de sobrevivir a sus propios márgenes, siente que debe defenderse de decisiones externas que lo empujan hacia el abandono.

Sanciones

En ese capítulo se encuadran las multas derivadas de las protestas contra Mercosur, otro de los asuntos que han marcado la llegada de Martínez a la presidencia. Según explica, GANAGRI tenía localizadas en la última reunión “unas 15 personas" sancionadas vinculadas a la asociación, aunque cree que la cifra podía aumentar porque las notificaciones “están llegando escalonadamente”.

El dirigente admite que el corte de la autopista no estaba autorizado, pero cuestiona el modo en que se ha actuado después y denuncia que las sanciones se hayan extendido de forma uniforme a personas que ni siquiera estuvieron en el mismo punto. “Si el motivo de la denuncia es por haber cortado la autopista, ¿por qué gente que no cortamos la autopista estamos denunciados?”, se pregunta, al tiempo que relata que a buena parte de los asistentes los identificaron “en la terraza de un restaurante, tomando algo tras la protesta”, y que incluso se pidieron datos “a gente que no había ido a la manifestación”.

Martínez no duda al interpretar esa actuación. “Sí, claro. Lo creo firmemente, es una pataleta por haber cortado la autopista”, responde cuando se le pregunta si considera represiva la medida. Ante esa situación, explica que COAG y URA están ofreciendo apoyo jurídico para estudiar alegaciones y que, si esa vía no prospera, GANAGRI ha decidido colaborar en el pago de las sanciones a sus socios, “si no es con el total, con un porcentaje”.

Lejos de desmovilizar, cree que ese castigo puede provocar el efecto contrario. “Yo creo que generan el efecto contrario en la mayoría”, sostiene, antes de lanzar un aviso que suena a declaración de intenciones para próximas movilizaciones: “Si el poder político se pone más brusco, pues más fuerte tendremos que volver en la próxima”.

Mercosur

El telón de fondo de esas protestas es el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, que Martínez contempla como una amenaza directa para las explotaciones del Oriente. Su pronóstico es sencillo y, precisamente por eso, inquietante: “Solo con bajar los precios, ya es suficiente para que nos perjudiquen”.

A su juicio, estos pactos benefician a otros sectores económicos, pero vuelven a dejar al campo como “la moneda de cambio” de operaciones en las que “siempre salimos perjudicados los mismos”. Y recuerda, además, que la mayoría de las ganaderías de la zona son “economías familiares”, con poco margen para absorber una competencia exterior basada en costes mucho más bajos.

Frente a ese escenario, no plantea soluciones grandilocuentes, pero sí una línea de defensa clara. Cree que la respuesta más razonable pasa por “proteger las marcas de calidad diferenciadas” y reforzar la denominación de origen como herramienta para sostener precios, cuota de mercado y valor añadido frente a un mercado global que, en sus palabras, “nos va a apabullar con unos precios muy inferiores a los que se manejan aquí”.

La crudeza de su diagnóstico se condensa en una última frase, breve y sin rodeos, cuando se le pregunta si la batalla está perdida. “Sí”, responde Martínez, recién llegado a la presidencia de GANAGRI y ya instalado en un escenario donde la continuidad no significa calma, sino resistencia.

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