Dana Raz pone los Picos de Europa en danza: "Nunca fui persona de palabras, para mí es mucho más fácil expresar por el cuerpo"
La artista israelí llevará a finales de mayo a un entorno rural de Cangas de Onís "Raíces en movimiento", una experiencia íntima pensada para "bajar el ritmo, desconectar y volver al cuerpo como primer territorio"

Dana Raz y dos acompañantes durante un "retiro". / Cedida a LNE
María Terente Nicieza
La web oficial de "Dana Raz Dance Projects" presenta a la mujer que le da nombre como coreógrafa, directora y bailarina. Pero su historia se entiende mejor desde otro lugar: el de una mujer que encontró en el cuerpo una forma de decir lo que no le salía con palabras y que, después de un largo recorrido internacional, acabó echando raíces en Asturias por una historia de amor.
Del Kibutz a Asturias
Dana Raz nació artísticamente en Israel. Allí bailó durante casi ocho años en la "Kibbutz Contemporary Dance Company", una de las formaciones más reconocidas de la danza contemporánea, y allí empezó también a perfilar su camino como creadora independiente, profesora y transmisora de repertorio. Su carrera la llevó a trabajar con otras compañías, impartir talleres y moverse por distintos países, hasta que uno de aquellos viajes la trajo a Oviedo. En una gira conoció aquí a su pareja, padre de su hijo, y ese giro íntimo acabó marcando también su trayectoria profesional.

Dana Raz durante una acturación. / Muel de Dios
Desde Asturias levantó su propio proyecto y siguió creando. "Dana Raz Dance Projects" funciona hoy como el lugar desde el que articula piezas, talleres y propuestas que tienen un hilo común: el cuerpo no como exhibición, sino como lenguaje, refugio y herramienta de conocimiento. Esa idea recorre su discurso de principio a fin y explica tanto su trabajo escénico como sus iniciativas más abiertas a la comunidad.
El cuerpo antes que las palabras
"Nunca fui una persona de palabras; bueno, aprendí con el tiempo, pero para mí es mucho más fácil expresar por el cuerpo". La frase resume bien una biografía y casi una filosofía. En Raz no aparece la danza como una decisión tardía ni como una afición, sino como una forma temprana de estar en el mundo. "Cuando empecé a meterme más en serio en la danza y dedicar todo mi tiempo, tuve claro que era mi camino, que era lo que quería hacer", explica. Concede una confesión, que ayuda a entender la intensidad con la que habla del escenario: "Fui muy adicta al escenario, yo creo que todavía lo soy".
No habla del movimiento en términos abstractos. Lo hace desde la experiencia física, desde lo vivido y también desde lo observado durante años en cuerpos ajenos. Por eso, cuando intenta explicar qué sucede en ese territorio que habita, recurre a una idea muy concreta: "A través del movimiento puedes conocer y conectar con una persona en un nivel al que no puedes llegar con las palabras. Hay algo en el contacto, en el cuerpo a cuerpo que no se puede sustituir". En esa frase hay una declaración artística, pero también una forma de mirar al otro.
La prisa del presente
Su discurso se vuelve especialmente interesante cuando aterriza en el presente. "En la danza, como cualquier profesión, no hay atajos, y se están saltando pasos muy importantes en el proceso de evolución, de creación, que desembocan en falta de profesionalidad, falta de calidad". Raz asegura que vivimos una vida rápida, corriendo detrás de una fama que no existe" olvidando así el verdadero propósito de la creación artística: "El arte no va de bonito y no bonito. El arte es un grito, una expresión".

Dana Raz. / Cedida a LNE
Esa necesidad de no quedarse en la superficie, explica la necesidad de que sus proyectos artísticos incluyan proceso, observación, búsqueda de identidad y una pregunta social detrás. Su manera de entender el movimiento se aleja así de la lógica de la pose y se acerca más a una investigación permanente. Observa cuerpos, bailarines, alumnas, reacciones, silencios. Y desde ahí levanta propuestas en las que importa tanto lo que se ve, como lo que remueve.
El silencio activo del movimiento
Una de las claves de su trabajo está en la voluntad de abrir espacios donde otras personas puedan habitar el cuerpo sin juicio. No solo piensa en intérpretes profesionales, también en mujeres y participantes sin formación previa, que encuentran en sus clases una vía para soltarse, confiar y reconectar consigo mismas. "Somos seres de movimiento, los bebés antes de hablar se están moviendo, expresan a través del cuerpo, reaccionan al ritmo. Con el paso de los años por vergüenza, dejamos este lugar que es un lugar terapéutico".
En esa misma línea, defiende una pedagogía artística. "Cuando tú entras conmigo al estudio, da igual tu nivel o tu conocimiento en danza, consigues conectarte, consigues disfrutar y consigues hacer tuya una propuesta, encontrar tu propia manera de expresarte". No hay aquí una visión elitista del arte, sino una convicción: el movimiento también puede ser una puerta de acceso a una parte de uno mismo que muchas veces queda sepultada por la rutina.
Por eso insiste en una imagen poderosa: la del movimiento como silencio activo, "donde te escuchas a ti mismo y ahí no hay nada más. No hay bien, mal, no hay juicios". En tiempos de ruido constante, pantallas y velocidad, la idea tiene una fuerza que desborda lo escénico. Habla de danza, sí, pero también de reconectar, de descanso, presencia y escucha.
El retiro en Cangas de Onís
En ese contexto se entiende mejor que algunas de sus propuestas salgan del estudio y busquen otros formatos cerca de la naturaleza. El retiro "Raíces en movimiento", tendrá lugar el 30 y 31 de mayo en Cangas de Onís, y esta primera edición surge como una extensión coherente de esa mirada sobre el cuerpo, la naturaleza y la comunidad. Una desconexión en la naturaleza, con actividades que "renuevan la energía" de la mano de Raz y con Laura Liora García, actriz, terapeuta y facilitadora de movimiento, y Gabriela del Fueyo, farmacéutica experta en dermocosmética y nutrición.
La propia Raz lo plantea como una experiencia íntima, abierta a cualquier persona, sin necesidad de conocimientos previos, en un entorno rural pensado para parar y reconectar: "El retiro tiene todos los detalles pensados, para ser un regalo de desconexión". En esa invitación a bajar el ritmo, el mensaje sigue siendo el mismo: volver al cuerpo como primer territorio. Parar, escucharse y volver, aunque solo sea por un momento, a ese lenguaje primero que no necesita palabras.
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