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Argandenes (Piloña): el gran relato de la vida de hace más de mil años, al descubierto

UNED Asturias acerca en su próximo curso, las claves del poblamiento, los recursos y el valor patrimonial de enclaves como el yacimiento piloñés, al público general

José Carlos Sastre Blanco y Beatriz González Montes en la inauguración del curso

José Carlos Sastre Blanco y Beatriz González Montes en la inauguración del curso / Cedida a LNE

María Terente Nicieza

Piloña

No hace falta ser especialista para asomarse a la Antigüedad Tardía. Basta con tener interés por entender cómo vivían, trabajaban y se relacionaban quienes habitaron el territorio hace más de mil años, una idea que José Carlos Sastre Blanco, profesor-tutor de UNED Asturias y director del curso, repite con claridad al defender una actividad pensada para “todo tipo de públicos”.

La UNED de Asturias ha programado para los días 22, 23 y 27 de abril el curso “Fortificaciones y control del territorio en el valle del Duero y Noroeste de la Península Ibérica durante los siglos V al VIII”, con seguimiento presencial y online. El objetivo no es levantar una barrera académica, sino abrir una puerta a cualquier persona con curiosidad por un periodo decisivo y todavía poco conocido por el gran público.

Sastre lo explica sin rodeos: “el curso está preparado para todo tipo de públicos” y no busca ser “algo exclusivo para especialistas”. Su planteamiento, añade, es el de “formar, enseñar a las personas, y que puedan también preguntar, que sea un espacio de diálogo y debate”, una idea que encaja bien con un momento en el que la divulgación del patrimonio pesa casi tanto como la propia excavación.

Entre Roma y la Edad Media

La propuesta pone el foco en la Antigüedad Tardía, ese tiempo de transición entre el Imperio Romano y la Edad Media que durante mucho tiempo quedó relegado en la investigación frente a los grandes relatos sobre monarquías, nobleza o clero. La arqueología, sostiene el profesor, está permitiendo ahora completar esa historia desde abajo, atendiendo a la vida cotidiana, la economía, la minería, la artesanía y las formas de poblamiento.

Ese enfoque obliga también a mirar el mapa con otros ojos. Más que fronteras rígidas, Sastre habla de espacios de comunicación entre Asturias, Galicia, Cantabria, la Meseta y el norte de Portugal, territorios que compartían relaciones, movimientos e intercambios mucho más intensos de lo que a veces se imagina.

La pieza de Piloña

Dentro de ese marco, el yacimiento de los Argandenes, ocupa un lugar central por su interés para Asturias y, de manera especial, para el oriente. Beatriz González Montes, investigadora en el Instituto de Arqueología de Mérida, será la encargada de descubrir este yacimiento a los asistentes al curso, ya que ha participado en los trabajos arqueológicos de la zona, y será ponente junto a Sastre, en la formación de Uned.

Sastre considera Argandenes uno de los enclaves más singulares para estudiar este periodo en la región, tanto por la información obtenida en los enterramientos como por su capacidad para conectar la investigación asturiana con trabajos desarrollados en otros puntos de la Península.

La relevancia principal del enclave está en la necrópolis y en todo lo que pueden aportar los restos humanos desde la antropología y las técnicas analíticas actuales. “La mayor importancia que tiene es la necrópolis, qué se ha encontrado allí y la información que nos dan los restos humanos”, señala el investigador, que destaca el valor de los análisis de ADN, isótopos o patologías para saber cómo vivían esas poblaciones, de qué se alimentaban o qué esfuerzos dejaban huella en los huesos.

González Montes explica que "es una necrópolis tardoantigua, uno de los pocos casos de un mausoleo funerario en el Norte de la Península Ibérica”. Los arqueólogos han localizado elementos tan valiosos como los restos de un cinturón metálico con orfebrería, objetos de bronce, un cuchillo…, y han encontrado indicios de que “la primera persona enterrada en el mausoleo fue posiblemente una mujer”.

Mucho más que tumbas

Pero el yacimiento de los Argandenes no interesa solo por los enterramientos. Lo que realmente atrae a los arqueólogos es la posibilidad de reconstruir la comunidad que hubo detrás, su tamaño, sus actividades y su relación con el territorio, porque, como resume Sastre, “las tumbas, las necrópolis, nos están hablando de un momento final de la vida de un ser humano”, mientras que el reto está en conocer “toda la vida que ha tenido esa persona”.

Ahí es donde la arqueología se vuelve especialmente cercana para el lector ajeno a lo técnico. Un objeto pequeño, un resto óseo o una muestra de polen pueden abrir la puerta a preguntas muy concretas sobre agricultura, ganadería, minería, trabajo artesanal, alimentación o movilidad, es decir, sobre asuntos perfectamente reconocibles para cualquiera que quiera entender cómo se organizaba una sociedad.

Patrimonio

Sastre insiste en que la protección del patrimonio no depende solo de expertos o administraciones. Para él, la clave está en que la población conozca y valore lo que tiene cerca, porque “la sociedad es la depositaria del conocimiento de nuestras investigaciones” y también la primera llamada a cuidar unos yacimientos que forman parte de un bien común.

En concejos rurales como Piloña, ese mensaje cobra un peso especial. Conocer los Argandenes, sostiene, no solo permite recuperar una parte de la historia local, sino también reforzar el vínculo de los vecinos con su paisaje y con una memoria que puede tener valor científico, social, cultural e incluso económico.

Una Asturias conectada

La lectura que propone el arqueólogo desmonta además una idea muy repetida sobre el pasado asturiano. Frente a la imagen de una región aislada, Sastre defiende que Asturias seguía bien conectada por tierra y por mar, con vías adaptadas tras Roma y con la costa como gran corredor de comunicación con Galicia, Cantabria y otros espacios atlánticos.

Esa perspectiva vuelve a enlazar con los Argandenes. El enclave de Piloña no se entiende como una pieza perdida en un rincón del mapa, sino como parte de una red más amplia de asentamientos, recursos, movimientos y contactos que ayudan a situar al oriente asturiano en un relato histórico mucho más dinámico.

Lo que queda por descubrir

El yacimiento, además, está lejos de haber dicho su última palabra. Según Sastre, ahora se trabaja con los resultados de campañas anteriores y existe la posibilidad de seguir investigando, algo que permitiría profundizar en cuestiones aún abiertas sobre poblamiento, economía y organización social en la zona.

Ese es, en el fondo, uno de los atractivos del curso de la UNED. No se limita a contar lo que ya se sabe, sino que invita a seguir el hilo de una investigación viva y a entender que bajo el paisaje cotidiano de nuestros pueblos, todavía quedan muchas preguntas por responder.

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