Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Muere José Ramón Robledo, el distribuidor de LA NUEVA ESPAÑA que durante 25 años repartió periódicos por todo el oriente de Asturias sin fallar un solo día

"Era una gran persona, noble, alegre y muy sociable, siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo con amabilidad y mucho humor", resaltan quienes conocieron a este empresario, nacido en México en el seno de una familia emigrante, que un buen día vendió sus negocios en el país azteca para asentarse en el Principado

José Ramón Robledo delante de su casa, Villa Concha, en Nueva de Llanes, en diciembre de 2021.

José Ramón Robledo delante de su casa, Villa Concha, en Nueva de Llanes, en diciembre de 2021. / Ramón Díaz

Ramón Díaz

Ramón Díaz

Llanes

Cuando José Ramón Robledo González se subía al coche a la una y media de la madrugada, Asturias dormía. Salía de Oviedo con los faros desafiando a la oscuridad y cientos de periódicos en el maletero, que con el tiempo acabarían siendo miles. Su destino, siempre el mismo: Panes, en el límite con Cantabria, atravesando el corazón montañoso del oriente asturiano. Era la ruta más difícil, la que se adentraba en los Picos de Europa cuando el resto del mundo aún no había despertado. Y la recorrió durante veinticinco años, sin fallar ni un solo día.

José Ramón Robledo falleció este jueves, en Oviedo, con 89 años. Quienes le conocieron subrayan que fue "una gran persona, noble, alegre y muy sociable, siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo con amabilidad y mucho humor". Y para el personal de LA NUEVA ESPAÑA, además, un buen amigo y un excelente profesional.

El funeral, este sábado

El funeral de cuerpo presente se celebrará este sábado, a las doce y media de la mañana, en la iglesia parroquial de San Jorge de Nueva de Llanes. Acto seguido recibirá sepultura en el cementerio de la localidad. José Ramón Robledo, asturiano convencido y mexicano de corazón, deja viuda, cuatro hijas, seis nietos y dos bisnietos. La dirección y el personal de LA NUEVA ESPAÑA lamenta tan sensible pérdida y se une al dolor de su familia.

José Ramón Robledo, hace unos días, en Oviedo.

José Ramón Robledo, hace unos días, en Oviedo. / Cedida a LNE

La historia de José Ramón Robledo comenzó en Tulacingo, México, donde nació justo el día en que España se sumía en una guerra fratricida, el 18 de julio de 1936, en el seno de una familia que había logrado lo que pocos emigrantes siquiera podían soñar. Era el menor de seis hermanos.

Su padre, un hombre muy influyente

Su padre, Fernando Robledo Noriega, había llegado a América con lo puesto, como tantos asturianos que cruzaban el océano huyendo de la miseria. Natural de Colombres, nacido en una humilde familia de agricultores y ganaderos, se embarcó hacia Cuba en 1905 junto a sus dos hermanos varones. Luego seguiría a México, donde el destino le deparaba algo más que un modesto negocio de comestibles.

En el país azteca, Fernando Robledo se convirtió en uno de los hombres más influyentes de su tiempo. Cofundador del casino español y del sanatorio español, fue invitado al recibimiento del rey Alfonso XIII durante su visita a México. Regentó junto a sus hermanos un negocio de ultramarinos que funcionaba también como casa de banca, con enormes bodegas a las que llegaban las mercancías arrastradas por mulas desde la estación de ferrocarril, a dos kilómetros de distancia.

Pero no se detuvo ahí: tuvo una fábrica de hilados y tejidos llamada La Trinidad, otra de cajas de madera, ranchos en el estado de Hidalgo y cerca de Puebla, y una flota de camiones y bajos comerciales que alquilaba. Todo ello con un objetivo claro: asegurar el futuro de sus seis hijos.

"Yo no era un señorito"

Aquel futuro, sin embargo, sería muy distinto al que Fernando imaginaba. Su hijo José Ramón creció en la opulencia, pero también en la austeridad. "Yo no era un señorito", recordaba en la biografía que redactó su nieta Claudia Gutiérrez Robledo. "Aunque mi familia disponía de dinero, no se derrochaba. Por ejemplo, tenía que reutilizar la ropa de mi hermano mayor, Fernando. El sastre, todo un manitas, le daba la vuelta a los trajes para que parecieran nuevos", rememoró durante una conversación con LA NUEVA ESPAÑA, en diciembre de 2021.

José Ramón Robledo con 15 años.

José Ramón Robledo con 15 años. / Cedida a LNE

Aquella infancia mexicana, con calles sin alcantarillado y un riachuelo que atravesaba el pueblo arrastrando la suciedad, quedó grabada en su memoria como un lugar de contrastes: mucha desigualdad social, pero también gente agradable y alegre a pesar de la escasez.

Una muerte prematura

Fue un niño rebelde, confeso escapista de la escuela, que acabó interno cuatro años en un colegio católico de los hermanos Maristas, donde los castigos eran frecuentes, y la misa, diaria. Dejó las aulas con 17 años y se lanzó a una vida de fiestas y salidas nocturnas. Pero todo cambió dos años después, en la Navidad de 1955, cuando su padre murió de un ataque al corazón, con solo 50 años.

Aquella muerte prematura e inesperada lo obligó a madurar de golpe. Primero trabajó como chófer; después, tras ahorrar lo suficiente, abrió su primer establecimiento, la mueblería Ideal, junto a un socio gallego. No fue el último. "La gente creía que yo era el más vago de mis hermanos, demasiado verbenero e irresponsable como para abrir un negocio propio y salir adelante. Pero lo hice, y conseguí todo lo que me propuse", señalaba a menudo con orgullo.

"España, España, España..."

Mientras prosperaba, sin embargo, le crecía dentro un gusanillo imposible de ignorar: España. Su madre no paraba de hablar de aquel país al que añoraba con cada fibra de su ser. "España, España, España… ¿Cómo sería España?", se preguntaba José Ramón.

La obsesión se hizo tan intensa que el 21 de junio de 1967 tomó por fin un vuelo a Madrid. Estaba emocionadísimo, recogen sus memorias. Y aquel mismo verano, en Nueva de Llanes, conoció a la que sería su esposa, María Luisa Tirador Elola, "Marisa", natural de Pría. Tras regresar a México, siguieron comunicándose por carta, y en abril de 1968 volvió a España para casarse con ella en la basílica de Covadonga, cuya construcción había conocido la colaboración del abuelo de ella.

Villa Concha

Tuvieron cuatro hijas entre 1969 y 1975, mientras vivían en Tulacingo, María Luisa, Celia María, María Dolores y María Teresa. Pero el deseo de asentarse en Asturias no desaparecía. Ni el suyo ni el de su mujer. Así que, en lo que acabaría siendo el primer paso para el traslado, en 1975, compró desde México la casa de indianos Villa Concha, en Nueva de Llanes, construida en 1908 y que entonces estaba abandonada. La restauró.

José Ramón Robledo delante de su casa de Nueva de Llanes, Villa Concha.

José Ramón Robledo delante de su casa de Nueva de Llanes, Villa Concha. / Ramón Díaz

Dos años después, en un acto que entra dentro de lo temerario o lo visionario, según se mire, José Ramón vendió todas sus propiedades en México en poco más de una semana, sin decir nada a nadie. Ni siquiera a su mujer, que estaba en aquel momento de viaje en Asturias con las niñas. Acto seguido voló a España con una idea clara: quedarse. La sorpresa de su mujer al verlo llegar fue mayúscula. "Pero fue aún mayor su alegría", destacaba él.

Donación al Archivo de Indianos

En Asturias, el que fuera un importante hombre de negocios en México se convirtió en tendero. Regentó un supermercado y una librería. Y en 1979, con 43 años, empezó a trabajar también como repartidor de LA NUEVA ESPAÑA. Cogió la ruta con 9.000 periódicos al mes. Cuando se jubiló repartía 60.000. Fueron veinticinco años llevando la actualidad a los rincones más remotos del oriente de Asturias, hasta los Picos de Europa. "Es un gran equipo el que tiene LA NUEVA ESPAÑA", subrayaba entonces.

Robledo donó al Archivo de Indianos de Colombres la memoria de su familia: documentación, fotografías, libros y hasta bonos de préstamos al Estado mexicano que nunca fueron devueltos a su padre. Un tesoro que cuenta la historia de aquel niño de Ribadedeva que se convirtió en una leyenda en México, y la de su hijo, que lo dejó todo para volver a la tierra de sus padres. Porque al final, ni Fernando ni Celia "chaquetearon: murieron siendo españoles", como gustaba repetir su orgulloso hijo.

Y fue así que José Ramón Robledo, que pudo haberse quedado en la opulencia mexicana, prefirió conducir todas las madrugadas y buena parte de las mañanas durante un cuarto de siglo, de lunes a domingo, para acercar las noticias a los valles y montañas de la zona más oriental de su patria querida, a la que llegó un día para quedarse y en la que descansará para siempre.

Tracking Pixel Contents