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La memoria íntima de Cabrales llega a la pantalla

Pedro Fernández retrata oficios, sonidos y escenas que rara vez asoman al escaparate turístico

Presentación del corto en el Ateneo cabraliego

Presentación del corto en el Ateneo cabraliego / M.T.N

María Terente Nicieza

Cabrales

Cabrales se miró este sábado en un espejo poco habitual. Dentro de la programación del V Válgame Fest, Arenas acogió la presentación de "Cabrales, la tierra que me crió", el primer corto personal de Pedro Fernández, un trabajo de 21 minutos levantado desde la memoria propia y desde esa vida rural que rara vez entra en la postal turística.

Memoria

Fernández, natural de Arenas, llevaba tiempo grabando faenas, manos y paisajes humanos del concejo, pero hasta ahora no había dado forma a una pieza tan íntima. "He hecho varios vídeos para asociaciones, para el ayuntamiento, para el consejo regulador, pero a título personal es el primer corto", explica el director, que sitúa el origen del proyecto en una idea muy personal, que fue madurando con los años y con el empuje de gente cercana que le animó a hacerla realidad.

La película mira hacia los años en que él fue niño y adolescente, entre los 8 y los 15, y se construye con recuerdos muy concretos: los sonidos de la casa, la presencia de los abuelos, los trabajos y las escenas cotidianas que marcaron su manera de entender Cabrales. "El corto es un vídeo muy personal", resume Fernández, que reconoce que muchas de esas imágenes nacen de lo que vivió "de ver a mi abuelo, a mi abuela, a la familia, a vecinos incluso".

Lo que no se ve

El director no ha querido filmar el Cabrales que se enseña con facilidad, sino el que se queda al otro lado de la puerta. "Todo lo que es la vida rural de aquí de Cabrales, la que no ve el turista", señala, antes de insistir en que el concejo no puede reducirse al paisaje o al reclamo exterior porque "hay un mundo muy dentro, que es la vida rural, el queso y el ganado".

Ahí está una de las claves del corto y también, de su interés como memoria: recordar que detrás de cada imagen vendible del territorio hubo décadas de trabajo callado. Para Fernández, la fuerza de Cabrales no se entiende sin esa generación que sostuvo la casa, el ganado, las cuadras, la elaboración del queso y un modo de vivir del que hoy quedan rastros cada vez más difíciles de encontrar.

Pedro Fernández, con su hijo Gael tras la presentación

Pedro Fernández, con su hijo Gael tras la presentación / María Terente Nicieza

Mayores

El cineasta habla de esa herencia con una mezcla de gratitud y desvelo. "Hay mucha gente que no valora eso que hizo la gente mayor", sostiene. La película pretende poner en valor a esa generación, “Cabrales es lo que es, gracias a ellos”, expresa Fernández. Uno de los protagonistas, un vecino a quien grabó en numerosas ocasiones y que le recuerda a su abuelo, “muestra lo que es la vida detrás de la puerta de una cuadra". Esta figura, es uno de esos símbolos de saberes escondidos, que permanecen en la memoria del director.

La frase podría ser la sinopsis del cortometraje. No hay épica impostada ni reconstrucción, sino una manera de mirar de cerca lo que era cotidiano, y hoy empieza a ser excepcional: una cabra mecida en la cuadra, una tarea hecha a mano, una rutina doméstica sin artificio, un silencio roto por el sonido real del trabajo.

Rodaje

Ese naturalismo fue, precisamente, una obsesión del director. "No tiene un guion, no es narrativo, nadie cuenta nada, simplemente son las imágenes reales", explica Fernández, que concede al sonido una importancia decisiva y que subraya que todo el material fue captado "sin programación, de manera natural, nadie actúa".

Para conseguirlo, trabajó con paciencia casi artesanal. Hizo una lista de los recuerdos y gestos que quería rescatar, buscó a las personas que aún seguían haciendo esas labores y esperó el momento exacto para grabarlas en Cabrales, muchas veces en espacios privados y alejados de la escenografía más preparada que suele ver quien entra en una visita organizada a una quesería.

Estreno

La proyección formó parte de la jornada inaugural del Válgame Fest, que este sábado abrió su quinta edición con una charla sobre "Camín de Cabrales", la inauguración de la exposición "Materia Viva" y, ya por la tarde-noche, un bloque de audiovisuales inéditos sobre "Cabrales y sus gentes". El encaje del corto en ese programa no parece casual: pocas piezas pueden dialogar mejor con un festival que reivindica cultura, identidad local y memoria compartida desde Arenas de Cabrales.

Fernández sabía que el primer público capaz de entender del todo su propuesta era el de casa. "Que vean y descubran lo que está escondido en Cabrales y no se sabe", deseaba antes del estreno, consciente de que la película está pensada, sobre todo, para quien reconoce esos gestos porque los vivió o porque aún sabe leerlos.

También plantea la posibilidad, más adelante, de darle una vuelta para abrirse a otros espectadores. De momento, sin embargo, su fuerza está precisamente en eso: en haber convertido una memoria familiar y rural en una pieza audiovisual que no busca explicar Cabrales desde fuera, sino dejar que Cabrales se cuente desde dentro.

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