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El MUJA abre su trastienda científica: el trabajo "silencioso" que sostiene cada pieza expuesta en el jurásico colungués

"La gente piensa que el proceso es sencillo, pero el trabajo que requiere un fósil es inmenso", dice la investigadora Laura Piñuela que muestra las litotecas y el laboratorio del centro con motivo del Día de los Museos

El investigador Pablo Puerta en un momento de la visita junto a los visitantes

El investigador Pablo Puerta en un momento de la visita junto a los visitantes / Cedida a LNE

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María Terente Nicieza

Colunga

No todo en el Museo del Jurásico de Asturias está en las salas. Este fin de semana, con motivo del Día de los Museos, el MUJA volvió a abrir al público dos de sus espacios más desconocidos, el laboratorio y la litoteca, para enseñar el trabajo silencioso que sostiene cada pieza expuesta.

La actividad, que el museo lleva años organizando, busca explicar cómo trabajan los expertos y recorrer todo el proceso por el que pasa un descubrimiento, hasta llegar a la vitrina del museo. La iniciativa permite a los visitantes entrar en unas dependencias, que normalmente permanecen fuera de la mirada del público. Es, en definitiva, una invitación a acercarse a una parte de nuestro patrimonio desde una perspectiva diferente.

La trastienda

Laura Piñuela, geóloga del equipo científico, explica que la visita recorre todo el proceso, desde la búsqueda del material hasta su llegada a la exposición. "Mostramos un poco las litotecas, que es donde guardamos todo el material", señala la investigadora, que subraya además la variedad de fondos que conserva el museo, con huellas de dinosaurio, reptiles voladores, peces y huesos. En ese recorrido, el MUJA pone también el foco en una de sus grandes fortalezas: "esta es la mejor colección de huellas de dinosaurio a nivel europeo".

Ese valor patrimonial no siempre resulta visible a simple vista. El visitante suele quedarse con lo que ve arriba, en las salas, pero esta visita permite descubrir lo que guardan abajo, y que normalmente no está a la vista. “Cuando abro la puerta y enciendo la luz, se sorprenden con la cantidad de cosas que hay almacenadas, les gusta muchísimo”, explica Piñuela sobre las dos litotecas que albergan las piezas del museo.

Paciencia y oficio

Si algo quiere desmontar esta propuesta es la idea de que un hallazgo llega casi intacto desde el acantilado hasta la vitrina. "Muchas veces la gente piensa que el proceso es sencillo, pero el trabajo que requiere un fósil es inmenso", advierte Piñuela. La icnióloga recuerda que primero hay que extraer la pieza, a veces cargándola a la espalda y otras con ayuda de colaboradores locales e incluso de medios excepcionales, como el helicóptero de la Guardia Civil, el SEPA o el Ejército de Tierra, como ocurrió el pasado diciembre.

Después llega una fase mucho más lenta. "Algunos fósiles tardan meses o incluso años en prepararse antes de poder exponerse", resume la investigadora. En el laboratorio que se enseña al público se muestra la parte de ataque físico, con herramientas "como pequeños martillos neumáticos del tamaño de un bolígrafo" que se emplean para retirar la matriz que rodea al hueso.

Un especialista invitado

La visita de este fin de semana ha contado con la participación de Pablo Puerta, especialista mundial en preparación y en excavación de dinosaurios y fósiles, que ha sido el encargado de explicar durante el recorrido, cómo se preparan y conservan los restos.

Su presencia añade un atractivo especial a una actividad pensada para enseñar el trabajo detrás del resultado, pero también para despertar curiosidad. El museo, sostiene Piñuela, no quiere quedarse solo en la contemplación del fósil terminado, sino ayudar a comprender el volumen de trabajo que se esconde detrás de cada hallazgo.

Lo que más asombra

La propia imagen del laboratorio suele romper expectativas. "Mucha gente, cuando piensa en un laboratorio se imagina un laboratorio químico, con tubos de ensayo y probetas, pero este no tiene nada que ver", cuenta Piñuela, que relata la sorpresa de muchos visitantes al encontrarse con una campana de gases, bandejas y zonas de trabajo muy alejadas del imaginario más común.

Para la especialista lo mejor son las huellas que conserva el museo, por algo son su especialidad. "La muestra que tenemos aquí de huellas de reptiles voladores es, sin duda, la mejor conservada a nivel mundial", afirma. La investigadora explica que, esas huellas conservan escamas impresas, evidencias de membranas interdigitales y un tamaño que, en sus palabras, las convierte en algo "muy espectacular" que debemos valorar.

Un museo para mirar despacio

La actividad dirigida a mayores de 12 años responde también a una idea que Piñuela repite con claridad: el MUJA no es solo un museo para niños. "No es un museo infantil; es un museo para adultos que se adapta a los niños", explica, convencida de que este tipo de visitas técnicas permiten explayarse más y abrir una puerta distinta al conocimiento.

Quizá ahí resida el mayor valor de la propuesta. "En la visita al laboratorio ves cosas que normalmente no se ven", dice Piñuela. Y en esa trastienda, entre fósiles en proceso, herramientas minúsculas y piezas aún pendientes de estudio, el museo encuentra una forma directa de enseñar que la ciencia también se construye con paciencia, oficio y tiempo.

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