Clamor de los ganaderos en la Feriona de Corao: "No crío más cabras para alimentar al lobo"
La ausencia de ganado vacuno por la dermatosis y de reciella por los ataques del cánido dejan un evento deslucido

María Terente Nicieza
María Terente Nicieza
Corao se despertó este martes con una imagen poco habitual en La Feriona. En los amarres y en los corrales del recinto solo había ganado caballar y algunos asnos, que ocupaban el espacio destinado otros años al vacuno y a la reciella, en una edición marcada por la ausencia de reses bovinas por la dermatosis nodular contagiosa y por la desaparición de ovejas y cabras para la venta. La escena, según coincidían en señalar los propios ganaderos, fue mucho más que una anécdota: resume el momento que atraviesa la ganadería en la región y la sensación de abandono que atribuyen a la falta de respuesta del Principado ante los problemas del sector.
Feria deslucida
La mañana dejó pocos animales y un ambiente de resignación entre los asistentes, conscientes de que una de las grandes citas ganaderas del norte aparecía este año deslucida: “con lo que era La Feriona”, se escuchaba entre los pequeños corrillos de ganaderos. La mayor parte de las ventas, según comentó José Manuel Mones, se cerró este lunes, cuando una yegua llegó a alcanzar los 3.000 euros. Aun así, el movimiento quedó lejos del volumen y de la imagen de otras ediciones. “Aquí llegó a haber 3000 cabezas de ganado”, recordaba Gabriel Vázquez.
La falta de vacuno no parece haber acusado, en opinión de los ganaderos, una bajada en los precios, a pesar de la imposibilidad de concentrar animales de distintas explotaciones por la dermatosis. "Las vacas se pagan bien", repetían varios ganaderos, aunque matizaban que quienes más rédito sacan de la situación son los tratantes, que compran directamente en las explotaciones y con menos margen para que el ganadero reciba ofertas. Tampoco el caballar atraviesa su mejor momento. "Hace tres o cuatro años se pagaba muy bien", recordaban.
El peso del lobo
Si la ausencia de vacuno obedeció a la situación sanitaria, la falta de reciella se explicó en Corao con una palabra repetida una y otra vez: lobo. "No hay reciella", zanjaban los ganaderos al explicar por qué este año no había ovejas ni cabras en el recinto, en una muestra de la escasez creciente de cabezas de ganado menor para la venta.
Lilián González, ganadera de Cangas de Onís, puso cifras a ese retroceso. "Teníamos 66 cabras bermeyas y este año nos quedan 24", explicó. Y añadió: "Las últimas las mató en un prao, encima del mercado de ganado de Cangas de Onís".
La ganadera sostiene que cada vez son más quienes, una vez cumplidos los cinco años de compromiso exigidos, se plantean abandonar el ganado menor por puro hartazgo. En su caso, aseguró que cuando termine ese periodo se desharán de las cabras y de las ovejas. "yo no crio más cabras para alimentar al lobo", afirma. Además, expone la incoherencia de la aplicación de las normas de bienestar animal: "Tener a las cabras encerradas en la cuadra, porque las comen los lobos, no lo tienen en cuenta para el bienestar animal", se queja.
Resignación y enfado
Entre los asistentes dominaba una mezcla de ironía, cansancio y resignación. Gabriel Vázquez lo resumió con sorna: "La reciella ahora somos nosotros". Y remató, el diagnóstico de muchos de los presentes: "El año que viene, meterán lobos en los corrales para vender, porque es lo único que hay".
La lectura compartida entre los ganaderos era que la imagen de este martes no fue solo la de una feria con menos animales, sino la de un sector que se siente abocado a la desaparición si no cambian las condiciones en las que trabaja. A la enfermedad que mantiene fuera al vacuno se suma, según denunciaban, la pérdida constante de ganado menor por los ataques y la falta de medidas eficaces para garantizar la continuidad de las explotaciones.
Normas y desconcierto
En los corrillos también se hablaba de una posible próxima apertura del confinamiento al que está sometido el vacuno. Se mencionaba junio, aunque nadie se atrevía a concretar una fecha. La expectativa, sin embargo, no disipaba la preocupación, porque la obligación de mantener el ganado tres meses en el puerto hace que muchos miren con temor la subida de los terneros.
José Manuel Mones cuestionó además la lógica de algunas restricciones. "Ahora cuando suban las vacas al puerto, se van a juntar", apuntó, antes de recordar que una res comprada en Cangas puede venderse al día siguiente en Pola de Siero. Esa aparente contradicción alimentaba este martes la sensación de que las normas se aplican "de forma aleatoria y sin tino".
La Feriona de Corao, escaparate tradicional del campo asturiano, acabó convertida este martes en el reflejo de una ganadería que, según denuncian sus protagonistas, pierde animales, rentabilidad y expectativas sin que lleguen soluciones de fondo.
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