El Prial, 50 años al servicio del territorio de una iniciativa pionera en Piloña, el primer centro de FP de la comarca
La especialización en carpintería, el trabajo con asociaciones y el pulso del medio rural explican por qué la iniciativa sigue teniendo sentido medio siglo después
María Terente Nicieza
Cuando Cándido Díaz mira hacia atrás, no recuerda primero una fecha, sino una impresión: la de llegar hace medio siglo a un edificio enorme, casi inabarcable, y pensar: "Bueno, estoy donde quería estar, pero a ver a dónde vamos con esto". Cándido, presidente de la asociación El Prial, quería ser maestro y trabajar por el medio rural, y en aquel caserón de Infiesto encontró las dos cosas, aunque aquel primer día no intuyera el trabajo que iba a conllevar sostenerlo durante 50 años. Hoy, echando la vista atrás afirma: "No me lo creo que haya llegado a los 80 años que tengo y que lleve 50 años aquí. Yo siempre digo que esto es un milagro".
Los comienzos
El Prial nació en 1975 como Asociación de Padres y Madres de Alumnos del Centro de Formación Profesional y puso en marcha el primer centro de FP del Oriente de Asturias, con ramas de Moda y Confección, Agraria, Madera y Comercio. Aquel proyecto, inspirado en el modelo francés de alternancia, quería que los jóvenes pudieran formarse sin romper del todo con el medio rural. Pero la teoría tropezó enseguida con la dureza de casi todos los comienzos: "De repente te encuentras con un edificio inmenso, abandonado, que tenía 50 estancias y que no había quien lo mantuviera” recuerda Cándido. En ese escenario empezaron a trabajar los profesores en un sistema que gestionaban los propios padres de los alumnos. "Aquí se pasaba frío, vivíamos con los chavales, fregábamos los platos con ellos, hacías vida en común", recuerda Cándido sobre cómo los profesores empujaban como podían una iniciativa que sobrevivía casi a pulso.
Los recelos del pueblo
El paisaje humano tampoco era sencillo: en la España de 1975, el centro despertó recelos en una villa que miraba con desconfianza a aquella gente recién llegada: "Se han apoderado del mejor edificio del pueblo, una gente que no sabemos quiénes son". Cándido recuerda que aquellos interrogantes del pueblo se mezclaban con los suyos propios, porque una de las grandes dificultades fue implantar un método y un proyecto en un territorio que apenas conocían. La caricatura llegó a ser tan disparatada que, según relata, hasta se llegó a decir que allí hacían "desfiles de mozas en camisón". Medio siglo después, la imagen es otra: El Prial ya no es un cuerpo extraño, sino una pieza reconocible del paisaje social de la comarca. “Hemos conseguido que la administración vea un centro con una trayectoria impecable”, afirma Cándido.
Cambiar para seguir
La cronología del Prial es, en el fondo, una historia de adaptación. La asociación se da cuenta de que no puede mantener las cuatro ramas educativas y abandona progresivamente tres de ellas, hasta encontrar su columna vertebral en la madera. También va ampliando frentes sociales, afinando su identidad y abriéndose a las instituciones. La cronología sitúa ahí varios puntos decisivos: la ampliación de actividades sociales y formación ocupacional en 1988, el Proyecto Pueblos en 1989, la promoción de COCEDER y las primeras Jornadas de la Madera en 1990, la reconversión de la asociación en 1991, y la orientación definitiva a Madera y Mueble en 1992. "Llevamos cincuenta años trabajando en el tema de la madera y llenando de carpinteros Asturias", dice Cándido, que defiende aquella especialización como una forma de sobrevivir "sin renunciar a la identidad".
Vidas que explican una casa
Si el reportaje se quedara en los hitos, faltaría lo mejor. El Prial también se entiende en trayectorias concretas, como la de Benjamín Suárez, hoy profesor y antes alumno del centro. Su historia parece escrita para demostrar que una institución puede cambiar un destino: "Yo iba a hacer FP de Mecánica. Mis padres vinieron a matricularme, se equivocaron de centro, se encontraron a Cándido y me matricularon en madera". Trabaja allí desde 1992. También Fran Quesada, director del centro de formación, encuentra una de las mejores imágenes del presente en los talleres de tarde, abiertos desde 2000 a jubilados, desempleados y vecinos: "El taller es intergeneracional. Tan pronto te puedes encontrar a alguien de 14 años como de 88. Esa reunión hace que salgan cosas bastante interesantes", resume.
Del oficio a la red
La otra gran transformación llegó cuando El Prial dejó de ser solo un centro formativo para convertirse también en una red social del Oriente. El Centro de Desarrollo Rural, el Proyecto Pueblos y, desde 2002, el Centro de Voluntariado y Participación Social ampliaron su radio de acción a la infancia, las asociaciones, las personas mayores y la vida comunitaria. "Solo con voluntariado no íbamos a ningún lado”, afirma Cándido que supo detectar la importancia clave de la participación social. “Defender el asociacionismo era clave para mantener la cohesión entre la gente y poder dar solución a muchos problemas de soledad”, explica Cándido.
Su diagnóstico del presente no es complaciente: "Debido a la desaparición de los pueblos y de la gente nativa, los pueblos están en venta”. Aquí el Prial, se emplea a fondo con los proyectos que fomentan la cohesión y el apoyo social en el rural. “Para trabajar en el medio rural, te tiene que gustar mucho la cercanía con la gente. Tienes que conocer los pueblos, saber quién vive en cada casa y cuáles son sus necesidades reales”, explica. Ahí radica la mayor fortaleza del Prial, conocer profundamente el territorio en el que trabajan y las personas que lo habitan: “Procuramos que los trabajadores sean de la zona, porque son los que conocen el territorio y los que más se implican”, resume Cándido.
El futuro
Al hablar sobre la evolución del Prial para los próximos años, Cándido hace una pausa, reflexiona sobre la volatilidad actual que afrontamos como sociedad y plantea el análisis que tendrá que hacer la asociación, para adaptarse a los cambios que está experimentando el territorio y poder seguir apoyando y sosteniendo a las personas que lo habitan. Tiene claras las bases que han hecho que El Prial haya llegado a cumplir 50 años: “un equipo muy implicado en cada etapa, mucho trabajo y que nunca se desvió un dinero que no fuera para lo que tenía que ser”. Habla de coherencia, de no haberse apartado nunca del objetivo y de seguir siendo un hombre de pueblo. Y ahí aparece la frase que mejor resume estos cincuenta años: "Ver que esa semilla que plantamos hace décadas ha servido para que la gente no tenga que marcharse de su tierra y pueda ganarse la vida dignamente en su entorno rural es, sin duda, la mayor satisfacción económica y personal que puedo tener. Ese es el verdadero patrimonio que dejamos”.
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