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El pintor ovetense Emilio Balduque presenta en la Casa de Cultura de Ribadesella una exposición "con sabor a guindas"

La serie nace del recuerdo del desaparecido empresario y filántropo Emilio Serrano y convierte algunas fotografías de su sobrina Cristina Serrano en lienzos luminosos

Emilio Balduque y Cristina Serrano, junto al cuadro de la botella de licor de guindas Los Serranos.

Emilio Balduque y Cristina Serrano, junto al cuadro de la botella de licor de guindas Los Serranos. / Ramón Díaz

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María Terente Nicieza

Ribadesella

El pintor Emilio Balduque tenía una deuda pendiente consigo mismo y con un amigo fallecido, y la está pagando estos días. La Casa municipal de Cultura de Ribadesella acoge hasta el 27 de junio la exposición de este pintor ovetense, una muestra que nace menos de una estrategia expositiva que de una fidelidad personal. Detrás de los cuadros que expone en la villa oriental está la huella de Emilio Serrano, empresario, filántropo, escritor y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA ya fallecido, amigo del artista durante muchos años y una de las personas que más le animó a pintar, a trabajar y a enseñar su obra.

Balduque recuerda que Emilio Serrano, a quien conoció por motivos laborales, insistía una y otra vez con la misma idea: "Tienes que exponer en mi pueblo". Aquella frase fue madurando en su cabeza y, cuando el riosellano murió, en octubre del año pasado, se convirtió en una cuenta pendiente: "Cuando él falleció me quedé con esa espinita, por no haber expuesto nunca aquí".

"Un pequeño homenaje"

El origen más concreto de la muestra está en un cuadro que recoge una botella del licor de guindas de Los Serranos, una pieza que Balduque pintó "in memoriam" para recordar a un hombre que se sentía orgulloso de ese vínculo familiar y sentimental, pues era copropietario junto a sus hermanos de la destilería que tiene su sede en la localidad de Collera. A partir de ahí fue creciendo el homenaje, ya no en una sola obra, sino en toda una serie de pinturas ligadas a Ribadesella, el lugar que Emilio Serrano tanto quería.

Cristina Serrano y Emilio Balduque observan uno de los cuadros expuestos.

Cristina Serrano y Emilio Balduque observan uno de los cuadros expuestos. / Ramón Díaz

"Esto es un pequeño homenaje a tantos años como estuvo él apoyándome a que trabajase, expusiese, pintase", resume el artista. No se trata solo de exponer en una sala, sino de cerrar por fin un círculo personal que llevaba tiempo abierto.

Elementos reconocibles de la villa

En ese recorrido aparece también Cristina Serrano, sobrina de Emilio y miembro de la tercera generación de la empresa familiar Destilería Los Serranos, que facilitó al pintor varias fotografías de rincones de la villa. Algunas llegaron sin una intención definida, pero cuando la idea de la exposición tomó cuerpo, Balduque le pidió más imágenes y comenzó a transformarlas en obras pictóricas.

Así entraron en la serie elementos reconocibles de la capital riosellana, como los remos o el salvavidas de la barandilla del paseo de la playa de Santa Marina; otro paseo, el de la ría, de noche con la subida a la ermita de Guía iluminada, o un ojo de buey. Cristina Serrano, por su parte, asegura que está "muy contenta" de que algunas de sus fotografías, una actividad que la apasiona, hayan servido como punto de partida de las obras del ovetense.

Perspectiva, color y luz

Balduque se mueve en la pintura figurativa y reivindica una manera de mirar en la que mandan la perspectiva, el color y la luz, que utiliza con intención escrupulosa para llevar el ojo del espectador a donde quiere. "Mi pintura es figurativa, evidentemente; busco el color y la luz", explica el artista, que asegura que a pesar de llevar toda la vida pintando, le costó animarse a exponer: "No me atreví".

Cristina Serrano y emilio Balduque junto a uno de los cuadros expuestos en Ribadesella.

Cristina Serrano y emilio Balduque junto a uno de los cuadros expuestos en Ribadesella. / Ramón Díaz

Su mujer le dio el primer impulso; después, unos galeristas de los Países Bajos se fijaron en una de sus obras y le propusieron exponer en aquel país. De esto hace ya 30 años, tras lo que siguieron numerosas exposiciones en diferentes ciudades.

Hasta el sábado 27 de este mes, la muestra invita a detenerse en diferentes rincones de una Ribadesella reconocible, hecha de remos, paseos y perspectivas que, en manos de Balduque, parecen tener luz propia e invitan a entrar. Es también la forma en la que el pintor cierra un círculo íntimo y cumple aquella vieja petición de Emilio Serrano: exponer en la villa que tanto quería.

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