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L'Ablanu de Infiesto celebra sus 50 años con la vista puesta en el futuro: "El colegio forma parte de la vida de la gente de Piloña"

La comunidad educativa sella su legado en un acto simbólico pensado para las próximas generaciones

Piloña celebra los 50 años del CEIP L'Ablanu

María Terente Nicieza

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María Terente Nicieza

Piloña

El CEIP L'Ablanu celebró este viernes su 50 aniversario con una jornada pensada para mirar al pasado sin perder de vista el porvenir, una cita en la que convivieron la fiesta escolar, la memoria compartida y varios símbolos de continuidad de un centro muy unido a la vida cotidiana de Infiesto. El programa incluyó actividades para el alumnado durante la mañana, una gala conmemorativa, el descubrimiento de una placa, el enterramiento de una cápsula del tiempo preparada por los escolares y una exposición fotográfica con imágenes históricas del colegio.

La celebración arrancó con propuestas dirigidas a los niños, como un espectáculo de pompas de jabón para los más pequeños y otro de magia para todo el alumnado, antes de dar paso al acto central del aniversario. A partir de la una de la tarde fueron llegando los invitados a una cita abierta no solo a autoridades y representantes educativos, sino también a exalumnos, antiguos profesores, antiguo personal y familias, en un formato que buscó reunir alrededor del colegio a varias generaciones del concejo. Durante el acto intervinieron la directora del colegio, Susana Álvarez, que aprovechó para anunciar su despedida del centro y se emocionó durante su discurso; el alcalde de Piloña, Iván Allende, que puso al colegio como ejemplo de una educación pública de calidad y subrayó su importancia para la comunidad; la concejala de Juventud, Irene Carreño, y el director general de FP del Principado de Asturias, Ángel Balea.

Un colegio abierto

Si hay una idea que atraviesa el testimonio de la directora, Susana Álvarez, es que L'Ablanu ha dejado de ser únicamente un lugar al que se acude a clase para convertirse en un espacio de encuentro para el pueblo. "Yo creo que lo es todo", resumió al definir el papel que el colegio ha desempeñado en Infiesto durante estas cinco décadas.

Álvarez sostuvo que ese cambio se ha hecho especialmente visible en los últimos cuatro años, periodo en el que el centro se abrió a la comunidad durante toda la jornada. Por la mañana recibe a los escolares y por la tarde mantiene disponibles el patio y las actividades extraescolares organizadas con el Ayuntamiento y la AMPA hasta las diez de la noche. "Ahora creo que el colegio forma parte de la vida de la gente de Piloña", señaló la directora, que situó en esa relación más estrecha con las familias uno de los grandes cambios del centro.

Nombres y etapas

La historia de L'Ablanu también se mide a través de nombres propios y de etapas que dejaron huella en la memoria colectiva. Entre ellas, Susana Álvarez destacó la figura del maestro Andrés Aguado, al que atribuyó un impulso decisivo en la identidad del colegio y, por extensión, del propio pueblo. "Llegó y nos puso a todos a correr", recordó sobre el origen de un cross escolar que este año alcanzó su edición número 45 y que, a su juicio, contribuyó a que Infiesto fuera reconocido por su vinculación con el deporte.

Junto a esa herencia, la directora mencionó proyectos recientes como la radio escolar, que ha despertado un fuerte entusiasmo entre los alumnos, y evocó también momentos más complejos, como la implantación de la ESO. Aquel proceso, explicó, supuso una fuerte bajada de matrícula, pasando de unos 800 estudiantes a los cerca de 300 que mantiene hoy el centro.

Despedida y legado

En el relato del aniversario hubo además una dimensión personal inseparable de la institucional. Susana Álvarez habló del colegio desde varios lugares a la vez, porque su vínculo con L'Ablanu atraviesa buena parte de su vida. "Yo fui alumna de este colegio, fui madre y ahora soy maestra aquí", dijo quien lleva once años trabajando en el centro y asumió la dirección movida, en buena medida, por ese sentimiento de pertenencia. "Este es mi colegio", añadió.

Ese tono emocional se acentúa porque la directora deja ahora tanto el cargo como el propio centro, y sitúa entre sus mayores logros la apertura del colegio al pueblo. Por eso, al hablar del futuro, su mensaje no gira tanto en torno a nuevos proyectos como a la necesidad de conservar lo conseguido. "Que sigamos educando como hasta ahora, que mantengamos el volumen de alumnado que llevamos años sosteniendo, que la gente siga colaborando y que el colegio continúe abierto a la comunidad", deseó. Y remató con una frase que condensó el espíritu de la conmemoración y también su deseo para los próximos años: "Que no demos un paso atrás".

Voluntad de permanencia

Este viernes, esa voluntad de permanencia quedó simbolizada en la cápsula del tiempo que el alumnado enterró para las generaciones venideras. Fue una forma de dejar constancia de lo que L'Ablanu ha sido durante medio siglo, pero también de lo que aspira a seguir siendo en Infiesto: una escuela, un punto de encuentro y una memoria viva compartida por todo un pueblo.

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