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El veto a las bicis aparcadas en la barandilla de la playa de Ribadesella, a debate: "Está bien, pero hacen falta zonas de aparcamiento"

La decisión municipal busca evitar daños y molestias, mientras los usuarios habituales piden alternativas suficientes

Un usuario de bicicleta en el paseo de Santa Marina

Un usuario de bicicleta en el paseo de Santa Marina / M .T .N.

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María Terente Nicieza

Ribadesella

El anuncio realizado este martes por el Ayuntamiento de Ribadesella para impedir que bicicletas y patinetes se apoyen o se aten a la barandilla del paseo de Santa Marina ha reabierto un debate que cada verano asoma en la villa: el equilibrio entre mantener despejado uno de los espacios más transitados del concejo y ofrecer suficientes alternativas para quienes se desplazan sobre dos ruedas.

La medida, según expuso el Consistorio, irá acompañada de mayor vigilancia policial y de la colocación de carteles informativos para recordar que existen zonas habilitadas en calles perpendiculares y junto al puesto de salvamento.

Comprensión y dudas

Entre los vecinos consultados hay comprensión hacia la decisión municipal, aunque también dudas sobre su eficacia real y sobre la capacidad de los aparcamientos existentes para absorber la demanda de la temporada alta.

Francisco Obama con su bicicleta en el paseo de Santa Marina.

Francisco Obama con su bicicleta en el paseo de Santa Marina. / M .T .N.

El paseo de Santa Marina concentra durante los meses de verano un notable trasiego de peatones, ciclistas y usuarios de patinetes, y la imagen de vehículos amontonados junto a la barandilla se ha convertido en una escena habitual.

Barandilla saturada

Pilar del Busto resume esa doble mirada. Por un lado, recuerda que la escena no es nueva. "Toda la vida se apoyaron las bicicletas, y siempre hubo muchas", señala. Pero también admite que el problema existe: "Es verdad que se deteriora mucho la barandilla por apoyarlas y puede ser molesto".

Su impresión enlaza con uno de los argumentos principales del Ayuntamiento, que sostiene que la acumulación de estos vehículos invade el recorrido peatonal, dificulta el uso de la propia barandilla como mirador y ocasiona desperfectos en la estructura.

Intervención razonable

En la misma línea se expresa Eduardo Muñoz, que considera razonable la intervención municipal en un momento de máxima ocupación del paseo. "Cuando llega el verano hay muchas bicis y patines en el paseo; demasiados. Así que no me parece mal que lo hagan", afirma.

Eduardo Muñoz con su perro en el paseo de la playa de Ribadesella.

Eduardo Muñoz con su perro en el paseo de la playa de Ribadesella. / M .T .N.

A su juicio, incluso cabría ir un paso más allá en la regulación del espacio: "Podrían regular el acceso de estos vehículos en esta zona, durante los meses de verano". Su planteamiento apunta a una posible limitación temporal del tránsito o del estacionamiento, en una franja del litoral que en julio y agosto soporta una gran presión peatonal.

Falta de espacio

La principal reserva vecinal no está tanto en el objetivo de proteger la barandilla o despejar el paso, como en la falta de huecos suficientes para estacionar. Pilar del Busto ya advierte de ello al apuntar que, "aunque haya zonas cercanas para dejar las bicis, en verano puede que no sean suficientes". Esa misma idea la comparte Francisco Obama, al que la medida le encuentra precisamente circulando en bicicleta.

"El año pasado ya intentaron que no se dejen las bicis en la barandilla durante el verano, porque pintan justo antes de la temporada y no quieren que se estropee", explica. Sin embargo, añade que el problema de fondo sigue ahí: "Hay muchas bicis durante estos meses y tendrían que habilitar más zonas de aparcamiento".

"A mí me perjudica"

Laura Faya incide en ese mismo punto desde la experiencia de quien utiliza la bicicleta como medio de transporte habitual. "A mí concretamente me perjudica porque es mi medio de transporte y en verano no hay puntos suficientes donde dejarla", sostiene.

Laura Faya en el paseo dee Santa Marina.

Laura Faya en el paseo de Santa Marina. / M .T .N.

Su reflexión introduce un matiz relevante en el debate: la restricción puede entenderse desde el punto de vista del orden urbano, pero obliga a ofrecer alternativas reales para quienes llegan al paseo en bici y necesitan estacionar. La propia Faya resume esa carencia al señalar que el problema se agrava porque "aumenta mucho el número" de vehículos en temporada estival.

Una medida recurrente

La decisión municipal, en cualquier caso, no pilla por sorpresa en Ribadesella. Tino Foronda recuerda que se trata de una actuación conocida en la localidad. "Es solo en verano y ya lo hicieron más años", comenta. También él asume el motivo principal de la restricción: "Es para no estropear la barandilla".

Con todo, introduce una duda sobre el resultado práctico de la prohibición: "Si no las dejan ahí, lo harán en otro sitio". Su observación resume una de las incógnitas que deja la medida: si la retirada de bicicletas y patinetes de la barandilla resolverá el problema o simplemente lo desplazará a otros puntos del paseo o a calles próximas.

Apoyo matizado

Con ese telón de fondo, la iniciativa del Ayuntamiento parece contar con un apoyo matizado. Pocos vecinos discuten que la imagen de bicicletas y patinetes sujetos con candados a la barandilla afea el entorno, genera molestias y contribuye al deterioro de un elemento emblemático del paseo de Santa Marina.

Tino Foronda junto a la barandilla del paseo de Santa Marina.

Tino Foronda junto a la barandilla del paseo de Santa Marina. / M .T .N.

Pero al mismo tiempo aflora una reclamación compartida: si se endurece la vigilancia y se impide aparcar en ese punto, habrá que reforzar también la red de aparcabicis para evitar que la solución se quede a medias en los meses de mayor afluencia turística.

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