Jairo y Daniel, tonada en los genes: un piloñés y su hijo de 14 años triunfan en los certámenes de canción asturiana
El adolescente queda campeón juvenil del concurso "Ciudad de Oviedo", el mismo en el que su padre llegó a la semifinal

Terente Nicieza
María Terente Nicieza
Cuando este miércoles le comunicaron que había ganado la categoría juvenil del Concurso de canción asturiana "Ciudad de Oviedo", Jairo Enrique Pérez no estaba pendiente del fallo ni repasando la actuación, sino "con los amigos jugando al fútbol", hasta que su padre, Daniel Pérez le mandó un mensaje con la noticia.
La escena resume bastante bien la historia de ambos: la tonada como una pasión que se vive en familia, que se aprende en casa y que luego se pone a prueba sobre el escenario. En el mismo certamen, Daniel alcanzó la semifinal, de modo que la cita dejó algo más que un resultado: la imagen de un padre y un hijo avanzando a la vez dentro de una misma tradición.
No hay aquí un éxito repentino ni una afición pasajera. Jairo empezó a cantar con seis años y a competir con nueve, y recuerda que todo arrancó porque "cuando era pequeño mi padre me cantaba tonada para dormirme. Entonces, cuando iba creciendo, yo lo tarareaba y me apuntaron".
Daniel explica cómo acabó implicándose él también arrastrado por Jairo: "Al llevarlo a ensayar, me insistieron que cantara y me acabé apuntando". El hijo empezó primero y el padre acabó entrando después, hasta formar una pareja inseparable de concursos, viajes y ensayos.
Una casa que canta
En algunas familias la música acompaña; en otras, organiza la vida cotidiana. En la de Jairo, Daniel y Miriam la tonada ha ido ganando espacio a fuerza de costumbre, de escucha y de disciplina. Jairo ensaya todos los días en casa "para no perder el hábito" y los miércoles se desplaza a Gijón para trabajar con su profesor, Ismael Tomás, después de haber pasado antes por otros maestros y otras etapas de formación. Cuando comenzó, además, era "el único pequeño" entre alumnos mayores, un detalle que dice mucho del peso de la tradición, pero también de la falta de cantera juvenil.

Jairo Pérez, ganador el concurso Canción asturiana Ciudad de Oviedo. / LNE
En ese aprendizaje compartido hay cariño, pero también exigencia. Jairo admite que entre los dos "a veces hay piquilla", y Daniel lo concreta con media sonrisa: "A ver quién es mejor, dónde fallamos cada uno". Más que una rivalidad, lo que aparece ahí es una forma de acompañarse a través de la música, con todo lo que eso tiene de roce, de aprendizaje y de confianza.
Aprender juntos
No cantan juntos como dúo ni comparten repertorio, porque cada uno tiene su terreno y su manera de colocarse en la tonada. Daniel explica que él es bajo y que Jairo, hasta ahora, se ha movido más arriba, como tenor, con facilidad para coger el tono con la gaita, mientras él mismo se siente más cómodo sin ella. Esa diferencia de voces hace que no se miren como un espejo, sino como dos intérpretes distintos unidos por la misma raíz.
La transmisión no consiste en copiar, sino en encontrar una voz propia a partir de lo heredado. Jairo llegó a la final de Oviedo con "Adiós Asturias del alma" con gaita y "Yo quiero vender les vaques" sin ella, dos piezas elegidas dentro de un repertorio que se va haciendo más difícil a medida que avanza el concurso. Asegura que al terminar de cantar, lo que sintió fue algo muy físico y muy reconocible para cualquiera que haya competido alguna vez: "Alivio, porque tenía una carga aquí en el pecho".
Competiciones en familia
Hay un momento del relato en el que el concurso deja de ser un asunto individual y se convierte en una historia de vínculo: "Los dos nos ponemos más nerviosos cuando le toca cantar al otro que cuando nos toca cantar a nosotros mismos", asegura Jairo. Daniel coincide y admite que también sufre más cuando canta su hijo que cuando le toca salir a él.
Ese cruce de admiración y aprendizaje también se escucha cuando hablan el uno del otro. Jairo resume lo recibido con una frase que refleja el "pique" que comparten: "aprender a cantar, entre comillas", mientras Daniel destaca en su hijo "la tranquilidad sobre el escenario" que a él le sorprende.
No es extraño que el triunfo juvenil de este año en Oviedo tenga un peso especial: Jairo ya había ganado ese mismo certamen en categoría infantil, de modo que el premio actual suena menos a fogonazo que a confirmación de una trayectoria que viene de lejos.
Cantera y futuro
Jairo reconoce que entre la gente joven no son muchos, y Daniel sostiene que hoy hay menos cantera que cuando su hijo empezó, sobre todo entre los chicos, porque muchos abandonan cuando llega el cambio de voz y se ven obligados a rehacer el repertorio. Por eso defiende que la tonada necesita más visibilidad, entrar en los colegios y acercarse a los jóvenes antes de que la tradición se convierta en un territorio cada vez más estrecho.
En esa tarea cita ejemplos cercanos, como las sesiones organizadas en Infiesto por "La Maléfica", donde ambos bajan a cantar y comprueban que, a veces, "valoran más la tradición la gente de fuera que la de casa".
El triunfo en Oviedo, cuya entrega de premios será el 21 de junio en el Teatro Filarmónica, no cierra una etapa tanto como abre otra para Jairo, que este sábado aún tiene por delante la final del concurso de canción asturiana “Pueblos de Llanes” antes de hacer un alto obligado mientras su voz termina de asentarse.
A sus 14 años, tras ganar este miércoles en Oviedo, Jairo afrontará su último concurso, antes de hacer una pausa obligada mientras su voz termina de cambiar. "Ahora ya tengo que parar de competir porque ya empiezan a salir gallos", admite el joven cantante, que asume este paréntesis como parte del camino. No suena a despedida, sino a espera: "Si la voz me lo permite, me gustaría estar entre los de arriba".
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