Colunga rinde homenaje póstumo a José Antonio Fidalgo, "hombre sabio y bueno"
Acto en memoria del profesor, gastrónomo y autor de más de 250 libros, colaborador durante más de 30 años de LA NUEVA ESPAÑA, donde publicó más de 2.000 artículos

La iglesia de San Juan de Duz, en Colunga fue sede este sábado un homenaje póstumo a un hombre "sabio" y "bueno", el profesor, gastrónomo y escritor José Antonio Fidalgo Sánchez, natural de esa localidad, fallecido en diciembre y colaborador durante más de 30 años de LA NUEVA ESPAÑA, donde publicó más de 2.000 artículos. Acudieron autoridades, familiares y amigos. Cuatro voces cercanas al homenajeado desgranaron las múltiples facetas del llorado maestro.
Pepa Martínez Ordieres, vecina y coetánea de Fidalgo, aportó la perspectiva más íntima al evocar al "niño de San Juan" que fue su compañero de escuela: "Recuerdo que lo sabía todo". Pero lo que más destacó fue su bondad: "Ni siquiera robaba arbeyos como nosotros", confesó entre sonrisas. Recordó que muchas veces pensó: "Este niño va a ser algo", rememoró.
Matrícula de honor
El pronóstico fue acertado: Fidalgo estudió en el Colegio de la Inmaculada en Gijón, y su vecina recordó que ella y su familia aplaudían y se sentían orgullosos al escuchar: "José Antonio Fidalgo, matrícula de honor; José Antonio Fidalgo, matrícula de honor"… La interviniente concluyó con una frase que el homenajeado pronunció durante el centenario de la iglesia: "Hay que hacer el bien, hacerlo bien y ser buena persona". Justo "lo que él ha sido en la vida", añadió.

José Antonio Fidalgo. / Luisma Murias
Xuan Xosé Sánchez Vicente, profesor, político, escritor y ensayista, rememoró los encuentros personales con Fidalgo y su esposa, Alicia Alonso, en un hórreo donde acogían a visitantes de toda índole... como el premio Nobel Severo Ochoa. Repasó la ingente producción bibliográfica del homenajeado: 150 libros dedicados a Física, Química y disciplinas científicas, y más de un centenar sobre cocina.
Tortilla de San Juan de Duz
"Era un hombre entretenido, ameno, muy culto", resumió Sánchez Vicente, que destacó dos obras culinarias: una de pequeño formato con prólogo del futbolista Quini y otra con más de 400 recetas, entre las que figuran creaciones tan singulares como los huevos al paisanín o la tortilla de San Juan de Duz. Subrayó la afabilidad del homenajeado, "muy próximo y muy cariñoso".
Miguel González Pereda, cronista oficial de Villaviciosa, aseguró que Fidalgo era "todo conocimiento, todo voluntad". Fidalgo le explicó que sus saberes procedían de su infancia en el asilo de Colunga, donde residió y donde una mujer le transmitió historias, cuentos, cantares y recetas. Allí situó González Pereda el germen de la posterior labor como divulgador de Fidalgo.
Describió también la época universitaria de Fidalgo en Oviedo, donde acudía a la casa de los Figaredo. Allí coincidió con Carmen Rodríguez, de Ribadesella, "muy buena y gran cocinera". La mujer no sabía leer y, ante la afluencia constante de personalidades –"cuando no venía a comer el gobernador, venía el obispo"–, le pedía a Fidalgo que le leyera las recetas hasta diez veces. "Llegó a aprender recetas de memoria" y acabó convirtiéndose en un "sabio de la gastronomía".
Una "nube de fantasía"
Ubaldino Martínez, uno de los impulsores del homenaje, leyó el discurso que Fidalgo pronunció al ser nombrado cronista de Colunga, en el que reflexionaba con humildad sobre la responsabilidad de compartir el cargo con el general Juan Vigón y el profesor Francisco Grande Covián, con quienes no se atrevía a competir "en categoría humana e intelectual".
Fidalgo aseguró en aquella intervención en 2019, que desde su nombramiento como hijo predilecto de Colunga, poco antes que el de cronista, no sabía si vivía "en una nube de fantasía o en una especie de noria mental donde todo me da vueltas alternando alturas y suelos en velocidad vertiginosa".
Reconocía la influencia de su tía Palmira, a quien llamaba "mamina", y de los Figaredo Montoto, a los que consideraba "más que su familia". Y citó el consejo de Siro Arribas, su catedrático de Química Analítica: "Mire, Fidalgo, nunca se limite a cumplir con su deber porque, si lo hace, ya no cumple con su deber. Usted es científico, esfuércese en saber cada día más y en conseguir que los demás también lo sepan. ¡Nunca deje de escribir!".
El acto concluyó con la actuación del coro orfeòn "San Lorenzo", de Gijón.
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