Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Roberto Llamedo, un "superatleta" de 76 años que colecciona victorias: "Creo que tengo 40 años"

El naveto, que vive en Oviedo y tiene segunda residencia en Llanes, atesora medallas de oro, plata y bronce nacionales, europeas y mundiales en duatlón, triatlón y hockey sobre patines

Roberto Llamedo en un rincón de su casa de Celoriu en el que guarda algunos de los muchos trofeos que ha ganado.

Roberto Llamedo en un rincón de su casa de Celoriu en el que guarda algunos de los muchos trofeos que ha ganado. / Ramón Díaz

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Ramón Díaz

Ramón Díaz

Celoriu (Llanes)

"Quiero ser campeón del mundo". La frase, pronunciada con la convicción de quien no concibe otra opción, no pertenece a un joven deportista en la cima de su carrera, sino a Roberto Llamedo Viña, un "superatleta" de 76 años que acumula un palmarés que muchos profesionales envidiarían: campeón de España y Europa y subcampeón del mundo de triatlón; oro nacional y plata y bronce mundial de duatlón; cuatro veces campeón de Europa de hockey sobre patines… Y no piensa parar, quiere más.

Llamedo nació en Nava, vive en Oviedo y tiene segunda residencia en Celoriu (Llanes). Su infancia transcurrió en gran parte entre los muros del internado de los Dominicos en Oviedo, donde permaneció siete años. Fue allí, con apenas 10 años, donde un dominico le invitó a probar el hockey sobre patines. Esa disciplina fue su primer gran amor deportivo. Con el equipo del colegio llegó a ser primero subcampeón de España de juveniles y, dos años después, campeón. Era la primera vez que un club no catalán lograba el título nacional.

Pero la vida le apartó temporalmente del deporte. Trabajó en un banco, empezó de meritorio y llegó a director, pero la enorme presión que se vivía en una época de fusiones bancarias le llevó a aceptar la prejubilación con solo 50 años. Bastó un apretón de manos para cerrar el trato: "Mi padre, que era carnicero, siempre me dijo que dar la mano valía más que un juramento y que un notario".

"Cosa de frikis"

El deporte lo reclamó. Primero fue una bicicleta de montaña que le prestó su amigo ya desaparecido José Manuel Fuente, "El Tarangu", y después la carrera a pie. Corrían los años ochenta, cuando salir a correr era todavía considerado "cosa de frikis". No se amilanó. Convenció a su mujer y a otros amigos para compartir entrenamientos, pero su competitividad innata le empujó a ir más allá. Empezó con el duatlón, pero enseguida vio que le faltaba algo. "Y me dije a mí mismo que quería ser campeón del mundo de triatlón". Así que a la bici y a la carrera había que unir la natación. Quienes lo escuchaban se encogían de hombros. "Me miraban raro", admite con una sonrisa.

El problema, y gordo, era la natación. "Los que corremos, según me dicen, nos asfixiamos nadando. Y yo, encima, me hundo". Con la ayuda de Marisa Montero, una entrenadora de Gijón, empezó a aprender técnica. Al principio fue un suplicio: un triatlón en Gijón, con olas que le impedían avanzar, totalmente desorientado… Tampoco ha mejorado demasiado la cosa: el agua sigue siendo su talón de Aquiles. Es la primera prueba y asegura que siempre llega el último. Pero, en cuanto coge la bicicleta, siente que el mundo es suyo. Ahí no tiene rival.

Espíritu competitivo

El año pasado, Llamedo sumó un nuevo título. En el Campeonato de España de duatlón en Cáceres, compitió dos días seguidos, en dos modalidades, sprint y olímpico, logrando el segundo y el primer puesto, respectivamente.

Después, en los Campeonatos del Mundo de Pontevedra, fue tercero en sprint, quinto en olímpico y segundo en duatlón cross. Una medalla de plata que le supo a poco: "Si me llegan a decir que el que iba primero, un inglés, estaba a solo dos minutos, lo hubiera pillado. Pero hice la última vuelta casi caminando, disfrutando".

Su espíritu competitivo no entiende de años. Para él la edad no es más que "un número". "Yo creo que tengo 40 años; me miro al espejo y me pregunto quién es ese tipo que me mira", afirma entre risas.

No para. Ahora se prepara para un nuevo reto: los Campeonatos de Europa de duatlón y triatlón, seguidos de los Campeonatos de España y, si el cuerpo aguanta, los Mundiales en septiembre. Pero antes, mañana mismo, viajará a Italia como parte del staff de su equipo de hockey, los Amigos del Cibeles. Dejó de competir en esta disciplina por miedo a una lesión: "Hay gente muy joven que si te carga con el hombro te saca por encima de la valla. Y recuperar una lesión ahora es mucho más difícil que hace años", explica.

Código de valores

Lo que mueve a este incombustible deportista, más allá del deseo de victoria, es un código de valores que aprendió en el Cibeles. "Tenemos lo que llamamos ‘el tercer tiempo’. Juguemos contra quien juguemos, ante todo está la amistad", explica. No es retórica vacía: el Cibeles beca a niños que practican hockey, pero no solo por su rendimiento deportivo, sino por "ser buenos compañeros, buenos amigos y sacar buenas notas". Colaboran también con numerosas iniciativas benéficas.

El verdadero motor de este hombre incansable es su familia. Lleva 51 años casado con Merche, y tienen dos hijos y cinco nietos, que ya saben que el abuelo siempre está compitiendo. "En mi casa hay que hacer deporte", comenta con orgullo.

Mientras el cuerpo aguante

¿El secreto para mantenerse en forma a los 76 años? "Ninguno. Lo importante es hacer lo que te guste". Y añade con la honestidad del que no busca aparentar: "Me cuido relativamente. Duermo mucho, mínimo ocho horas, y si no me despiertan, doce". Tampoco renuncia a sus placeres: presidió la Cofradía de la Sidra de Asturias y no se priva de un gin-tonic o de una cerveza, aunque esta última la ha limitado por problemas con el ácido úrico.

Roberto Llamedo compite porque no concibe otra forma de vivir. Cuando tras una carrera le preguntan si vio una casa o un paisaje, responde que no. "Yo no veo nada. Voy a lo mío. Si puedo hacer un minuto menos, un segundo menos, lo hago". Y aunque reconoce que su desmedido afán competitivo le impide a veces disfrutar, sabe también que es lo que le ha llevado a lo más alto. "A mí tienen que morder, no me dejo. Si voy primero, aguanto; y si voy segundo, me lanzo a por el primero". Mientras el cuerpo aguante, asegura que seguirá compitiendo. Y probablemente, ganando.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents