Niembru se reúne en torno a San Pelayo: “Llevamos viviendo la fiesta desde pequeñas"
Más de un centenar de vecinos arroparon una mañana de ramos, cantos y emoción compartida
María Terente Nicieza
Niembru volvió a mirarse este sábado en su fiesta de San Pelayo y a reconocerse en una imagen que resume buena parte de su identidad: más de un centenar de vecinos vestidos de porruanos y aldeanas, los ramos en alto, las panderetas marcando el paso y un pueblo entero acompañando a su patrón en una mañana de cielo despejado. No fue solo una cita del calendario festivo. Fue, sobre todo, una jornada de reencuentro.
El pueblo reunido
El día grande había comenzado a las 11:30 horas con el pasacalles de la Banda de Gaitas L'alloru de Balmori, preludio de una mañana señalada en rojo para Niembru. A las 12:00 salieon los ramus de la capilla de San Pelayo y media hora más tarde se celebró la misa solemne en la iglesia parroquial. Al término de la ceremonia llegó uno de los momentos más esperados y singulares del programa: el tradicional Genaro, ejecutado por las aldeanas.
En torno a ese itinerario se fue armando la verdadera fotografía del día. Había vecinos de siempre, familias enteras, gente joven implicada en la organización y también personas que regresan expresamente desde fuera para no faltar a la cita. "Es una fiesta de hace muchos años, y es muy guapo porque se junta todo el pueblo", resumía la vecina Elena Sánchez. Su definición, condensaba el sentido de una celebración que en Niembru se vive como herencia y como pertenencia. "Es el patrón", añadía.
Dentro de la fiesta
Entre quienes seguían la procesión con atención estaban María Sustacha y Alba Torres, integrantes de la comisión de fiestas. Este año, de manera excepcional, no pudieron vestirse para participar en el cortejo porque ambas están embarazadas, aunque eso no las apartó de la jornada. Las dos documentaban cada momento de la comitiva camino de la iglesia, con la vista puesta en las aldeanas que avanzaban cantando y tocando las panderetas.
"Este año no nos vestimos porque estamos embarazadas, si no, estaríamos ahí", explicaba María Sustacha mientras señalaba el desfile tradicional. Hablaba desde la continuidad de quien lleva años dentro de la fiesta. Alba Torres incidía en esa idea de comunidad que se reactiva cada 27 de junio: "Es un día en el que nos juntamos; hay mucha gente que viene de fuera". Y añadía una segunda clave, casi de aprendizaje sentimental: "Es una tradición. Llevamos viviendo la fiesta desde pequeñas".
El símbolo del Genaro
Si hay un gesto capaz de distinguir la celebración de Niembru, ese es el Genaro. Según explica María Sustacha, esta tradición tiene su origen en La Borbolla y fue Genaro Riestra, vecino de la localidad, quien la llevó hasta Niembru, donde acabó adoptando su nombre. El rito consiste en una reverencia que una formación de aldeanas realiza en la iglesia ante la Virgen.
La escena, esperada por los presentes, no solo conserva un ceremonial antiguo; también mantiene viva una forma de entender la fiesta como transmisión. Lo que allí se veía no era únicamente una coreografía, sino una cadena de memoria compartida entre mujeres de distintas edades, entre quienes lo aprendieron hace décadas y quienes han crecido viendo ese mismo gesto repetirse cada junio.
La mirada de fuera
La comitiva tampoco pasó inadvertida para quienes estaban de paso. Numerosos turistas se toparon con el cortejo y lo siguieron con curiosidad, móvil o cámara en mano, sorprendidos por la fuerza visual de la celebración. "Los trajes son muy bonitos", comentaba Claire Stevens entre el público, una de las visitantes que se detuvieron a fotografiar la procesión.
Ese asombro exterior contrastaba con la naturalidad con la que el pueblo vive una escena que para muchos visitantes resulta inesperada. Ahí reside parte del atractivo de San Pelayo en Niembru: en la capacidad de conservar una celebración profundamente local sin convertirla en una representación vacía. La mañana avanzó entre cantos, ramos y reencuentros, y el programa continuó después con el remate de los ramos, la sesión vermú, los bailes regionales, la romería y la verbena. Pero antes de todo eso, Niembru ya había dejado claro lo esencial: que su fiesta mayor sigue siendo, por encima de cualquier otra cosa, una manera de volver a casa.
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