Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Riegu, en Llanes, recupera el pulso más íntimo de San Pedro

La vuelta del ramu afianzó una celebración sostenida por vecinas, memoria compartida y lazos entre generaciones

El ramu de Riegu saliendo hacia la capilla

El ramu de Riegu saliendo hacia la capilla / M .T .N.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

María Terente Nicieza

Llanes

En Asturias, cuando llega el verano, casi cada jornada tiene nombre propio en el calendario festivo. Pero entre tantas romerías, verbenas y patronales, la de San Pedro en Riegu conservó este domingo un valor distinto, más íntimo, más pegado a la memoria del lugar y a la forma en que un pueblo pequeño se aferra a su identidad. En Riegu, la celebración del patrón se sostiene desde dentro, con el peso de la tradición y con el orgullo callado de quienes entienden que las costumbres no sobreviven solas.

Ese carácter familiar resumió buena parte de la jornada. M.ª Encarnación Gutiérrez, "Mariencar", una de las encargadas de continuar con la tradición del ramu, lo deja claro en su explicación inicial sobre la celebración: "Aquí somos todos familia". Ahí estuvo precisamente una de las claves de la fiesta, en esa manera de celebrarse no como un gran escaparate, sino como un encuentro de los de dentro y de los que siempre vuelven.

El regreso del ramu

La recuperación del ramu había marcado ya un antes y un después en la localidad. El pueblo lo recuperó el año pasado después de 25 años sin celebrarlo, de modo que esta edición tuvo también algo de confirmación, como si la tradición, una vez devuelta a las calles, necesitara asentarse definitivamente en la vida del pueblo. En núcleos pequeños, recuperar una costumbre es también recuperar una parte de la memoria compartida.

El ramu sale desde la casa de la persona que dona el pan, como manda la costumbre. Este año lo hizo desde la vivienda de Loli Collado, donde poco antes de la salida todavía se ultimaba el enramado con ayuda de otra vecina, en una escena doméstica y ceremonial al mismo tiempo, antes de que la comitiva echara a andar hacia la capilla de San Pedro. Ese inicio permitía apreciar con claridad que esta fiesta mantiene una escala humana, en la que cada gesto tenía nombre y cada preparación se hacía entre manos conocidas.

Mujeres, cantos y relevo

Mariencar recordó, además, quién sostiene buena parte de ese esfuerzo: "somos todo mujeres". La frase no solo describe la organización, sino que retrata un modo de hacer, en el que el trabajo callado, la constancia y la transmisión del legado son fundamentales. También la comitiva de aldeanas que acompañó el ramu con panderetas y cantos respondió a esa lógica familiar: la forman dos familias, los San Miguel y la familia de la propia Mariencar, junto a sus hijas y nietas, encargadas ahora de custodiar el legado de su propia historia.

Ahí apareció otra de las imágenes con más simbolismo de la jornada, la de varias generaciones compartiendo un mismo rito. No se trata de repetir una costumbre, sino de enseñarla, de darle continuidad y de convertirla en una experiencia viva para quienes no la habían conocido en su forma original. "Seguir adelante con las tradiciones es importante para que vean que antes se vivía de otra manera y mantener la unión del pueblo", explica emocionada Mariencar.

Una romería para los de aquí

Después de la misa y de la procesión, la fiesta cambió de ritmo, pero no de sentido. Llegó la sesión vermú, animada por el grupo Picos de Europa, y más tarde la paella, el concurso de postres y el remate del ramu, dentro de un programa pensado para alargar la convivencia durante toda la jornada. El objetivo: que el pueblo comparta y cree nueva memoria. "Esto es una romería para que disfrute la gente de aquí", resume Mariencar. La frase volvió a poner el foco en lo esencial: San Pedro en Riegu no necesita grandes artificios para tener personalidad propia. Le basta con esa mezcla de devoción, costumbre recuperada, trabajo vecinal y sentimiento de pertenencia que convierte la fiesta en algo más que una celebración patronal. En un verano asturiano lleno de citas, Riegu encontró su diferencia precisamente en lo cercano: en una comunidad que se reunió para honrar a su patrón y, al mismo tiempo, para recordarse a sí misma que sigue unida.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents