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Mazucu Rebulle, el espíritu de la comunidad que revive para ser Pueblo Ejemplar

La comunidad reactiva su herencia colectiva tras la reparación de la escuela local y mirando al futuro para optar al galardón de la Fundación "Princesa de Asturias"

Inauguración de la exposición fotográfica y presentación del libro de Lena Valladares

Inauguración de la exposición fotográfica y presentación del libro de Lena Valladares / Cedida a LNE

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María Terente Nicieza

Llanes

La antigua escuela del Mazucu, apareció un día inundada y aquella escena, que empezó como contratiempo, terminó por convertirse en una advertencia para todo el pueblo. Si se perdía ese edificio, el único espacio común de la aldea, no solo desaparecería una construcción, se resquebrajaría una manera de reunirse, de organizarse y de seguir haciendo comunidad.

De esa sacudida, nace en septiembre de 2023 la asociación “El Mazucu Rebulle”. Durante años, y a pesar del deterioro que iba sufriendo la vieja escuela, los vecinos la utilizaban para ensayar la fiesta del 1 de marzo, una cita que en el Mazucu se mantiene fiel al calendario, “caiga en el día de la semana que caiga”, explica Silvia del Hoyo Meré, una de las impulsoras del colectivo. El abandono del edificio acabó obligando a dar un paso más. "O nos ponemos las pilas, o en cuatro días no tendremos ni un sitio para reunirnos", pensó Silvia.

Aquella inundación dejó también una conclusión más profunda: "O miramos un poco por lo nuestro, o nadie va a venir aquí a hacer nada", resume Silvia. En esa idea se entiende también el nombre de la asociación, porque rebullir es moverse, agitarse, y en el caso del Mazucu, negarse a aceptar con resignación que los pueblos solo puedan ir a menos.

Recuperar lo común

Mazucu Rebulle no nació solo para organizar actividades. Nació, sobre todo, para recuperar un espíritu comunitario que en El Mazucu había sido durante mucho tiempo una forma natural de vivir. Silvia recuerda las antiguas sextaferias, aquellos trabajos compartidos para arreglar caminos y atender lo de todos, y lamenta que esa costumbre se haya ido debilitando a medida que el pueblo perdía población estable y la vida cotidiana se desplazaba fuera. "Al final, es recuperar lo que es nuestro y el espíritu de comunidad, que yo creo que es importantísimo", explica.

En su reflexión hay también una autocrítica poco complaciente. "Parece que los pueblos cada vez van a menos, pero en gran parte la culpa es de los que vivimos en ellos, que nos acomodamos", sostiene. Frente a esa resignación, la asociación defiende que todavía es posible activar una red vecinal, si hay unas cuantas personas dispuestas a tirar del resto.

Memoria y cuidados

Desde entonces, la asociación ha ido tejiendo una actividad muy pegada al terreno y a la gente. Recuperó una carrera de montaña "Trail El Mazucu Rebulle", que en poco tiempo se ha convertido en una cita capaz de movilizar a voluntarios, familias y mesas llenas de tortillas, empanadas y postres caseros, en una jornada que se vive casi como otra fiesta del pueblo.

Pero quizá donde mejor se ve el alma del proyecto es en su trabajo con la memoria. La exposición de fotografías antiguas reunió más de trescientas imágenes, algunas llegadas desde el otro lado del Atlántico, adonde emigraron familias de la zona: "Fue una pasada porque muchas familias descubrieron fotos que ni ellos mismos tenían", recuerda Silvia. De ese mismo esfuerzo salió un libro realizado por Lena Valladares Llavona, editado con una subvención del Ayuntamiento de Llanes, que recorre la historia de El Mazucu a lo largo del siglo XX y se detiene especialmente en las décadas de los 40 a los 70, cuando se concentra la mayor parte del material gráfico conservado. El volumen no solo ordena fotos: fija una memoria dispersa en álbumes familiares y cajones, convirtiendo esa historia compartida en patrimonio del presente.

La asociación trabaja también en la recuperación de bailes y tradiciones de la zona, un patrimonio frágil que depende mucho de la transmisión oral y que corre el riesgo de desvanecerse si no se protege. Y junto a esa labor cultural hay otra línea especialmente reveladora: el cuidado de los mayores. Con el programa "Conectando vidas, mejorando vidas", Mazucu Rebulle puso en marcha un servicio semanal de taxi para acercar a personas mayores a Posada y facilitarles compras, recados, visitas al médico o, sencillamente, un café fuera de casa. Una de las usuarias se lo resumió a Silvia con una frase que explica por sí sola la dimensión del proyecto: "A mí eso me dio la vida".

Una deuda pendiente

Si hay una iniciativa que Silvia recuerda con especial emoción es el homenaje a las mujeres mayores del pueblo, celebrado en 2024 junto a la Casa de Cultura de Llanes bajo el título "Mujeres del Mazucu". Aquel acto reunió un reportaje audiovisual, un pequeño volumen biográfico escrito también por Lena Valladares y una respuesta masiva de vecinos y familias alrededor de unas vidas marcadas por el trabajo, la posguerra y la dureza de una aldea de montaña. "Era una deuda pendiente que teníamos con ellas", dice Silvia. En esas mujeres estaba, además, una parte decisiva de la memoria del pueblo, incluidas las huellas de una guerra civil especialmente dura en El Mazucu.

El futuro compartido

La asociación reivindica, en el fondo, una forma de entender el pueblo y de arremangarse. "Hay que pelear por las cosas y no dejar que se nos pase la vida sin hacer nada", afirma Silvia. En la práctica, se traduce en no esperar a que venga nadie a arreglar las cosas. Un ejemplo es la reparación del tejado de la capilla, donde los vecinos aportaron dinero y trabajo durante la Semana Santa. "Habrá pocos pueblos tan unidos para el trabajo comunitario", resume Silvia.

Ahora el gran desafío es el relevo generacional, conseguir que la gente joven se implique y sienta que el pueblo también depende de ellos. Mientras tanto, El Mazucu ya ha dado un paso importante: entender que la mejor manera de resistir no es encerrarse o esperar, sino reunirse. Por eso su intención de presentarse este año al Premio "Pueblo Ejemplar de Asturias" encaja con naturalidad en el camino emprendido, ya que la convocatoria de 2026 distingue precisamente a núcleos que destacan por la defensa de su patrimonio, su entorno y sus obras comunales o manifestaciones de solidaridad. Más que una meta, esa candidatura parece la prolongación lógica de una convicción sencilla y poderosa: que un pueblo sigue vivo mientras sus vecinos sigan dispuestos a compartir memoria, trabajo y cuidado.

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