La imagen de las fiestas del pueblo la genera una máquina: hórreos gallegos por asturianos y sidra con tapón de rosca, advierte la creadora porruana Nieves González ante los abusos de la IA
La IA generativa ha desplazado muchas de las creaciones que antes desarrollaban artistas locales por imágenes en serie y sin identidad: "El 90% de los carteles de festejos y de asociaciones se crean ya así", subraya

Nieves González en Porrúa / M .T .N.
María Terente Nicieza
El cambio empezó el año pasado y este verano ya está por todas partes. Nieves González, artista porruana formada en Bellas Artes, asegura que muchas comisiones, asociaciones y fiestas que antes encargaban sus carteles a profesionales han pasado a resolverlos con inteligencia artificial. "Al principio fueron dos o tres casos, pero este año creo que casi el 90% de los carteles de fiestas y de asociaciones se crean con IA", resume.
El cambio
González tiene 37 años y lleva un año dedicada por entero a su trabajo artístico. La primera vez que vio de cerca lo que podía hacer la IA generativa fue en clase, cuando un alumno le enseñó una imagen generada con ChatGPT. Entonces lo vio como una novedad, pero no pensó que acabaría entrando de lleno en el terreno del diseño y la ilustración.
Ese salto, dice, se nota sobre todo en los encargos pequeños, justo los que durante años sirvieron para sostener trabajo y para hacerse un nombre. A su juicio, se está abriendo una brecha: "las marcas de lujo" y quien puede pagarlo siguen buscando "calidad humana", mientras la IA se queda con carteles de fiestas, asociaciones, sindicatos o convocatorias de actos. Ahí es donde ve una de las pérdidas más claras para quienes empiezan. "Antes ganabas visibilidad haciendo carteles para asociaciones, fiestas y era la forma de darte a conocer", señala sobre una puerta de entrada que, a su juicio, se está cerrando. A esto se suma la rapidez con la que se obtienen los resultados y que la gente exige en las entregas.
Propiedad intelectual
Su crítica no se limita a la pérdida de encargos. Para González, el principal problema está en el origen de las imágenes. "La IA generativa no se puede usar" para crear imágenes, sostiene, porque "vulnera los derechos de la propiedad intelectual".
Su argumento es que estas plataformas se nutren de trabajos previos sin pedir permiso a sus autores. La IA "se alimenta" de ilustraciones, fotografías e imágenes ya publicadas en internet "y no nos pide los derechos".
Por eso no plantea un rechazo absoluto a la tecnología, sino una exigencia de reglas. Si un creador quiere ceder su obra para entrenar una plataforma, defiende, debería hacerlo con contrato, consentimiento y compensación económica. Solo en ese marco hablaría de un uso legítimo.
Intrusismo
La artista sitúa otro problema en el criterio de uso. A su juicio, muchas de las personas que hoy resuelven un cartel con IA no tienen formación en diseño ni criterio visual suficiente para distinguir entre una imagen llamativa y un trabajo bien planteado. A simple vista, reconoce, el resultado puede funcionar. "De primeras cuesta darse cuenta porque los carteles son estéticos", explica. El problema aparece después, cuando todo empieza a parecerse. "Todos los carteles son iguales", dice, ya anuncien "un menú del día, un gimnasio o una verbena".
Ahí sitúa una homogeneización que empobrece el paisaje visual y también el oficio. La máquina ofrece una solución rápida, gratuita en apariencia y fácil de corregir, pero no construye identidad ni sustituye el trabajo de pensar un encargo. "La IA homogeneiza las cosas" y da respuestas "complacientes", resume.
Ese efecto se vuelve más visible cuando la IA intenta representar lo cercano. González sostiene que no crea cultura nueva, sino que repite patrones y mezcla referencias. "Se están haciendo cosas muy ridículas", afirma. Lo explica con ejemplos que ha visto en carteles de temática asturiana. "Te meten hórreos gallegos o sidra cerrada con tapón de rosca", señala. El resultado, añade, es una imagen que parece asturiana, pero no lo es.
Frente a eso, reivindica la vieja cartelería de fiestas, más simple y más eficaz. Aquellos carteles fosforitos con el nombre del pueblo, la fecha y la orquesta "cumplían su misión", resume, porque se veían desde la carretera y servían para anunciar.
Responsabilidad pública
González también ve una contradicción cuando esta deriva entra en instituciones y organismos públicos. Le llama la atención que se use IA incluso para promocionar actividades vinculadas a la proximidad o a la artesanía. "Feria de artesanía local, kilómetro cero" hecha con una imagen generada por una gran plataforma tecnológica: ahí, dice, el mensaje se contradice solo.
En paralelo, observa una "sobreproducción de imágenes" en redes sociales de ayuntamientos y entidades. Según explica, se ha extendido la idea de que cada publicación necesita una imagen, aunque no siempre haga falta. Y ese automatismo también contribuye a desplazar encargos y a llenar los perfiles de soluciones repetidas y generar un impacto ambiental innecesario.
El dilema de la idea y la mano
Pese a todo, González no cree que la IA vaya a borrar al artista. Piensa, más bien, que puede empujar una revalorización de lo manual y de lo artesano. El problema añade, es que esa revalorización llegue acompañada de una exclusividad y acabe reservada a quien pueda pagarla. En ese escenario, el trabajo hecho a mano ganaría prestigio, pero también correría el riesgo de convertirse en un bien cada vez menos accesible.
Su reflexión final introduce un matiz importante. Cuando una imagen de IA es realmente buena y cuesta distinguirla, sostiene, "casi siempre hay detrás un profesional". No suele ser un ilustrador en el sentido clásico, sino "alguien que ejerce de director artístico": aporta la idea, marca el rumbo, corrige y sabe llevar a la máquina hacia el resultado que busca.
La mano puede no ser siempre lo decisivo, sostiene, pero la idea sí. De hecho, defiende que muchos artistas consagrados no ejecutan toda su obra con sus propias manos y que ese debate viene de lejos en la historia del arte. Por eso no descarta la tecnología si algún día está regulada y si se entrena, por ejemplo, solo con obra propia. En esa diferencia entre obtener una imagen y construirla es donde, a su juicio, sigue estando el oficio.
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