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Coro Mixto Peña Santa: la memoria afinada de un pueblo

La formación canguesa recupera la Bienal mientras afianza su renovación con Roberto Norniella

Pili Fonseca y Victoria Soto junto a la foto de Ramón Prada

Pili Fonseca y Victoria Soto junto a la foto de Ramón Prada / M .T .N.

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María Terente Nicieza

Cangas de Onís

Victoria Soto y Pili Fonseca entraron en el Coro Mixto Peña Santa-Ramón A. Prada cuando eran niñas y, al contar su historia, cuentan también una parte de la historia reciente de Cangas de Onís.

Las dos crecieron bajo la batuta de Ramón Prada, el maestro que dio forma al la formación a partir del viejo coro parroquial y lo convirtió durante 57 años en una referencia musical y sentimental de la localidad.

El germen estaba ya en 1957, pero el impulso decisivo llegó cuando Prada, junto al organista Don Raúl, empezó a ordenar voces y ensayos para la inauguración de la nueva iglesia de Cangas en 1963.

Desde entonces, generaciones de vecinos pasaron por una formación que a través de la polifonía, mezcló música sacra, canción popular, zarzuela y un fuerte arraigo local que todavía hoy se deja notar en los actos más señalados del concejo.

"La pasión de Ramón era la polifonía", resumen Soto y Fonseca, que recuerdan cómo iba por las aulas probando voces y reclutando críos para ensayar al terminar las clases.

Aquel impulso, nacido de forma altruista, explica buena parte de lo que Peña Santa sigue siendo hoy: un coro veterano, muy querido en Cangas y empeñado ahora en renovarse sin perder la memoria de su fundador.

Un maestro

Prada enseñaba lengua y pretecnología, pero su verdadera vocación estaba en la música, que aprendió con los agustinos, completó con cursos por correspondencia y desarrolló con un empuje autodidacta que marcó a varias generaciones. "Lo hacía de manera totalmente altruista, no pagábamos nada de nada", recuerdan sus discípulas.

Con él, los niños de Cangas cantaban a cuatro voces desde muy pequeños, viajaban por Asturias a concursos y encuentros corales y descubrían un mundo que entonces parecía lejano. También montaban zarzuelas como "La verbena de la Paloma" y "Agua, azucarillos y aguardiente", y hasta se ganaron un apodo que todavía hoy sonríe en la memoria local: "Nos llamaban el coro de la folixa", por el despliegue coreográfico e instrumental que mostraban en sus actuaciones.

Más que música sacra

Aunque la relación con la parroquia fue siempre estrecha, Peña Santa nunca se quedó solo en lo religioso. A su repertorio sacro sumó canción popular, piezas autóctonas, obras en otros idiomas, incursiones en góspel y hasta una Bienal de Polifonía Regional Autóctona ideada por Prada para reunir en Cangas a coros de distintas comunidades.

Uno de los símbolos de esa identidad sigue siendo "El villancico de la Alondra", compuesto para el coro por Falo Moro y convertido en cierre habitual de los conciertos navideños. La "Missa de Perosi" en San Antonio es otro de esos hitos que definen un sonido propio y una fidelidad al calendario local.

Punto de inflexión

La muerte de Ramón Prada en 2014 abrió un vacío difícil de medir en una agrupación que había vivido 57 años bajo la misma batuta. Durante ocho años tomó el relevo Jesús Miguel Gómez Pellico, un integrante del coro con formación musical que sostuvo el proyecto con esfuerzo, mientras logró compaginarlo con su trabajo.

La tercera etapa comenzó en 2023 con Roberto Norniella, de Arriondas, antiguo escolano y músico de amplia trayectoria, aunque sin experiencia previa al frente de coros: "Fue un cambio muy grande pasar de una dirección de estilo familiar a contratar a un director profesional", explican Soto y Fonseca.

La llegada de Norniella, dicen, ha elevado el nivel de exigencia y ha afinado el conjunto. "Nos ha hecho mejorar muchísimo porque se concentra en temas de afinación", señalan.

Con él han llegado también nuevos retos: conciertos junto al coro de Arriondas y una orquesta de treinta músicos, un programa de música sacra con cuerda y una mezcla más decidida entre tradición, compositores modernos y melodías conocidas. Peña Santa mira así hacia delante sin renegar de lo que fue.

El reto de seguir

Hoy son unos treinta, lejos de los ochenta integrantes de los años sesenta, y la preocupación principal es encontrar relevo. "El gran reto, común a todos los coros, es “conseguir que se apunte gente joven" admiten las dos integrantes que, sin embargo, no dudan en describir al grupo como una formación sólida con un matiz importante: "Somos prácticamente una familia".

Esa familia prepara ya la recuperación de la Bienal el 21 de noviembre, sueña con volver algún día al Teatro Colón y mantiene la ambición de seguir mejorando. Entre los recuerdos, Fonseca guarda uno por encima de todos: cuando el coro sorprendió a Ramón Prada cantándole "Amigos para siempre" en su nombramiento como hijo predilecto de Cangas. "Ese día lo recuerdo como uno de los más felices de mi vida".

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