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Emilio Suero y Arturo Mier, pastores ejemplares de los Picos de Europa que han sido enfermeros, artesanos y hasta madreñeros

Ganaderos y queseros rememoran la visita de Don Felipe de Borbón a la pradera de Lindebobia, en Cangas de Onís para otorgar el premio "Pueblo Ejemplar" en 1994, y los cambios en su actividad cotidiana: "En la cabaña no teníamos sábanas, ni cobertores, y subíamos la manta amarrada a los cuernos de la vaca"

Emilio Suero y Arturo Mier durante su participación en el XV Encuentro de Pueblos Ejemplares. En la pantalla de fondo, Don Felipe de Borbón con los Pastores de los Picos de Europa.

Emilio Suero y Arturo Mier durante su participación en el XV Encuentro de Pueblos Ejemplares. En la pantalla de fondo, Don Felipe de Borbón con los Pastores de los Picos de Europa. / Ramón Díaz

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Fernando Delgado

Cangas de Onís

Las experiencias narradas en primera persona, sobre sus vidas en las majadas de los Picos de Europa, por los pastores Emilio Suero, de 98 años, cangués de Gamonéu, y Arturo Mier, de 44 años, cabraliego de Bulnes, les convirtieron en auténticos protagonistas del XV Encuentro de Pueblos Ejemplares de Asturias, celebrado en Cangas de Onis por la Fundación Princesa de Asturias.

Ambos, junto a Manuel Crespo Fernández, “Lomba”, pastor de San Román, en Amieva, ya fallecido, fueron quienes recogieron el 26 de noviembre de 1994, de manos de Don Felipe de Borbón, en la pradera de Lindebobia, en Onís, los atributos del premio al Pueblo Ejemplar de Asturias otorgado aquel año a los Pastores de los Picos de Europa. Lomba recibió el diploma, Arturo Mier el talón y Emilio Suero pronunció el discurso de agradecimiento.  

 “Aquel día falló el protocolo porque me puse a leer y no me escuchaba nadie hasta que se me acercó el Príncipe y bajó el micrófono para ponerlo a mi altura, ya que todos los que habían hablado antes eran más altos que yo”, recordaba con simpatía el veterano pastor.

Emilio Suero Gao, a sus 98 años, reside en Gamonéu de Cangas, en la misma casa donde nació el 16 de diciembre de 1927. Su vida simboliza un verdadero ejemplo de trabajo, esfuerzo y tesón. Ejerció como pastor hasta los noventa años y fue un hombre muy polifacético, ya que, además de ganadero y quesero, también puso inyecciones, construyó varios inmuebles y cuadras, fue hojalatero, artesano de la madera y hasta madreñero.

Entre los 12 y los 19 años vivió en la majada de Belbín con 24 ovejas y 3 vacas que le daban la leche para elaborar su queso de gamonéu del puerto. Emilio recuerda con precisión el trato que cerró en Vega de Ario con Joaquín “El Cainejo” para cambiar una vaca suya por once ovejas del leonés. “En la cabaña de Belbín, no tenía sábanas, ni cobertores, y subía la manta amarrada a los cuernos de la vaca”, rememora.

A los 19 años cambió la majada de Belbín por la de Ceñal y amplió su rebaño a 140 ovejas, un centenar de cabras y veinte vacas. Emilio fue el penúltimo de siete hermanos, cinco mujeres y dos varones, del matrimonio formado Félix Suero, natural de Gamonéu de Onís, y su esposa Aurora Gao, nacida en Gamonéu de Cangas y quien falleció dieciocho días después de dar a luz a su último hijo.

Emilio contrajo matrimonio el día de Reyes de 1958 con Argentina Alonso Asprón, natural de Gamonéu de Onís. Por lo tanto, este pastor ejemplar, cuando se casó, cruzó el límite entre Cangas de Onís y Onís, en Gamonéu, en sentido contrario a su padre.

Emilio, de 98 años, y Argentina, de 89 años, tienen dos hijos, Félix y Víctor, son abuelos de dos nietos, Vanesa y Sergio, y bisabuelos de Martina. Dentro de un mes volverán a ser bisabuelos con el nacimiento del hijo de su nieto Sergio Suero, quien sigue la tradición familiar al gestionar la quesería Vega Ceñal y pronunció en Cangas de Onís el emotivo discurso que su abuelo Emilio había leído en 1994, en representación de los Pastores de los Picos de Europa, ante Don Felipe de Borbón.

El más joven

Arturo Mier Mier con doce años, era en 1994 el pastor más joven de los Picos de Europa cuando recibió el premio al Pueblo Ejemplar. Nació en Bulnes, en Cabrales, el 29 de diciembre de 1981. “De aquella todavía no había luz en el pueblo”, recuerda. Sus padres, Constantino, de 86 años, y Salud, de 77, tuvieron once hijos y Arturo es el penúltimo de todos ellos.

“Fui el niño mimado de la casa hasta que nació mi hermana menor Salud. Sin embargo, desde los tres años ya andaba detrás de las vacas, ovejas y cabras que daban la leche con la que hacíamos el queso Cabrales. Con ocho años ya mecía el ganado y el queso fue siempre muy esclavo”, recuerda.

En 1994 viajó a Madrid, como el pastor más joven de los Picos de Europa, para explicar en televisión como se elaboraba el queso y su forma de vida en el puerto “que era muy dura”. Fue entrevistado en Prado del Rey de TVE por la periodista María Teresa Campos. Antes “subí al llombo la pesada cámara de televisión hasta Bulnes, cuando vinieron a grabar”. En aquel viaje a Madrid le acompañaron los pastores Lomba y Emilio Suero. “El colegio de Arenas de Cabrales se paralizó aquel día para que los compañeros y maestros pudieran verme por televisión”, recuerda.

Como anécdota, Arturo no olvida que el día del premio “Llevé para mi casa el talón y luego vinieron a reclamármelo porque no sabían dónde estaba”. El joven pastor también fue protagonista del libro editado por Guillermo Mañana sobre los Picos de Europa.

Arturo recuerda que, “de mayo a septiembre vivía en la cabaña familiar en la majada de Amuesa. Me levantaba a las seis de la mañana para mecer a mano las ovejas y después las veinte vacas de la familia. Luego llevaba el queso a la cueva y ayudaba a mis hermanos mayores a la hierba en Bulnes. En una ocasión, subí desde Poncebos hasta Amuesa, caminando durante más de dos horas, la puerta de la cabaña cargada a la espalda”.

Con veinte años se marchó a cumplir el servicio militar y “se me abrió el mundo al salir más allá del Alto de Las Estazadas y ver que existía otra realidad”.

En la actualidad, Arturo trabaja en una empresa de instalaciones eléctricas y reside en una cabaña en San Roque de Riomiera, en la comarca cántabra de Lierganes, camino del Puerto de Lunada que linda con la comarca burgalesa de Medina de Pomar. Allí vive, entre perros, gatos y gallinas, con su pareja María Rivas Garmendia, natural de Solares y a quien conoció cuando ella trabajaba en el refugio del Urriellu y él subía las provisiones en mulas. Por lo tanto, su amor tiene mucha altura, aunque Arturo dice que María le engañó “porque me llevó a vivir durante unos meses a un piso en Solares, hasta que nos venimos para esta cabaña, que tiene muchas más comodidades que la del puerto de Amuesa”. La pareja disfruta del contacto con la naturaleza, de los animales y de las carreras de montaña. Arturo ya ha participado en nueve Traveseras y el sábado correrá la décima. 

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