El activista Santiago González Vallejo denuncia en Llanes un "incremento brutal" de la violencia israelí contra las flotillas: "No podemos convivir con esta desgracia pudiendo hacer algo"
El conferenciante desgrana la razón de las misiones civiles, sitúa la raíz histórica de Palestina y pide compromiso frente a la indiferencia

Luis de Luxán presentando a Santiago González Vallejo, sentado en la mesa. / M .T .N.
María Terente Nicieza
La charla celebrada este martes en Llanes dejó algo más que un testimonio sobre Gaza. Santiago González Vallejo, participante en las flotillas de apoyo de 2025 y 2026, construyó su intervención como un recorrido en tres tiempos: por qué nacen estas expediciones civiles, de dónde viene realmente el conflicto palestino y qué margen de actuación queda a la ciudadanía ante el bloqueo y la pasividad internacional.
El surgimiento de las flotillas
González Vallejo arrancó por el mar, que es también el escenario donde la denuncia se vuelve visible. Explicó que las flotillas no nacen como un gesto aislado, sino como respuesta al bloqueo de Gaza y a la necesidad de poner ante los gobiernos una contradicción que, a su juicio, lleva demasiado tiempo normalizada. Recordó las primeras misiones, el punto de inflexión de 2010, cuando varios barcos fueron asaltados y murieron diez personas, y la articulación posterior de campañas como Rumbo a Gaza dentro de la Freedom Flotilla.
Explica que estas expediciones tienen una doble misión. Por un lado, exigir a los Estados que hagan cumplir el derecho internacional y que no acepten como normal que Israel controle el paso de ayuda y personas hacia Gaza. Por otro, lanzar un mensaje político y humano a la población palestina. "Frente a gobiernos cínicos y verborrea de la complicidad internacional, no están solos", resumió.
El relato se volvió especialmente personal cuando habló de su experiencia directa en la misión de este año. "En el año 2026 la agresividad y violencia israelí ha sido muchísimo más fuerte que la del año pasado", afirmó. Añadió que las imágenes grabadas sobre esa violencia ejercida a ciudadanos europeos “han servido para que gobiernos europeos se hayan caído del guindo viendo que sus conciudadanos han sufrido torturas y vejaciones”.
El origen del conflicto en Palestina
La segunda parte de la intervención buscó desmontar una lectura reducida a la actualidad más inmediata. "La situación de Palestina no empieza el 7 de octubre, sino que es una historia de final del siglo XIX hasta ahora", sostuvo. Desde esa premisa, defendió que lo que ocurre hoy en Gaza solo puede entenderse si se atiende a una secuencia larga de colonización, expulsión y sometimiento.
En ese repaso histórico, presentó la creación del Estado judío en Palestina como una decisión colonial tomada sin contar con la población que habitaba el territorio. También trazó un paralelismo con otros procesos de desposesión y subrayó que la suerte de los palestinos ha quedado marcada durante décadas por la amenaza del desplazamiento o la desaparición física. Su intención, más que ofrecer una lección académica, fue situar al público ante una idea central: que el presente no se explica sin memoria.
Desde ahí enlazó con una crítica a la comunidad internacional por haber asumido durante años un marco de excepcionalidad para Gaza. "No se entiende mucho que se pida el libre tránsito en el estrecho de Ormuz y en el tema de Gaza se permita que Israel haga desde hace muchos años el tema del asalto a los barcos", denunció.
Qué hacer
La tercera parte de la charla fue también la que incluyó aspectos prácticos. González Vallejo sostuvo que conocer lo que ocurre obliga a abandonar la comodidad de la indiferencia y a pensar en formas concretas de compromiso cívico. "No puedo ser indiferente, no puedo vivir sabiendo y conociendo que hay una situación totalmente injusticia a un grupo humano", afirmó.
Entre esas vías, citó el boicot directo como consumidores a productos de empresas que, según denunció, se lucran con la colonización: "no comprar productos farmacéuticos Teva, o no ir a Carrefour, una empresa que tiene comercios en colonias”. También habló de necesidad de ejercer presión sobre administraciones “para impedir que contraten con firmas como CAF, que venden autobuses a ayuntamientos o trenes a Feve” y la necesidad de organizarse para multiplicar la eficacia de las acciones. Insistió además en que muchas de las demandas del movimiento de solidaridad no son excepcionales, sino exigencias de cumplimiento normativo: "lo que estamos pidiendo no es algo extraordinario, sino que se cumpla la legalidad", señaló.
El activista defendió que esa presión sostenida empieza a dejar huella en Europa y avanzó que las flotillas seguirán mientras continúe el bloqueo. "Mientras siga el bloqueo, las flotillas van a continuar", aseguró. Su cierre, sin embargo, no se quedó en la estrategia política, sino en una apelación moral: "No podemos convivir con una desgracia pudiendo hacer cosas para impedirla".
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