La virgen de Loreto vuelve a su capilla en Colunga (y con garantía de relevo)
Colunga culmina la novena arropando en procesión a su patrona entre gaitas, ramos: "Hay que mantener la tradición", proclaman los vecinos

María Terente Nicieza
María Terente Nicieza
La devoción, la música y el encuentro entre generaciones volvieron a reunirse este domingo en torno a Nuestra Señora de Loreto, la patrona popular de Colunga. La iglesia de San Cristóbal se llenó para la eucaristía solemne que precedió a la procesión que permitió el regreso de la imagen a su capilla, un itinerario que cada año cierra los días de novena y que se mantiene fuertementee enraizado en el calendario local.
Desde las 11.30 horas, los vecinos fueron llegando al templo para tomar parte en la jornada grande de las fiestas. Poco antes del mediodía, la iglesia estaba ya a rebosar. En los bancos y a las puertas se mezclaban familias, cofrades, autoridades locales y representantes políticos, entre ellos el alcalde de Colunga, José Ángel Toyos; el representante del PP local Javier Brea, y el presidente del PP de Asturias, Álvaro Queipo.
El inicio de la celebración lo puso la Banda de Gaitas de Corvera. A las 11.50 horas, sus veinte integrantes aparecieron por la calle Les Palmeres en dirección a la iglesia, llevando el sonido de la gaita a un entorno ya tomado por el ambiente festivo. La formación participó por cuarto año consecutivo en la cita. "Estamos encantados en Colunga", señaló su director, Bras Rodrigo.
La misa concluyó con la interpretación de "Asturias, Patria Querida" a cargo de la banda de gaitas. Los tambores retumbaron entre las paredes de una iglesia de San Cristóbal abarrotada, en uno de los momentos más emocionantes, antes de que la imagen iniciase el regreso a su capilla.
La fiesta de referencia
Loreto es, para muchos colungueses, una celebración que trasciende el programa religioso y festivo. María Ángeles Somoano, integrante de la cofradía, lo resumía con una frase que se escucha cada julio en la villa: "Loreto es Loreto". Una manera de expresar el carácter singular que conserva esta fecha para quienes viven en el concejo y para quienes regresan a él con motivo de la festividad de su patrona.
La tradición sitúa el origen de la devoción en la promesa de un marinero que sobrevivió al naufragio del barco en el que viajaba frente a la costa oriental asturiana. Agradecido por haber salido con vida, se comprometió a levantar una capilla dedicada a la Virgen de Loreto. Cumplió su promesa en Colunga, dando lugar a una devoción que ha atravesado el pasar de los siglos.
La imagen abandona cada año su capilla para permanecer en la iglesia de San Cristóbal durante los días de la novena. El día grande marca el camino inverso: los cofrades la acompañan de vuelta al pequeño templo que mantiene vivo el origen de esta historia. Este domingo, la procesión reunió de nuevo ramos, indumentaria tradicional y la participación de vecinos de distintas edades.
El relevo joven
Tres niñas del concejo, que recibieron la Primera Comunión el pasado mayo, precedían al cortejo de la Virgen en el regreso a la capilla. Su presencia se sumó a la de las personas ataviadas con el traje regional, una estampa que la Comisión de Festejos trata de impulsar de nuevo.
"Tenemos que agradecer a los jóvenes que hacen el esfuerzo de venir a llevar los ramos después de la fiesta de ayer", destacó Rebeca Valdés, integrante de la organización. La alusión se dirigía a quienes, tras participar en los actos de la víspera, acudieron este domingo para sostener una costumbre que identifica a la celebración y requiere de los jóvenes para recoger el testigo de las tradiciones.
Ese relevo se hizo también visible en el porteo de la patrona. Los cofrades de mayor edad han sido tradicionalmente los encargados de llevar la imagen, pero este año recogían el testigo Darío Cristóbal y Miguel Loredo, nietos de antiguos cofrades. El gesto da continuidad a una tarea que exige implicación y que forma parte de la memoria colectiva de la fiesta.
Fidel Díez y Hugo San Martín fueron dos de los encargados de portear los ramos. "Hay que mantener la tradición", afirmó Díez. San Martín incidió igualmente en la importancia de conservar unas costumbres presentes desde siempre en la vida de la localidad.
La puja
La puja más alta de 100 euros fue por el ramu de pan dulce, con vino, queso y bollu preñao, que fue a parar a manos de Guilllermo de Maderas Iglesias.
Con la llegada de la Virgen a su capilla y la posterior subasta del ramu, Colunga completó una jornada en la que la devoción volvió a caminar de la mano de la fiesta popular. Las gaitas, los ramos, los trajes regionales y la incorporación de nuevas generaciones pusieron imagen a una celebración que cada verano confirma su lugar central en la vida del concejo.
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