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Santa Ana y el xiringüelu vuelven a reunir a Naves

La procesión y el folclore abarrotan una localidad que tiene a gala mantener vivas las tradiciones

VÍDEO: Naves arropa a Santa Ana entre ramos, cantos y baile

M.T.Nicieza

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María Terente Nicieza

Naves (Llanes)

La fiesta de Santa Ana en Naves (Llanes) volvió a reunir a vecinos, familias que regresan a su pueblo de origen y visitantes alrededor de una tradición que se transmite de generación en generación y que tuvo en el ramu, la procesión y los bailes regionales sus momentos álgidos.

A mediodía, aldeanas y porruanos, con la margarita blanca prendida en la solapa, comenzaron a concentrarse en La Jondera, la vivienda desde la que sale tradicionalmente el ramu rumbo a la iglesia de San Antolín. Allí se ultimaban los detalles de una estructura cargada de hortensias y panes, coronada por la muñeca que, año tras año, preside la ofrenda.

El trabajo comienza mucho antes de que suenen las gaitas. Alicia Revuelta, una de las personas encargadas de prepararlo, explicó que vestir el ramu requiere mucho tiempo: "Llevamos desde ayer". En su caso, la implicación con la pieza es también una herencia: "Mi madre ya hacía el ramu y mi hija ya está entrando. Es la manera de mantener las tradiciones". Para su familia, el calendario reserva una fecha ineludible: "El 26 de julio hay que estar aquí", resumía Revuelta, poniendo palabras a un sentimiento compartido por buena parte de los asistentes.

Santa Ana facilita además el regreso de quienes viven lejos. Laia Sopeña, residente en Tenerife y bautizada, como ella misma recuerda, "con agua de Gulpiyuri", no falta a la cita. "Vengo todos los años para la fiesta. Este año, además, me lo pidió mi hija, porque quería vestirse", relató.

A las 12.20 horas, las gaitas de la banda L’Alloru y las panderetas anunciaron la salida. Las cintas de colores se elevaron y el ramu emprendió su camino, escoltado por los cantos de las aldeanas hasta el templo.

Tras la misa, cantada por el coro Manín de Lastres, llegó uno de los instantes más esperados: la salida de la imagen de Santa Ana. La plaza de la iglesia estaba llena y el público se agolpó ante el pórtico, para no perder detalle. Susana G. Vuelta aguardaba para volver a formar con las aldeanas y entonar los cantos tradicionales. "Es una tradición familiar", afirmó. Una vinculación que se prolonga en su hija, Lucía Rodríguez, encargada del tambor durante la celebración. Claudia Carriles incidió en el peso de una convocatoria que muchos vecinos viven casi como un compromiso: "Para faltar tiene que ser causa mayor".

La imagen recorrió las estrechas calles de Naves acompañada por aldeanas, porruanos, gaitas y panderetas. Numerosos vecinos siguieron la procesión desde ventanas y balcones, mientras los visitantes buscaban con su móvil la mejor instantánea del ritual.

Devuelta la imagen a la iglesia, la plaza se convirtió en escenario del folclore. Los más pequeños abrieron los bailes con el trébole, antes de que niños, jóvenes y adultos fueran alternándose en un programa que incluyó el pericote, el quirosanu, el fandango de Pendueles y la jota de Pajares.

El momento de mayor expectación llegó con el xiringüelu de Naves, la danza que la localidad siente como propia y que recibió una prolongada ovación de las cientos de personas reunidas ante la iglesia. La danza prima puso el cierre a la mañana de bailes, antes de la comida campestre y de la romería posterior, con más de 3.000 litros de sidra.

La verbena, la noche de gala en el prau de la Capilla y el tributo musical a Raffaella Carrá prolongaron una jornada que, una vez más, convirtió Santa Ana en un regreso a las raíces de Naves.

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