La "guerra" del biogás divide Cabrales: intenso pulso entre la supervivencia del queso y el riesgo ambiental
La planta proyectada en Arenas enfrenta a una asociación vecinal, que la rechaza por su posible impacto, contra los queseros, el Ayuntamiento y el Principado, que la consideran "estratégica"

Infografía sobre el aspecto que tendría la planta de biogás de Arenas de Cabrales. / Agrolinera

El proyecto para instalar una planta de biogás en el paraje de Pescandi, en Arenas de Cabrales, está generando una intensa controversia en el concejo. La iniciativa, impulsada por la empresa Agrolinera bajo la denominación "Pescandi Circular", enfrenta a los sectores ganadero y quesero, que la consideran una solución a un problema creciente de residuos, con una asociación vecinal que la rechaza por sus posibles impactos ambientales, turísticos y sanitarios. La tramitación del proyecto se topó hace unas semanas con un informe desfavorable de la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio de Asturias (CUOTA) que, sin embargo, no cierra la puerta a su construcción. Los errores son subsanables.
El proyecto: datos y dimensiones
La instalación está diseñada para tratar diariamente 99 toneladas de residuos: 65 de purines ganaderos, 30 de sueros lácteos procedentes de la producción quesera y 4 de lodos de depuradora. La parcela seleccionada abarca 15.300 metros cuadrados y se ubica en las inmediaciones de varios negocios y construcciones. La inversión estimada se sitúa entre 5 y 7 millones de euros.
Los defensores y sus argumentos
El respaldo al proyecto proviene principalmente del sector quesero y ganadero, representado por el Consejo Regulador de la DOP Cabrales, y del equipo de gobierno municipal, liderado por el alcalde José Sánchez (PSOE), así como del Gobierno del Principado de Asturias.
En mayo de 2025, la DOP calificó la gestión de sueros y purines como "una necesidad extrema y urgente para ganaderos y queseros", que ven cómo las administraciones apremian cada vez más por una gestión de residuos que se complica en la zona. Según la DOP, las ganaderías y queserías tienen una "alta generación de residuos que limitan su producción y condiciona su supervivencia".
Los queseros consideran la instalación "indispensable" para garantizar el futuro del queso más internacional de Asturias. El presidente de la DOP, Benigno Pérez, augura que, sin la planta de biogás, el producto se encarecería y muchas queserías podrían cesar su actividad. Actualmente, los residuos se llevan a la planta de Cogersa en Gijón, por lo que la construcción de la planta en Arenas "rebajaría mucho los costes".
El consejero de Ordenación del Territorio, Ovidio Zapico, calificó la planta como "una infraestructura estratégica para el futuro del sector quesero" y anunció que el Principado "acompañará al Ayuntamiento en la nueva tramitación urbanística", incidiendo en que el informe negativo de la CUOTA no supone un rechazo al proyecto, sino a la documentación urbanística presentada.
Los promotores, Verónica Menéndez y Juan Gutiérrez, defienden que la planta de biogás es solo una parte de un proyecto mucho más ambicioso, que incluye la creación de una comunidad energética y el tratamiento de suelos para extraer valor de los residuos. Aseguran, además, que el proyecto permitirá rebajar la factura de la luz y reducir el tráfico de camiones.
Los detractores y sus argumentos
La oposición está articulada en torno a la Asociación por la Defensa Ambiental de Arenas de Cabrales. El movimiento ha cosechado un amplio respaldo: en agosto de 2025 contaba con más de 9.000 firmas. El 25 de junio de 2025, unos 600 vecinos se manifestaron con un paro comercial seguido "por todos los establecimientos", y una segunda concentración el 23 de agosto reunió a unas 700 personas, según los convocantes. Durante la exposición pública del proyecto se presentaron 800 alegaciones.
Los argumentos de los detractores se centran en varios frentes. Sobre los riesgos ambientales y sanitarios, el colectivo sostiene que la evaluación de impacto ambiental omite o infravalora emisiones de olores, explosiones de metano e intoxicación por monóxido de carbono, así como el impacto en la depuradora existente donde se pretende construir la planta.
El químico Fernando Híjar alertó sobre la inestabilidad geológica de la zona, advirtiendo de un alto riesgo de caída de más de cien bolos desde justo encima de la parcela, y señaló que, en caso de explosión por caída de rocas o por contacto eléctrico, el radio de destrucción total superaría los 400 metros, afectando a una gasolinera, viviendas, un hotel y un camping. La asociación también identifica riesgos de contaminación del río Cares por nitratos y fosfatos, y peligro de incendio.
Además, los detractores advierten de que el 80% de la economía local de Cabrales depende del turismo y temen que la planta convierta Arenas "en un lugar marcado por los malos olores". Denuncian que el proyecto ha sido "impuesto por el Ayuntamiento con opacidad, sin explicaciones ni consenso".
Sobre la necesidad de la planta, la asociación opina que las tres que ya operan en Asturias –en Navia, Serín y Tineo– tienen capacidad para recibir más producto, por lo que cuestionan la urgencia alegada por los promotores. La asociación vecinal ha iniciado un análisis sobre las actuaciones de los responsables políticos y técnicos implicados, con vistas a posibles acciones judiciales.
Situación administrativa
El 8 de julio de 2026, la CUOTA emitió un informe desfavorable al proyecto. Sin embargo, el director general de Ordenación del Territorio, Ignacio Ruiz Latierro, explicó unos días más tarde que el dictamen no supone un veto al fondo, sino un requerimiento para que se presente una documentación urbanística que cumpla con todos los requisitos legales. Señaló que "el documento urbanístico es malo, porque tiene carencias documentales importantes".
El procedimiento, en todo caso, no está cerrado. Agrolinera debe presentar de nuevo toda la documentación, modificar los aspectos señalados y aportar el papeleo faltante. El Ayuntamiento debe aprobar otra vez inicialmente el proyecto y abrir una nueva fase de información pública. La empresa promotora ha avanzado que estudiará los motivos del rechazo antes de tomar cualquier decisión, aunque advierte que "la problemática de los residuos sigue ahí" y que, por tanto, la planta es necesaria para garantizar el futuro del queso de Cabrales.
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