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Adiós al guardián del Gamonéu: Fallece Leandro de la Vega López, el hombre que "leía" los quesos

El popular quesero, conocido como "Chau", dedicó casi cuatro décadas a la promoción del gamonéu y fue uno de los fundadores de la Agrupación Socialista de Cangas de Onís

Leandro de la Vega López.

Leandro de la Vega López. / J. M. Carbajal

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J. M. Carbajal

J. M. Carbajal

Cangas de Onís

Quienes le conocían sabían que Leandro de la Vega, "Chau" no necesitaba morder un queso para saber si estaba en su punto. Bastaba con posar la mirada sobre la corteza, observar la textura, intuir el aroma que desprendía antes siquiera de acercarlo a la nariz. "Con verlo ya sabes como está", solía decir. Y no era presunción: eran casi cuatro décadas de oficio, de catas y de aprendizaje junto a su padre, uno de los pioneros en la promoción del gamonéu, una de las joyas de los Picos de Europa. Leandro de la Vega López falleció hace unos días, llevándose consigo una memoria viva de la tradición quesera asturiana, pero dejando un legado que trasciende el queso mismo.

Nacido en Sotu l'Ensertal, tenía 75 años y apenas contaba dos cuando su familia se trasladó a Intriago. Allí, en la década de los 50, sus padres abrieron un pequeño bar-comercio que con el tiempo se convertiría en uno de los templos del gamonéu: "Casa Corona", un nombre que los amantes de este queso pronunciaban con devoción. Tercero de cuatro hermanos, estudió en la escuela de Intriago y a los 13 años, colgó los libros para ponerse manos a la obra con su padre, recorriendo los pueblos cercanos a lomos de burro, cuévano de mimbre a cuestas, para comprar y vender gamonéu.

Un salto cualitativo

"Los lunes tocaba Llanu Con; los martes Demués; miércoles, el mercáu de Benia; jueves Gamonéu de Onís; viernes Gamonéu de Cangas; sábado, en Mestas de Con; y domingo, mercáu de Cangas", relataba con la precisión de quien ha recorrido esas caleyas hasta memorizar cada piedra. Subía de Intriago a Demués llevando tres burros cargados y volvía con los cuévanos repletos de quesos, huevos y lana. Corría el año 1968 cuando la familia dio un salto cualitativo al adquirir un camión Ebro por 217.000 pesetas, un vehículo que amplió horizontes y permitió que el gamonéu viajase más allá de las fronteras asturianas, llegando a Madrid, Barcelona, Cádiz o Valencia. Fueron los emigrantes, esos que volvían a la tierrina en vacaciones, quienes actuaron como embajadores involuntarios, llevando el sabor de los Picos a distintos países europeos.

Entre la clientela, "Leandrín", como le llamaban sus amigos, recordaba con una sonrisa cómplice un nombre insólito: Nacho Vidal, el popular actor de cine para adultos, que regentaba una sidrería en Valencia y que, sin que nadie sepa muy bien cómo, dio con el teléfono de "Casa Corona" para hacer pedidos de gamonéu. También el exfutbolista Dani Güiza, a través de su suegra, encargaba quesos desde Sanlúcar de Barrameda. Anécdotas, sí, pero que hablan de la fama que este queso había alcanzado.

Fundador del PSOE cangués

En el plano político, fue uno de los fundadores de la Agrupación Socialista-PSOE de Cangas de Onís, junto con Víctor el del Colón, Miguel Quiñones y Manuel Pantín. Se reunían en garajes anexos al Cine Colón, en los albores de la democracia. En las primeras elecciones municipales de 1979, el PSOE sacó tres concejales, los mismos que, según señalaba con un deje de ironía, se obtuvieron en años posteriores. "Nunca cobramos ni una peseta y los gastos los pagábamos de nuestro bolsillo", sentenciaba, con la mezcla de orgullo y desencanto de quien ha entregado tiempo e ilusión a una causa sin esperar recompensa.

Pero si hay un ámbito en el que Leandro dejó huella fue en el concurso de quesos de Cangas de Onís, certamen que este año cumplía sus bodas de brillantes y al que él estuvo vinculado desde sus inicios. Su padre, Leandro de la Vega González, fue uno de los impulsores del evento junto con Aquilino Sánchez, y también formó parte del jurado en los primeros años. Cuando el patriarca se retiró, Leandrín y su hermano tomaron el relevo. "Me encargo de cortar los quesos, presentarlos al resto del jurado y, por supuesto, catarlos y puntuarlos", explicaba. Cuarenta años de catas dan para muchas historias.

Hombre de fútbol

Recordaba especialmente una anécdota con un tal Zacarías, de Santander, que organizaba un concurso de quesos azules en Cantabria. "Por la presencia, habíamos descartado varios quesos de Cabrales. Eso no se puede hacer, nos dijo, hay que probarlos todos. Le di la primera cata y no le agradó nada. Tras esa primera prueba, le dije a él que tenía que seguir probando los demás que, previamente, habíamos apartado", contaba con esa sonrisa de quien ha visto mucho y sabe que el rigor es la única brújula fiable. Hubo ediciones en las que el jurado llegó a catar más de medio centenar de quesos en media mañana. De ahí su máxima: "Hay que seguir apostando por la calidad, no vale presentar cualquier cosa".

Fuera de los fogones y las catas, era un hombre de fútbol. Delantero en su juventud, recordaba con orgullo las victorias de su equipo de Intriago contra los del Cánicas o los del Colunga. Sportinguista y culé, se legaban bien las cartas: brisca, subastao y tute, juegos en los que había ganado varios campeonatos comarcales.

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