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Infiesto, mercadillo a la luz de la Luna con cerca 90 puestos de artesanía y foodtrucks: "Hemos formado una gran familia"

"L'Agostiellu" anima la capital piloñesa todos los jueves de agosto, a partir de las 20.00 horas: "El año pasado contabilizaron unas 6.000 personas en una noche"

Vista parcial de "L'Agostiellu" del pasado jueves.

Vista parcial de "L'Agostiellu" del pasado jueves. / Miguel Guerrero

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Miguel Guerrero

Infiesto (Piloña)

Infiesto no suele ser epicentro de grandes aglomeraciones. Sin embargo, cada jueves de agosto, a partir de las 20.00 horas, sucede algo mágico en sus calles que convierte a la capital piloñesa en el gran faro de luz y celebración de la comarca. Y es que se transforma en un enorme escenario al aire libre con casi noventa de puestos de artesanía, foodtrucks, actuaciones musicales, juegos infantiles y hasta espectáculos de magia. Todo forma parte de "L‘Agostiellu", el mercadillo nocturno con artesanos que preparan sus puestos a la luz de la Luna para ofrecer un sinfín de productos. Este año celebra su XII edición.

"La idea surgió porque veíamos que en Piloña crecía el turismo y había mucha gente en agosto, pero por la noche se iban a otros sitios y queríamos que se quedasen aquí", explica Concha Mayo, presidenta de la asociación "L‘Agostiellu", que organiza el mercado. Y el objetivo se ha cumplido con creces: "L‘Agostiellu" no solo ha conseguido que quienes pasan el verano en Piloña se queden en Infiesto al caer la noche, sino que también ha convertido a la villa en un reclamo para visitantes de otros lugares. "El año pasado nos contabilizaron unas 6.000 personas a lo largo de una noche", cuenta Mayo. Una cifra especialmente llamativa si se tiene en cuenta que Infiesto ronda los 2.200 habitantes, y todo el concejo de Piloña cuenta con unos 6.700.

Concha Mayo, presidenta de la asociación, en su puesto en "L'Agostiellu".

Concha Mayo, presidenta de la asociación, en su puesto en "L'Agostiellu". / Miguel Guerrero

Cada jueves por la noche, desde las ocho de la tarde, Infiesto empieza a cambiar de ritmo. Las calles se llenan de gente que curiosea entre los puestos, se detiene a comprar o hace cola frente a los de comida. Huele a chorizo criollo, hamburguesas o arepas de carne artesanales y, de fondo, diferentes agrupaciones ponen la banda sonora. Conforme empieza a oscurecer, las luces se van encendiendo y "L‘Agostiellu" se convierte en punto de encuentro de vecinos y visitantes.

"Mucho más que un mercado"

Ana González Quevedo, artesana piloñesa, leyó el pregón inaugural el jueves pasado: "Esto es mucho más que un mercado, comerciantes y vecinos hemos formado una gran familia", señalaba. Este año González se presenta a la cita "referente del verano en Piloña" con un puesto en el que ofrece "criollos, lomo, bacon, picadillo y crepes dulces o salaos". Según apunta, lo que más le gusta es el sentimiento de "comunidad, familiar, de que todos nos apoyamos mutuamente".

Joan Estrader, en su puesto "La Conformista".

Joan Estrader, en su puesto "La Conformista". / Miguel Guerrero

Aparte de asturianos, acuden artesanos de Madrid, Burgos, Galicia, Castilla y León, Cantabria... Muchos se han presentado en ediciones pasadas y se reencuentran cada agosto en Infiesto. "Al final te sientes un poco como en casa, compartiendo un mismo espacio con la gente que conociste el año anterior", relata Joan Estrader, del puesto "La Conformista", que vende camisetas con juegos de palabras. Barcelonés residente en Madrid, debutó en "L‘Agostiellu" el año pasado, cuando vino por una amiga que se lo propuso: "Me muevo por mercadillos todo el año, y de este destacaría el ambiente tan cercano que hay".

La organización, "de primera"

Otros conocen "L‘Agostiellu" casi desde que nació. Es el caso de Miguel Ángel Vargas, de "Patatas Tornado", originario de Venezuela que lleva muchos años viviendo en Langreo. Junto con sus compañeros Ana Cristina y Luis Fernando, se presenta en "L‘Agostiellu" por décima vez para ofrecer sus patatas fritas pinchadas alrededor de una brocheta de madera; ya todo un clásico del mercadillo. Esta XII edición tiene un significado especial porque será su última vez detrás del puesto: "Me jubilo, pero es muy bonito ver como cada vez esto crece más y mejor; la organización es de primera y se cuida mucho a los feriantes", recalcaba.

En esta misma idea incidía Eider Goñi, vasca residente en Nava desde la adolescencia. "En otros mercados hay tensiones con los comercios locales, pero aquí no; la organización es una pasada", comentaba, alabando el trabajo de la asociación. Goñi es especialista en una técnica fotográfica llamada "cianotipia", un proceso fotográfico del siglo XIX en el que se consiguen imágenes en azul a partir de la luz solar y dos químicos fotosensibles: "Con esta técnica hago pendientes, colgantes, imanes...", explicaba.

Piloña Raul Díaz y Covadonga López, en "L'agostiellu" del jueves pasado.

Piloña Raul Díaz y Covadonga López, en "L'agostiellu" del jueves pasado. / Miguel Guerrero

Raúl Díaz y Covadonga López paseaban el jueves pasado entre los puestos. Él, piloñés, es un fijo en "L‘Agostiellu" desde hace años; ella, ovetense, acude por segunda vez: "El año pasado me encantó y este año todavía veo más movimiento". Él añade que le encanta ver "que cosas como esta reúnan a todo el pueblo".

Infiesto vuelve a subir este jueves el telón de "L'Agostiellu". Se encienden, de nuevo en la plaza del Ganado, las luces del mercadillo nocturno que alumbra toda la comarca. Que así siga siendo durante muchos años. Porque, como decía Ana González en su pregón: "¡Puxa Piloña, y viva L’Agostiellu!".

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