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Carmen Lomana: "Podría vivir sin trabajar, pero me hace feliz gestionar y ganar dinero"

"Desde niña veraneo en Llanes y mis primeros amores fueron allí; en Celorio es donde me siento más plena", asegura la famosa empresaria

Carmen Lomana, en una reciente visita a LA NUEVA ESPAÑA.

Carmen Lomana, en una reciente visita a LA NUEVA ESPAÑA. / Irma Collín

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Carmen Lomana es una enamorada de Asturias. Tanto que Celorio, en el concejo de Llanes, es donde se siente "más plena". Así lo confesó hace unos meses en un acto organizado por LA NUEVA ESPAÑA la famosa empresaria, colaboradora en medios de comunicación y coleccionista de alta costura. Lomana tiene su segunda residencia en Asturias, a los pies de la playa llanisca de Palombina. "Asturias, mi casa, mi infancia y juventud. En Celorio (Llanes) siempre fui feliz", asegura.

Lomana desgranó recintemente su vida en el Club LA NUEVA ESPAÑA. "Desde niña veraneo en Celorio. Mis primeros amores fueron allí. Mis padres nos traían a la Ópera a Oviedo, íbamos a cenar al Tenis y a aquellos bailes con orquesta", señalódurante la conversación que mantuvo con el periodista Ramón Suárez, que sigue su trayectoria desde hace años.

Una parte esencial de su último libro la ocupa su marido, el diseñador industrial chileno Guillermo Capdevila, del que enviudó en 1999 a causa de un fatídico accidente de coche: "Era mi vida entera" . "Nos prometimos ser siempre como novios. No tuvimos hijos, aunque yo quería cinco". La pérdida marcó un antes y un después: "Me costó mucho dejar mi mundo en San Sebastián y marcharme a Madrid. Fueron tres años horribles. Pero mi madre me animó. En la vida hay que saber cerrar etapas. No puedes regodearte en tu pena. Ahora me gusta mi vida en Madrid, aunque en Celorio es donde me siento más plena", explicó. "Sólo discutíamos por política", reveló Lomana.

Isabel Preysler

Capdevila llegó a estar preso en el Estadio Nacional de Chile, durante el golpe de Pinochet, mientras que Lomana creció en una familia muy conservadora. "Debemos ser críticos, no sectarios. Yo no soy anti socialista; sólo deseo lo mejor para mi país", dijo con firmeza. Sobre Isabel Preysler, su eterna "enemiga", que también acaba de estrenar libro, contó como la conoció cenando en Los Monteros (Marbella), recién llegada a España. "No me cae mal, pero somos muy diferentes. También mencionó a Ágatha Ruiz de la Prada, a quien dijo guardar cariño, aunque reconoció haber sufrido por algunos desencuentros públicos.

Entre confidencias, Carmen fue tejiendo su filosofía de vida: "La frivolidad es síntoma de inteligencia. Podría vivir sin trabajar, pero me hace feliz gestionar y ganar dinero, porque eso forma parte de tu libertad y tu independencia. Me gusta controlar mi vida", resaltó.

La decadencia de la costura

"Tuve una tienda de ropa en San Sebastián. Cuando el Museo del Traje me pidió hacer una exposición con mi colección, comprendí que la moda es cultura. La ropa no te viste, te desviste. Es tu carta de presentación", señaló. "Prada y Miu Miu, me gustan mucho, pero esas grandes firmas ya son historia. Loewe hace cosas interesantes y en Prêt á Porter, Sandro o Zadig & Voltaire me interesan bastante", explicó.

"Mi filosofía de vida es pensar y meditar todos los días, en lo que tengo y en lo que me falta. Me duele pensar que puedo dañar a alguien con mis palabras", remató. Para terminar con una frase impactante: "Sólo la cultura y la belleza salvarán al mundo de tanta vulgaridad; vivimos momentos oscuros".

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