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San Roque en Llanes, a todo pulmón: "Es una fiesta brutal"

El día grande de las celebraciones de agosto abarrota la villa, con cientos de aldeanas y porruanos acompañando a la imagen en procesión

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Nacho Blanco

Llanes

"¡Viva San Roque y el perru! ¡Viva Llanes!". A todo pulmón, con el corazón sobrecogido, gritó todo el mundo esas palabras. Devoción, música y tradición asturiana, en estos tres términos se resume el día grande de las multitudinarias fiestas de San Roque de Llanes.

Como si San Roque hubiera terciado, la lluvia que azotó Llanes durante la mañana cesó cuando comenzó la misa en la basílica de Santa María del Conceyu. Con la plaza a rebosar y tras un retraso por el clima, el santo salió a hombros de sus porteadores, escoltado por cientos de personas ataviados con los trajes de aldeana y porruanu.

"Esto es precioso"

En medio de todo el despliegue se encontraba la familia Parker. Vienen de Leeds, en el corazón de Inglaterra, y confiesan que no han visto nada igual. "Esto es precioso, nosotros también tenemos desfile con música pero no tiene nada que ver". Han pasado por Santander y se quedarán cinco días más por Llanes. Aseguran que el mal tiempo no les va a fastidiar el viaje: "En Leeds están a 38 grados así que preferimos que llueva un poco".

Fiesta de San Roque en Llanes.

Fiesta de San Roque en Llanes. / Nacho Blanco

De más lejos vienen los estadounidenses Rita Belserene, Donald Duprey y Peter Dunwiddie. De Seattle, en la costa occidental del país, llegaron a España para ver el eclipse en Santander, y de paso probaron suerte con Llanes. "Es una fiesta brutal, nos encantan los trajes. No conocíamos Asturias y merece muchísimo la pena". Hace unos días salieron en bici desde Bilbao y explican que no podían haber escogido mejor final de ruta.

"Llaniscos hasta la cabeza"

El arraigo de las fiestas de San Roque es innegable. Manuel Aparicio, Sofía Manzano y Antonio Manzano vienen de familia llanisca de pura cepa, y serán los responsables de que el testigo se siga pasando al miembro más joven de su linaje, de tan solo cuatro meses. "Toda nuestra familia es del bando, llevamos vistiéndonos cuarenta años", explica Aparicio.

Ángel Antonio Llaca Llaca y Javier Menéndez también viven la fiesta como el mejor día del año. "Es una tradición que pasa de abuelos a padres y de padres a hijos", explica Llaca, que tiene 92 años pero sigue asistiendo a San Roque con la misma ilusión del primer día. Residen en Oviedo, pero rápidamente puntualizan que son "llaniscos hasta la cabeza".

El regreso de la Danza de San Juan de Nueva

También van engalanados para la ocasión Miguel Gavito, Miguel Prieto y Julián Núñez, que viven en Madrid pero provienen de una familia "de aquí de toda la vida". "Es una gran oportunidad para poder vernos, es genial que haya esta transmisión de generación en generación", explica Prieto. A pesar de que el sol no brilla, ya tienen su traje de porruano empapado en sudor, aunque agradecen que el atuendo masculino no sea como el de las chicas: "No me quiero imaginar cómo estarán ellas que llevan mil capas". Tras la procesión, la plaza de Parres Sobrino se convirtió en el salón de baile perfecto para el célebre Festival Folclórico de San Roque.

Los bailes interpretados fueron el Fandango de Pendueles, la Jota del Cuera, el Xiringüelu de Naves, la Danza del Señor San Pedro, el Trepletré del Valle de Ardisana, el Corri-corri de Cabrales y el Pericote de Llanes. La novedad fue la presencia del grupo de la Danza de San Juan de Nueva de Llanes, que llevaba varios años sin acudir al festival y que recibió un homenaje del bando de San Roque. La Danza Prima hasta la capilla del santo puso broche de oro a los actos matinales.

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