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Faro de Ribadesella, veinte años de proyectos fallidos: ya no será hotel de lujo ni museo

El Principado da el primer paso para construir apartamentos turísticos en el edificio, que suma cuatro anuncios en dos décadas para asignarle nuevos usos

Panorámica de la zona en la que está enclavado el faro de Tereñes.   | DAVID BODE

Panorámica de la zona en la que está enclavado el faro de Tereñes. | DAVID BODE

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Ramón Díaz

Ramón Díaz

Ribadesella

El faro de Ribadesella sigue funcionando. Su haz de luz recorre cada noche el mar Cantábrico desde la Punta de Somos, en Tereñes, a 107 metros de altura, y alcanza las 25 millas náuticas. Pero si alguien se detiene a mirar el edificio, de planta cuadrada y torre decagonal, lo que encuentra es un inmueble en estado de espera. Una espera que se prolonga desde hace más de dos décadas.

Porque el faro de Ribadesella, que entró en servicio el 10 de agosto de 1861 y fue automatizado en los años noventa del siglo pasado, lleva veinte años acumulando proyectos de rehabilitación y nuevo uso que nunca han llegado a ejecutarse. Veinte años de anuncios, concesiones, estudios arquitectónicos y promesas electorales para convertirlo en hotel de lujo, museo… Veinte años en los que la señal marítima no ha fallado, pero el futuro del edificio ha cambiado de rumbo una y otra vez sin atracar nunca.

Cambio de planes

Ahora, el Consejo de Gobierno ha autorizado un nuevo giro, un nuevo cambio de planes. Ya no será hotel de lujo ni museo. El expediente, impulsado por la Consejería de Ordenación de Territorio, permite rehabilitar el inmueble para convertirlo en apartamentos turísticos, compatibilizando el uso residencial con la función técnica de la señal marítima.

El faro de  Ribadesella,  ubicado en  la localidad  de Tereñes. | DAVID BODE

El faro de Ribadesella, ubicado en la localidad de Tereñes. | DAVID BODE

Esta semana ha salido a licitación el documento de pliegos de la "Obra de adecuación de sala técnica y acometidas de infraestructuras en el Faro de Ribadesella" por un importe de 721.468,54 euros (impuestos incluidos) y un plazo de ejecución estimado de 12 meses. Los interesados tienen hasta el 14 de septiembre para presentar ofertas ante la presidencia de la Autoridad Portuaria de Gijón. La apertura de los sobres será ese mismo día.

Una coletilla preocupante

La Viceconsejería de Turismo ha dictaminado que esta modalidad es "la adecuada para el edificio", y la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio de Asturias (CUOTA) ha respaldado el plan. La Dirección General de Urbanismo sostiene que la actuación "contribuirá a preservar el patrimonio arquitectónico del faro" y reforzará su atractivo turístico, "una vez se obtengan las restantes licencias y autorizaciones preceptivas". La coletilla de las autorizaciones pendientes, resuena como si fuera el eco de todos los anuncios anteriores.

Aunque ya se llevaba cerca de diez años hablando de buscar un futuro para el faro riosellano, el primer plan serio llegó en 2008. La Autoridad Portuaria de Asturias encargó al arquitecto gijonés Juan González Moriyón un proyecto para convertir el faro en un centro cultural, con un Aula del Cachucho, cafetería, tienda de souvenirs y jardín atlántico. La inversión prevista era de 600.000 euros y el Ayuntamiento de Ribadesella logró el respaldo de la Consejería de Medio Ambiente. En el verano de 2009, los operarios repararon el muro de mampostería que cierra la parcela, una actuación menor que se presentó como el preludio de una obra mayor. El preludio duró once años.

Uso mixto, hotel y museo

En febrero de 2020, el entonces alcalde Ramón Canal desempolvó la idea, pero con otro enfoque: uso mixto, hotel y museo. El regidor alertaba de varios problemas prácticos: el agua y la presión suficientes para abastecer un establecimiento hotelero, las pérgolas y terrazas que deberían ajustarse a la normativa urbanística. Aquellas dudas, expresadas en público, parecían presagiar que el proyecto no cuajaría. Y así fue.

Mientras tanto, la empresa alemana Floatel, especializada en la reconversión de faros en hoteles de lujo, llevaba años mirando el inmueble. Ya había transformado siete faros en Europa, entre ellos el de Trafalgar en Andalucía y, más recientemente, el de Cudillero, que abrió sus puertas en 2024. En diciembre de 2019 solicitó la concesión del faro riosellano.

Largo camino administrativo

Texto general El camino administrativo fue largo. No fue hasta noviembre de 2022 cuando la Autoridad Portuaria de Gijón aprobó la concesión por 35 años, prorrogables por otros 15, sobre una superficie de 1.757 metros cuadrados de la parcela y 218 del edificio. Floatel pagaría al año 18.280 euros más el uno por ciento de su facturación, y se comprometía a iniciar las obras en diez meses y finalizarlas en veinticuatro.

La tramitación había requerido informes favorables de múltiples organismos: el Ayuntamiento, la Consejería de Cultura, la CUOTA, Puertos del Estado, la Demarcación de Costas en Asturias y el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Vueltas y más vueltas. Burocracia. En marzo de 2023, la Autoridad Portuaria de Gijón dio la luz verde definitiva al proyecto.

"Un camino fácil"

En julio de 2024, la compañía aseguraba que las obras empezarían en 2025 y que el proceso había sido "un camino fácil". Una afirmación que contrastaba con el relato de más de dos décadas de promesas, sobre todo en épocas electorales. Pero el hotel nunca llegó. Las acometidas de agua y saneamiento, los plazos de ejecución, las licencias pendientes; todo se fue diluyendo.

Una imagen de archivo del faro de Ribadesella.

Imagen de archivo del faro de Ribadesella. / LNE

El último farero, Ángel Gallego, trabajó en el emblemático edificio durante treinta y cinco años, hasta que la automatización acabó relevándolo. Desde entonces, el faro de Tereñes no ha vuelto a tener moradores estables, solo visitantes ocasionales y técnicos que supervisan de vez en cuando el funcionamiento de la luz que guía a los barcos.

Mientras tanto, el inmueble sigue esperando un nuevo destino, un futuro. Su reconversión en apartamentos turísticos es el cuarto proyecto en dos décadas. Los vecinos se preguntan si será el definitivo y reconocen que no las tienen todas consigo.

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