Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Porrúa mantiene vivo su Mercáu pionero: "Es el mercáu más popular de Asturias con diferencia"

La implicación vecinal y el aprendizaje de los más jóvenes sostienen una cita que congregó a miles de visitantes

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

María Terente Nicieza

Llanes

Porrúa era este sábado un hervidero. Desde bien temprano, la carretera y las entradas al pueblo anunciaban que el Mercáu Tradicional, el de mayor antigüedad de Asturias, volvía a ejercer de imán. La plaza redonda, ganada al agua y centro de la actividad, no daba abasto. Gaitas, caballos, bueyes, cabezudos, artesanos y visitantes componían una imagen de otro tiempo, solo interrumpida por los teléfonos móviles que trataban de atrapar cada escena.

La trigésima edición del Mercáu, nacido en 1994 y suspendido en 2020 y 2021 por la pandemia, volvió a confirmar la vigencia de una fórmula pionera. Más de 80 puestos de artesanos se distribuyeron por el exterior de la plaza, entre miel, quesos, embutidos, joyería, madera, legumbres y tomates asturianos. En los talleres de oficios tradicionales, las hilanderas y un madreñero, entre otros, mostraban al público unos conocimientos que aquí no se reducen a una pieza a la venta: se explican, se ven y se transmiten.

Un escenario singular

Juan Ramón Bolado conoce bien la evolución de la cita. El joyero de Colombres lleva colocando su puesto desde la primera edición y resume el poder de convocatoria sin rodeos: "Es el mercáu más popular de Asturias con diferencia. Viene un saco de gente". Para él, la singularidad está también en el escenario. "Hay muchos mercados medievales, pero todos rodeados de edificios. Este sitio es único", sostiene. La plaza, añade, tiene una capacidad especial: "Al ser una plaza redonda, una vez que entras te atrapa y ya es difícil salir".

Y pocos parecían dispuestos a hacerlo. Lourdes López, Javier Rojo y Patricia Rojo llegaron expresamente desde Cardeñajimena, en Burgos. Era su primera visita. "Oímos hablar de él y la verdad que es muy bonito", apuntaba López. También desde Oviedo acudieron Patricia Montes, Gael Otero y Javier Casas. "Está muy bien porque está todo concentrado alrededor de la plaza", valoraba Casas. Montes encontraba otra clave: "Se nota que la gente se implica".

Gael tenía su propio balance. "Lo mejor del mercáu son los cabezudos", afirmaba, aunque quiso precisar: "Menos el grande que me dio dos sustos". Los personajes tradicionales recorrieron el recinto sorprendiendo a pequeños y mayores, mientras las gaitas ponían música a una jornada en la que la tradición se escuchaba, se veía y también se grababa.

Todo el pueblo

En el círculo interior de la plaza, el aroma de los tortos, las costillas y los bocadillos conducía hacia los puestos de comida y el bar de Llacín. En uno de ellos, Leticia Pérez, Conchi Haces y Nuria Pérez preparaban embutido y cortaban queso sin descanso pero sin perder la sonrisa. "Aquí somos todos del pueblo", resumía Leticia Pérez. A su lado, Haces señalaba a los niños presentes: "Mira cuántos niños están aquí, cogiendo apuntes para cuando les toque".

La frase condensa la esencia de un pueblo que construye desde la implicación vecinal. Maite Lobeto, responsable de los puestos de artesanía y una de las organizadoras, calcula que este sábado trabajaban en el recinto unas 200 personas, aunque hay tantas otras detrás. "Hoy aquí hay 200 personas trabajando, pero detrás hay otras 200 que no se ven", explica. "En Porrúa somos 440 habitantes y todo el mundo participa, hay gente que viene todos los años a echarnos una mano".

Aprender a continuar

La creciente popularidad de la cita añade exigencia a la organización. "Siempre fue muy reconocido, pero desde que hay RRSS, se ha multiplicado la afluencia de gente", señala Lobeto. Este año se mejoró el servicio de baños y se amplió el estacionamiento, con un aparcamiento en cada entrada del pueblo.

La recaudación permitirá a la Asociación Cultural Llacín y al Museo del Oriente desarrollar sus actividades durante el año, pero el objetivo va más allá de cuadrar las cuentas. Inocular en los jóvenes, el espíritu de participación que forma parte del ADN de cada vecino de Porrúa: "Desde pequeños tienen su papel. Todos arriman el hombro y ven el espíritu de colaboración y trabajo que hay", destaca Lobeto. "Cada año van asumiendo más responsabilidad y los mayores podemos delegar más". Este relevo, no solo asegura que el Mercáu continúe: implica dar a los jóvenes un papel, una razón y un futuro en sus propios pueblos, para que la vida cultural y comunitaria que hoy heredan pueda convertirse mañana en un motivo para quedarse.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents