Santa Marina navega por Ribadesella arropada por una multitud
Decenas de personas abarrotaron la iglesia parroquial y acompañaron a la imagen hasta el puerto, donde embarcó para cumplir con la tradición de salir al mar para presidir el rezo por los marinos fallecidos

La talla de Santa Marina, a bordo del "Nuevo Mar Azul" / MARÍA TERENTE NICIEZA
María Terente Nicieza
La iglesia parroquial de Santa María Magdalena comenzó a llenarse a las 11.30 horas de ayer, domingo, con familias, vecinos y visitantes que no querían perderse la misa en honor a Santa Marina. Cuando el reloj marcó las doce, no entraba un alfiler. Fuera, junto a la portada del templo, la escena se repetía: centenares de personas aguardaban el momento en el que la imagen saldría a las calles de Ribadesella.
La jornada, una de las citas de mayor arraigo del verano riosellano, reunió a una multitud que desbordó el entorno de la parroquia. La espera se hacía larga para muchos de los presentes, protegidos del sol en los márgenes de las calles o buscando hueco junto a la puerta de la iglesia. "Hay más gente que nunca", resumía una vecina entre el tumulto, mientras la comitiva se preparaba para iniciar su recorrido.
La Banda de Gaites Ribeseya puso la música a la ceremonia religiosa e interpretó el "Asturias, patria querida" antes de situarse al frente de la procesión. La formación, que estrenaba instrumentos de percusión, precedió al cortejo desde la iglesia parroquial hasta el puerto pesquero, marcando con el sonido de gaitas y tambores uno de los momentos más reconocibles de la mañana.

El paso, camino del puerto.
Santa Marina salió a hombros de los costaleros y avanzó despacio por las calles de la localidad. A ambos lados del itinerario, vecinos y visitantes esperaban su paso, móviles en alto, conversaciones entre conocidos y miradas dirigidas hacia la imagen.
"Venimos desde que somos pequeños", explicaba un matrimonio de Ribadesella mientras esperaba, emocionado, el embarque. Como ellos, numerosas familias siguieron el recorrido completo hasta el puerto, donde aguardaba el "Nuevo Mar Azul" con buena parte de sus plazas ocupadas. Desde el muelle, decenas de personas buscaban el mejor lugar para contemplar la llegada de la imagen y conservar una fotografía de una escena que se repite cada año, pero conserva para muchos el valor de una primera vez. Así lo expresaba Clara Martínez, vecina de la localidad: "Es la primera vez que vengo y me está gustando mucho", afirmaba.
Rumbo a mar abierto
El embarque reunió a representantes institucionales y religiosos. A bordo del barco viajaron el párroco, José Ramón Fernández; el alcalde, Paulo García; y el concejal Alejandro Alonso, además de representantes de la Policía Local y de la Guardia Civil. También se sumó un grupo de monjas de la residencia de Ribadesella. Para varias de ellas, la navegación junto a Santa Marina suponía una experiencia desconocida. "Algunas ya habían estado, pero muchas de nosotras es la primera vez que venimos", comentaban antes de que la embarcación saliese del puerto.

El embarque de la imagen.
El patrón Emilio Peñil puso rumbo a mar abierto, seguido por varias embarcaciones deportivas que acompañaron el recorrido marítimo. Desde tierra, la gente continuó pendiente de la salida del pesquero y del paso de las lanchas por la bahía. El protagonismo de la mar, del puerto y de los barcos devolvió a la fiesta su dimensión marinera.
Ya en el mar tuvo lugar la oración por los marineros fallecidos. Después, el párroco y el alcalde arrojaron una corona de laurel al agua, mientras una gaita ambientaba la escena. La ofrenda recordó el vínculo de Ribadesella con los fallecidos que hicieron de la mar su forma de vida.
De nuevo en tierra
El regreso al puerto no rebajó la expectación. La gente continuaba esperando en el muelle para fotografiar la llegada del "Nuevo Mar Azul" y asistir al desembarco de Santa Marina. La imagen retomó entonces el recorrido en sentido inverso hacia Santa María Magdalena.
La procesión concluyó en la iglesia parroquial, donde Santa Marina permanecerá durante los próximos doce meses. Este domingo dejó una iglesia abarrotada, calles tomadas por el público y una salida a la mar compartida por varias generaciones. Una celebración que, entre la devoción, la música y el recuerdo de los marineros fallecidos, volvió a reunir a Ribadesella alrededor de su puerto.
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