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San Antolín alza sus ramos en Naves de Llanes: "Es una forma bonita de terminar el verano"

La jornada congrega a vecinos y veraneantes bajo el pulso festivo de uno de los dos bandos locales

San Antolín vuelve a sacar los ramos en Naves.

María Terente Nicieza

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María Terente Nicieza

Naves de Llanes

Naves de Llanes abrió este miércoles una de las últimas grandes celebraciones del verano en el concejo de Llanes, al ritmo de las panderetas, los cantos al patrón y el desfile de los ramos. Después de un calendario estival copado por las fiestas de julio y agosto, San Antolín volvió a reunir a varias generaciones del pueblo en una mañana de cielo azul, trajes tradicionales y devoción compartida.

Tres ramos, dos de pan y uno de pan dulce, partieron de la plaza de la Bolera en dirección a la iglesia parroquial de San Antolín de Naves y Bedón. Numerosos porruanos y aldeanas escoltaron el traslado mientras entonaban los cantos dedicados al santo. Las cintas de las panderetas ondeaban al paso de la comitiva, que avanzó hacia el templo con la expectación de quienes acuden cada año y de quienes se estrenan en una tradición que Naves conserva como seña de identidad.

Tres ramos

Antes de la salida, María Eugenia Castro ultimaba la decoración de los ramos. En la parte alta del ramu colocaba el geranio rojo y el espárrago, elementos característicos de San Antolín. La preparación no se improvisa y responde a una labor que permanece en manos de las mujeres. "Los ramos los preparan las mozas del pueblo", explicó Castro.

El cuidado de la indumentaria y de cada detalle del ritual tiene, además, una raíz íntima y familiar. "Yo desde que nací, ya me vistieron", recordó la vecina, que resumió el sentido de una costumbre aprendida en casa: "La preparación del ramu es algo que se transmite de generación en generación".

Los bancos de la iglesia se fueron llenando a la llegada de los ramos. El Coro Manín de Llastres esperaba ya para participar en la misa solemne, mientras fuera, en la plaza, crecía el público pendiente de la salida del patrono.

Cotidianidad festiva

Durante la ceremonia religiosa, la espera en la plaza se convirtió también en un pequeño retrato de la vida social del pueblo. Los abalorios color azabache de los trajes de las aldeanas lanzaban destellos bajo el sol, como si cada vestido llevara cosidos pequeños puntos de luz. Las familias buscaban el mejor encuadre para guardar la foto de la jornada; las amigas que se encontraban examinaban y elogiaban sus trajes, y los mayores preguntaban a los jóvenes por la hora de recogida de la noche anterior.

Fotografía de grupo de porrianos y aldeanas de la fiesta de San Antolín de Naves.

Fotografía de grupo de porruanos y aldeanas de la fiesta de San Antolín de Naves. / LNE

Entre las aldeanas aguardaba Ana Fernández, que expresó con una sonrisa la devoción por una fiesta que también marca la identidad de uno de los dos bandos de Naves. La convivencia con el adversario no impide una rivalidad festiva asumida con humor. "A Santa Ana vamos pero sin vestir. Esto es como los equipos de fútbol, y nosotras somos de San Antolín", sentenció.

El Pericote final

Tras la celebración religiosa, el santo salió en procesión por las estrechas calles del pueblo, acompañado de cantos y panderetas. Los vecinos se arrimaban a los muros para abrir paso a la comitiva y contemplar el recorrido, en uno de los momentos más solemnes de la jornada.

La procesión de San Antolín, ayer, en Naves.

La procesión de San Antolín, ayer, en Naves. / M. T. N.

Una vez devuelto San Antolín a la iglesia, la fiesta mudó el tono ceremonial por el folclórico. La plaza de la Bolera acogió los bailes regionales de los grupos de mayores y pequeños del bando. Entre las piezas interpretadas destacó el Pericote, encargado de poner el cierre a las actuaciones, tras las que llegó la Danza Prima.

Toro de fuego

Julia y Mar Rodríguez, integrantes del grupo de mayores, resumieron el espíritu de una mañana que enlaza memoria, vecindad y relevo: "Es una forma bonita de terminar el verano".

Después, en el Castañedu del monasterio de San Antolín de Bedón, hubo comida campestre, romería, suelta del toro de fuego y, de nuevo en el pueblo, a donde se llegó a ritmo de Danza Prima, comenzaba al cierre de esta edición la segunda y última verbena de las fiestas patronales navizas.

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