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Hermógenes Foyo, in memoriam

El adiós a un hombre que dejó constancia de su amor por Ponga y su compromiso con Asturias

Me llegó la noticia por LA NUEVA ESPAÑA: se nos fue Hermógenes Foyo después de una vida que se prolongó hasta los cien años. Conocí a Hermógenes en aquellos tiempos en que comenzaba mi gestión como consejero de Agricultura y Pesca -a finales de mayo de 1982- en aquel Gobierno regional presidido por Rafael Fernández, cuando él prestaba sus servicios como funcionario del Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA). De aquella relación me beneficié de sus conocimientos y de su experiencia en materia forestal, y me sirvió para tomar conciencia de la importancia que podría tener un adecuado aprovechamiento de nuestros montes. Y ello llevó a la consejería de Agricultura a organizar las primeras jornadas sobre montes comunales -y hasta ahora las últimas- durante los días 28 y 29 de abril de 1983, en las que, entre otros especialistas en la materia, participó Hermógenes con una ponencia con un título muy expresivo: “La propiedad comunal y su defensa”.

Comenzaba Hermógenes su intervención con unas palabras que ponían de manifiesto su posición de funcionario público ejemplar: “La importancia de la riqueza forestal asturiana exige de todos, los que en mayor o menor grado estamos relacionados con ella, el máximo esfuerzo y una contribución leal y desinteresada a cualquier iniciativa que tenga por fin el desarrollo de esta riqueza”. Además de propuestas sobre política forestal, Hermógenes nos recordaba en su ponencia la desaparición de masas boscosas de la importancia de Monasterio de Coto, Vega de Hórreo, Combo, Fuente de las Montañas, Valdebueyes, Sarzol y tantas otras, todas ellas de propiedad privada frente a los montes de hayedos y robledales de propiedad colectiva de Reguera de los Prados, Cengadera, Peña del Cuervo, Navariegos, Valgrande, Peloño, Pedroso, Arcenorio, La Faeda, Reres, Pozo Sapero, y tantos otros, distribuidos por toda la cordillera cantábrica.

Conocí el concejo de Ponga en la década de los años setenta cuando practicaba montañismo los fines de semana con mi compañero de Sadei Arturo Martín, que me acompañaba también en 1984 cuando visité el monte de Peloño a instancias y con la compañía de Hermógenes. Fue un día inolvidable, en el que tuve ocasión de conocer a otro gran pongueto, amigo de Hermógenes, que fue durante muchos años alcalde del concejo: José Antonio de Taranes, hombre austero y ejemplar, con una gran afición a la lectura.

En 1985, con el traspaso de las competencias en materia forestal, Hermógenes pasó a desempeñar su trabajo de técnico forestal en la consejería de Agricultura. Pocos años más tarde él se jubilaba y yo me marchaba a desempeñar nuevas tareas de gestión pública a Madrid. Seguimos manteniendo contacto, a través de largas conversaciones telefónicas y correos electrónicos. La última vez que vi a Hermógenes fue en noviembre de 2009 cuando lo visité en su casa de San Juan de Beleño y la conversación que mantuvimos me recordó la frase de Ingmar Bergman de que “envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.

Ahora que los bosques están cubiertos de hojas, ahora cuando el año está en su más bella estación en nuestra tierra se nos ha ido Hermógenes Foyo, un hombre que amaba a su Ponga natal y que, sin estridencias, dejó constancia de su compromiso con Asturias a lo largo de toda una vida dedicada a la función pública. Siempre estarás en el recuerdo de tus amigos.

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