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Fernando Canellada

La Navidad de Belén

Las tinieblas de la pandemia terminan con la vida de un jubilado de Infiesto con un trastorno mental

La estampa navideña que se encontró Belén ha estado lejos del Nacimiento. Su hermano José flotaba boca abajo en aguas del Piloña. Había decidido pasar a la otra orilla un 24 de diciembre.

Belén es natural de Piloña y reside en Siero. Su hermano padecía un trastorno bipolar. Tenía 68 años y había conseguido organizar su vida gracias al Hogar de los pensionistas y jubilados de Nava. Viajes y actividades sociales eran su oxigenación. Agradecía el contacto cara a cara y las actividades colectivas que implicaban cooperación y compromiso. Se iba sosteniendo hasta que llegó la pandemia y el aislamiento, pero José no figura en las estadísticas de los fallecidos por covid-19.

El confinamiento resultó fatal para este enfermo psiquiátrico. Tras meses de encierro, sin viajar, sin socializarse, sin recuperar las rutinas de su vida de jubilado en Infiesto, José se derrumbó por dentro. Experimentó el miedo, el desamparo, la fragilidad, las restricciones, la tensión. Acudió en ocasiones al Hospital de Arriondas con diferentes dolencias. No le encontraron nada. Su tránsito al abismo le hizo ir a Urgencias del centro hospitalario de Parres pero sin ser visto con demasiado detenimiento y a distancia. En la última consulta le despacharon con una lavativa. Se quejaba de la tripa, pero su dolor estaba en el alma.

José decidió acabar con el confinamiento. Uno más de los 4.000 españoles que cada año deciden aplicar su “eutanasia” para terminar con el sufrimiento. Dijo a la familia que cenaba con un amigo de Infiesto, como el año anterior; y al amigo le dijo que se reunía con una hermana. Se iba más lejos. No se olvidó de apagar la luz sal salir de casa en Nochebuena. Y se lanzó al río, en una zona en otro tiempo recreativa, donde confluyen el Piloña y el Espinareu. Su cuerpo no fue arrastrado por la corriente. Estaba semisumergido y amarrado a una cuerda a la orilla. Así lo localizó la familia.

Este tenebroso año 2020 del coronavirus no ha respetado nada ni a nadie. En el corazón del hermano de Belén, las tinieblas eclipsaron la luz de la Navidad.

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