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Luis Miguel Ortiz Cortés y la grosería de Cela

La declaración del escritor como “persona non grata” en Cangas de Onís, en 1982, por una ofensa a la Santina

Luis Miguel Ortiz Cortés, apodado por sus íntimos convecinos como “el Señoritu”, dejó estela en el concejo de Cangas de Onís no sólo por convertirse en el primer alcalde del periodo constitucional, tras la dictadura franquista, sino también por iniciar una serie de proyectos que marcarían el devenir de ese concejo. Gobernó el Consistorio cangués, con mayoría absoluta, bajo las siglas de UCD (1979-1983), aunque sus pinitos políticos se remontaron a finales de la década de los sesenta, cuando se presentó a las elecciones municipales por el tercio sindical y trabajó con los entonces regidores Benito Carriedo Eguibar y Emilio Rodríguez Hormilla.

Quizás el proyecto más ambicioso que puso en marcha vino a ser la distribución de agua en toda la ciudad canguesa, desde La Morra hasta el barrio de Prestín, ya en Parres, y también llegaría al barrio de El Viesgo, en la Carretera Cañu, obras ejecutadas por el contratista local Ferino Castro. Además, impulsó en los principios de los años ochenta una de las grandes obras hidráulicas del concejo, aunque sería ejecutada en el transcurso del mandato de Toño Vega Díaz (AP): la captación de agua en el río Dobra, en el paraje “Los Calderones”, para abastecer la localidad, proyecto que fue muy criticado por las asociaciones ecologistas. Pero no se amilanó.

En su época, Luis Miguel apostó por dotar a Cangas de Onís de un mercado comarcal de ganados, que acabó siendo construido en la zona de “Gallinares”. También abogó por un complejo deportivo –incluía campo de fútbol, pista de ceniza, piscina de 25 metros…– en el área de Contranquil, así como por el frontón, en el área de La Jira. Y eso sin reseñar infinidad de actuaciones en la zona rural, como reparaciones de caminos en Margolles, Triongu, Peruyes,..... o la traída de aguas a Coviella. Sin olvidar las aceras de Cangas, que, en un primer momento, levantaron gran revuelo.

La visita de la Familia Real a Cangas de Onís en septiembre de 1980; en primer término, a la derecha, Luis Miguel Ortiz Cortés. | Archivo familiar Ortiz-Muñiz

La visita de la Familia Real a Cangas de Onís en septiembre de 1980; en primer término, a la derecha, Luis Miguel Ortiz Cortés. | Archivo familiar Ortiz-Muñiz

Pero, aparte de la visita de los Reyes de España (septiembre de 1980) a Cangas de Onís, una de las anécdotas de su intensa labor despachada como alcalde está relacionada con el académico Camilo José Cela. Corría el 30 de diciembre de 1982 cuando en la Casa Consistorial se debatió una moción presentada por Luis Miguel Ortíz Cortés (UCD) a la que asistieron los ediles Ramón Zardón Acebal (UCD), María Rosa Guadalupe Díaz (UCD), José Luis Vega Vega (UCD), Rodrigo Labra Rivera (AP), Jesús Aguado García (PSOE) y Manuel Pantín Castro (PSOE). No acudieron, José Sobrecueva Campillo (UCD), José Remis del Collado (UCD), Maximino González del Corro (UCD), Leandro de la Vega López (PSOE), José Antonio Díaz Caso (AP) y José Antonio Pérez Prieto (AP).

Juan Antonio Vega Díaz, “Toño”, secretario en funciones del Ayuntamiento –posteriormente, fue alcalde entre 1983 y 1988, cuando falleció– leyó la moción del Alcalde, referente a lo publicado en la revista “Los Cuadernos del Norte” (nº15), editada por la Caja de Ahorros de Asturias y dirigida por el escritor Juan Cueto. Bajo el título “El Jardín del Ábaco” en un apartado de notas y anécdotas atribuidas a Camilo José Cela, se recogió: “¿Qué la Virgen de Covadonga es pequeñina y galana? ¡Pues que se joda!”.

La frase del premio Nobel gallego sobre la Santina, patrona de Asturias, provocó que los miembros de la Corporación aprobasen por unanimidad “declarar ‘persona non grata’ para el municipio de Cangas de Onís a don Camilo José Cela, como prueba firme y elocuente a la que tan desafortunada y repugnante expresión le hace merecedor”. Se trasladó el acuerdo al Consejo Regional y a la Junta Autonómica del Principado de Asturias, así como a los ayuntamientos de la provincia.

Aquel acuerdo plenario, que transcendió fronteras y propició ríos de tinta en los medios de comunicación del país e infinidad de tertulias periodísticas, nunca llegó a ser revocado.

Luis Miguel Ortiz Cortés falleció el lunes, a los 91 años de edad, y debido a las actuales circunstancias sanitarias recibió cristiana sepultura en la intimidad familiar. Más adelante, su familia comunicará la celebración del funeral por su eterno descanso. Nos dejó un buen paisano, muy querido en la comarca y con enorme don de gentes.

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