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A vueltas con Los Lagos de Covadonga

Tres lustros después de implantarse el Plan de Transporte seguimos tropezando en la misma piedra

“Entre blancos y negros siempre hubo grises”. Una reflexión de un sindicalista que fue alcalde de Amieva, poniendo el punto intermedio en cualquier negociación, por conflictiva y dura que sea. Viene esto a cuenta de la decisión de anunciar, y horas después dar marcha atrás, el operativo del Plan de Transporte a Los Lagos de Covadonga. Algo, que de no ser suspendido –tal como ocurrió-, hubiese sido una total incongruencia con la comunidad autónoma sumida en el cierre perimetral, igual que el resto de autonomías, y recién salido el concejo de Cangas de Onís de la fase 4+. 

Dicho esto, aplaudiendo la decisión de no arrancar el operativo de buses-lanzaderas de Cangas a Buferrera a causa de la pandemia, lo razonable era que se permitiese el acceso a la C0-4 de vehículos hasta que se completaran las plazas habilitadas en el área de servicio de Buferrera y en el parking ecológico de Vega La Tiese. A lo sumo 300 coches. Creo, llegado el caso, que esa decisión no sería nada traumática para el Gobierno regional, pues, en ningún momento se pide masificación, caos o desmadre en la atípica Semana Santa que se inicia. 

¿Tanto dolor de cabeza cuesta regular en condiciones el acceso a la vertiente canguesa del parque nacional de los Picos de Europa? El Plan de Transporte, que impulsa el Consorcio, puede considerarse efectivo en épocas de máxima afluencia de turistas a la comarca, desde mediados de julio y mediados de septiembre, en la considerada temporada alta. Eso sí, mejorándolo y ofreciendo al visitante de turno algo acorde por el dinero que desembolsa para acceder en bus a un espacio protegido. No todo el monte es orégano. 

Hace años, la polémica eran las interminables colas de vehículos en la carretera a los Lagos de Covadonga, sin olvidar las caravanas de coches que se formaban en la N-625, a la entrada de Cangas de Onís, y así tapar las “vergüenzas” del entonces parque nacional de la Montaña de Covadonga, antes de la ampliación del espacio natural protegido. Aquello ya es historia, sobremanera a raíz de la ejecución de la variante de la urbe canguesa y, por supuesto, de la terminal de autobuses con el macro-parking de El Lleraú, entre otros. 

La decisión salomónica para evitar el “caos” circulatorio rumbo al parque nacional, resultó ser el polémico Plan de Transporte como alternativa a los centenares de coches que buscaban arribar hasta el mismísimo Enol. ¿Buses o cierre de carretera? Lógicamente, la mejor opción pasaba por la regulación del acceso a la carretera C0-4, previa construcción de zonas de aparcamiento disuasorias entre la vieja capital del Reino y El Repelao. Hubo protestas y movilizaciones, pero, finalmente, se acabó implantando el sistema que aun tiene detractores y benefactores. 

Sin embargo, quizás el mayor fiasco fue obviar el asunto de la Finca de Les Llanes, la punta del iceberg del Plan de Transporte, ya que debería ser el auténtico Centro de Visitantes por excelencia, con su gran aparcamiento al pie del santuario. Aquel ambicioso proyecto quedó estancado, como si se lo hubiera tragado la tierra. Más de 15 años han transcurrido y nada nuevo en el horizonte. Les Llanes sigue ahí, no se ha movido -¡válgame Dios!-, mientras los buses-lanzaderas continúan su monopolístico periplo cada vez con más ampliación de calendario rumbo a Enol y La Ercina. 

Entre tanto, mientras se exprime más el limón, que digo al turista, lo que en un primer momento se preveía para los meses de verano –temporada alta- poco a poco ha ido avanzando hasta copar un buen número de jornadas al cabo del año. El negocio es el que es, con cifras mareantes, salvo en este año de la pandemia. Dicho esto, ¿Cuánto repercute al erario público del Ayuntamiento de Cangas de Onís en Plan de Transporte a Los Lagos? Cierto es que genera algunos puestos de trabajo pero la “tarta” se va rumbo a otros lares. 

Insisto en la alternativa del Tren de Cremallera al obsoleto Plan de Transporte a Los Lagos. Y me mantengo en mis trece, aunque puede que nunca se haga realidad. Sería un atractivo turístico de primer orden y evitaría la “peregrinación” de esa treintena de buses-lanzaderas por la C0-4 por mucho que se intente disfrazar de sistema idóneo, además de ecológico y poco contaminante, para el parque nacional, este último sumido en una gestión más que preocupante. Es mi humilde opinión. ¿Regular el acceso? Por supuesto que sí, pero no así.

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