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Versos en la montaña de Covadonga

El homenaje poético a la Santina

El pasado domingo, Día de la Madre, el histórico proyecto Asturias Capital Mundial de la Poesía llevó a cabo un emotivo homenaje a la que es considerada más allá de la fe, la Madre de todos los asturianos, la Santina de Covadonga. Porque como dijo D. Adolfo, el abad del Santuario, “quizá no todos sean creyentes, pero ante una Madre no hay diferencias, no hay ideologías, hay solamente corazones que aman”.

Ante Ella, con un público que guardaba silencio emocionado y la fuerza del Chorrón inundándonos de vida y fe, dos pastores de los Picos de Europa leyeron el poema escrito y regalado para la ocasión por D.ª Teresa Caso y depositaron un centro floral, mientras que sonaba a violín la primera estrofa del “Himno de Covadonga”.

No hubo más. Ni menos.

Podríamos decir que fue este un acto llevado a cabo con la delicadeza del ikabana, ese arte milenario japonés que transciende al arreglo de las flores, invitándonos al recogimiento, la sencillez, el misterio y la nobleza. A la paz. A la Poesía, al fin y al cabo.

Poesía, que al calor del proyecto, regará nuestro Paraíso, con la loable pretensión de ir unido siempre a la sociedad asturiana, a las tradiciones ancestrales de las que somos poseedores, a nuestra Cultura. Por eso fue tan importante el homenaje que tuvo lugar el domingo, porque se creó el lazo de unión con lo más característico de la comarca oriental: la Virgen de Covadonga y los pastores de los Picos, colectivo que trabaja y cultiva, no sólo nuestros montes sino nuestra idiosincrasia. Y esta unión –como todas– seguiremos alimentándola, creando nuevas fechas de celebración; obsequiando a los miradores que disfrutan los turistas pero que son también (y sobre todo) nuestros, de los que cada día pasamos por donde ellos, con poemas que nos roben suspiros, sonrisas y nostalgias. Creando rutas de luz, que nos recuerden que somos esperanza.

Son muchos los fundadores que de forma altruista desde sus círculos llevan a cabo pequeños actos de empoderamiento de nuestro saber hacer; generan belleza que generosamente depositan en nuestros pueblos, barrios y ciudades. Y es esto, precisamente, lo que hace grande a este Asturias Capital Mundial de la Poesía: estar consiguiendo que una sociedad se guíe por la esperanza de convertir lo cercano, lo cotidiano, en lo digno de admiración.

Hacernos sentir orgullosos, como lo están los propietarios de centenares de negocios en toda Asturias, mostrando en sus escaparates el apoyo a este proyecto; porque una vez más, su fundador, Graciano García, lo ha conseguido –como dijo el periodista, D. Juan de Lillo, su biógrafo–. Nada fue un sueño.

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