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Antonio Trevín

Es su naturaleza

El pasado viernes me telefoneó un buen amigo: “Antonio, estoy alucinado. Leí el artículo que antes de ayer te dedicó el actual alcalde de Llanes y sigo atónito. Por más que tú y yo hayamos enfrentado maledicencia, iniquidad y vileza, nunca las había visto concentradas en tal cantidad y destilando tanta inquina”. Lo tranquilicé primero y traté de explicárselo después, describiéndole dos momentos del autor del artículo.

El primero en Pría. En abril de 2019. La parroquia celebraba su fiesta. Entró el regidor en el bar ubicado en las viejas escuelas y uno de los presentes le dijo: “¡Qué poca vergüenza tienes!. ¡Estar aquí un día como este, después de todo lo que has estando hablando!” Insultar al vecino y ciscarse en su madre fue su reacción inmediata. No se quedó callado el interpelante y, tras un intercambio de insultos, la intervención de otros parroquianos evitó convertir el recinto en un ring.

El segundo, un mes después, en el municipal despacho de prensa . Un periodista local, con molestos problemas nocturnos en su barrio, El Cueto, le solicitaba entrevistas que no concedía. Por casualidad coincidieron en dicho despacho y le insistió en su demanda. El alcalde se alteró y raudo exhibió su rico catálogo de insultos. El ciudadano vituperado respondió con otros improperios. Entonces, el regidor se le echa encima, le tapa la puerta de salida, le aprieta el hombro con saña y cínicamente exclama: “No me empujes, no me empujes”. Su contrincante tiene la sensación que Riestra busca que él responda con otra agresión, pero aplica frialdad a sus emociones, consigue hacerse un hueco y sale de dicha dependencia.

“Y no creas que son sus únicos rifirrafes -dije a mi viejo amigo-. Lo que escribió es otra forma de su habitual carácter bronquista. Como en la fábula del escorpión y la rana, no lo puede evitar, es su naturaleza”.

También le conté sus problemas políticos. La coalición antinatura que le sustenta encoge. De diez concejales, en la legislatura anterior, a nueve en esta. De cuatro partidos a dos, más tres tránsfugas. Y todo para una vergonzosa gestión. Un servicio tan básico como el agua corriente empieza a brillar por su ausencia en Posada, Celorio o Bricia. Y otros pueblos como La Borbolla temen quedar sin él. Su Ayuntamiento concedió licencia para dos urbanizaciones sin solicitar previamente el obligado informe a su junta de aguas. Ahora, los promotores, al no poder construir, podrían demandar al consistorio.

Escandalicé definitivamente a mi fraternal compañero al contarle que sustenta su alcaldía en un documento convenientemente oculto en la notaría de Posada.

“¿Como se puede esconder a los ciudadanos de Llanes algo de tanta importancia institucional? ¿No hay leyes de transparencia que obligan a hacerlo público? Y, además, ¿son temas económicos inconfesables lo que están encubriendo? ¿U otros aún más inmorales o bochornosos?”, me respondió.

Le contesté que no lo sabía, pero que haría cuántos esfuerzos fueran posibles para que los llaniscos salieran de dudas.

Acabamos en el famoso programa de la Sexta, en el que extendió la sensación de que, el de Ardines, había sido un crimen político. Dislate por el que aún no se disculpó. Y lo que es más grave, sin pedir que se disculpe el programa, que él protagonizó, por aquel “se dice que en Llanes hay buen paisaje y mal paisanaje”.

Sigue sin hacerlo. Aplicándose el principio de un viejo estudioso cubano cuando le preguntaban por su salud: “Aquí, durando”.

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