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El gran legado de Camila Beceña González en Cangas de Onís

En estas fechas muchos cangueses piensan en los mayores residentes en el hogar-residencia Beceña-González

Puedo asegurar que las nuevas generaciones de cangueses y canguesas, desconocen a todas luces de la obra social y generosa despachada por doña Camila Beceña González (1884-1981), legando todo su patrimonio, tras su fallecimiento, a la Fundación Hogar Beceña-González, institución que ella mismo había creado, junto a su esposo Ramón González de Soto, a mediados de la década de los 50 de la anterior centuria. Por el contrario, padres y abuelos de muchos de esos jóvenes de Cangas de Onís seguro que recuerdan el inmenso lado humano de susodicha benefactora.

El sueño de doña Camila era cubrir las necesidades de las personas más vulnerables con la edificación de un hogar-residencia, proyecto que inició su andadura allá por el año 1945 en lo que antaño era el Palaciu de la Prida, cuya titularidad ostentaba el matrimonio Beceña-González. La idea se hizo realidad y se iría consolidando. Después de varias etapas, tras un importe inversión en aquella modesta edificación, pasó a convertirse en el hogar-residencia que hoy en día conocemos, santo y seña de los geriátricos del Oriente: un geriátrico que cuenta con más de un centenar de plazas, algunas de ellas concertadas.

Más de cuatro décadas transcurridas desde el fallecimiento de doña Camila, allá donde se encuentre estará más que orgullosa de ver cumplido con creces aquel sueño en pro de su ciudad natal, Cangas de Onís. Dicho esto, me gustaría refrescar la memoria de los jóvenes “botijos” con algún apunte sobre doña Camila Beceña. Reseñar que costeó, junto a su marido, la construcción del antaño Instituto Femenino, que estaba adscrito al actual Instituto de Educación Secundaria Rey Pelayo. También sufragó la edificación del denominado antiguo Internado Femenino, inmueble que alberga desde hace unos años las oficinas del INEM, Servicios Tributarios, Hogar del Pensionista, dependencias de la Policía Local, oficinas de Incatur y del Consejo Regulador del Gamonéu, etcétera. 

Por si fuera escaso bagaje, cabe resaltar becas de estudio en el Seminario de Oviedo, allá por el año 1940, a las que tenían preferencia alumnos de Cangas y alrededores, en memoria de su hermano Francisco Beceña González (1889-1936), quien fuera Catedrático de Derecho Procesal en la Universidad de Oviedo, asesinado en el transcurso de la Guerra Civil y cuyo cadáver nunca consiguió recuperar. Otras becas para alumnos del Instituto Rey Pelayo con vistas a cursar estudios superiores. En fin, apoyo desinteresado en pro de jóvenes estudiantes cangueses carentes de recursos económicos y algunos de ellos seguro –al menos sus familias– agradecen haber aprovechado aquellas ayudas para sufragar sus respectivas formaciones educativas.

Ojalá, más pronto que tarde, alumnos y alumnas de los centros docentes de Cangas de Onís sepan con creces quien fue esa gran persona, siempre pensando en los más desfavorecidos y con nulos medios económicos. La historia del hogar-residencia, para otros “el asilo” –nunca me gustó utilizar esa palabra–, es la que es, guste o no. Por todo ello, en estos tiempos de incertidumbre ante el devenir de la Fundación Beceña-González quiero hacer patente la defensa a ultranza el legado de doña Camila. Es un aviso a navegantes y la inmensa mayoría de los cangueses y canguesas no están por la labor de que se eche a pique aquella idea de la benefactora canguesa. 

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